Así fue la tormenta perfecta que asoló Asturias hace 35 años

El paso del ciclón Hortensia por Asturias en 1984 se saldó con tres muertos y un rosario de daños materiales

Árboles arrancados de cuajo
Árboles arrancados de cuajo

Han pasado 35 años, pero la memoria colectiva de miles de asturianos aún recuerda el paso desolador del ciclón Hortensia, que dejó tras de sí un reguero de muerte y destrucción. Fueron apenas unas horas, las suficientes para causar tres vítimas mortales, un rosario de heridos y daños materiales. Los vientos superaron los 150 kilómetros por hora en un temporal que fue telegrafiado paso a paso: las emisoras de radio transmitieron ininterrumpidamente mensajes del servicio de Protección Civil instando a no viajar, a recoger las macetas y a cerrar las ventanas.

Aquel 4 de octubre de 1984 amaneció a golpe de viento. Durante la noche anterior, extremadamente lluviosa, Protección Civil ya había avisado de sus peligros y los asturianos se fueron a la cama temiéndose lo peor. Se hablaba de «alarma de vientos huracanados» y se recomendaba no usar el teléfono, mantenerse en el interior de las viviendas, y en caso de viajar en coche, «refugiarse en cualquier depresión del terreno». Así fue. Los vientos más fuertes alcanzaron la zona central de Asturias a mediodía, tras atravesar el occidente. Hortensia llegaba con vientos de más de 150 kilómetros por hora, en un panorama de caídas de árboles, cortes de luz en interrupciones de tráfico en las carreteras, en el aeropuerto y con la flota pesquera amarrada, con olas de más de ocho metros.

El peor escenario se hizo realidad. Tres personas perdieron la vida. Uno de los fallecidos era Fernando Dago, de 46 años, que resultó electrocutado al caerle un tendido eléctrico derribado por un árbol en Isongo, en Cangas de Onís. A mediodía falleció Manuela Menéndez, de 75 años, en Celón, un pueblo de Allande, tras ser aplastada por un árbol también derribado por el huracán. Y un incendio indirectamente causado por Hortensia fue la causa de la muerte del anciano Arturo Rodríguez, de 83 años. Hubo heridos en Mieres, En Aller, en Morcín y Figueras. Una niña de 14 años, Arancha Civantos, resultó herida en la cabeza por una rama, una situación que se repitió en Avilés, con varios heridos con traumatismos cerebrales y torácicos tras ser derribados por árboles. La torre del aeropuerto, cerrado al tráfico, fue desalojada por el temor a que los cristales saltasen por los aires.

Los árboles se convirtieron en armas arrojadizas. Numerosos ejemplares fueron arrancados de cuajo en parques de las principales ciudades y Protección Civil aconsejó en viva voz que las macetas fuesen retiradas de las ventanas ante el riesgo de que pudiesen herir a los viandantes. Fue, pese a todo, un triunfo de la información de emergencia, que ayudó a que los males sufridos no fueran aún mayores. En Galicia, por poner un ejemplo, los días previos se pidió a la población que no saliera de sus casas, y se suspendieron las clases y el transporte. Incluso se hablaba de no tener encendida la televisión o los electrodomésticos. Algunos iban más allá, haciendo aprovisionamiento de comida por si la cosa se alargaba.

En total, en España fallecieron seis personas y hubo 50 heridos. El paso del Hortensia dejó, además, pérdidas millonarias con familias que perdieron sus casas y cosechas arrasadas en Galicia, con barcos y negocios destruidos y la infraestructura eléctrica de Galicia seriamente dañada. Muchos lugares permanecieron durante días sin luz, las Administraciones tardaron meses en reparar los daños en las carreteras y en las comunicaciones, y fue necesario extremar las precauciones en el suministro de agua potable.

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