El retraso en las ayudas al alquiler les lleva al límite: tres historias en el umbral de la pobreza

Susana D. Machargo REDACCIÓN

ASTURIAS

Pobreza energética
Pobreza energética

Pensionistas y familias monoparentales hacen malabarismos para llegar a final de mes mientras esperan una subvención vital para su día a día. Ninguno encenderá la calefacción este invierno

07 oct 2019 . Actualizado a las 08:28 h.

Solo Alfonso Alonso acepta enviar foto para ilustrar este reportaje, compuesto por tres testimonios. Las otras dos mujeres no ponen ningún reparo a contar su caso, a abrir las puertas de sus hogares, con nombres y apellidos. Pero no quieren foto. No sienten ninguna vergüenza. No hay razones para ello. Tampoco hay nada raro que ocultar. Es una razón mucho más humana. Ambas tienen hijos que saben las penurias que están atravesando y no les gustaría que nadie les ridiculice en el colegio. «Sabe que estamos en el umbral de la pobreza pero no tiene que preocuparse más de lo necesario», argumenta una de ellas. Casi 4.500 asturianos están atrapados por el retraso en el pago de las ayudas al alquiler del Principado. Son familias en las que cada céntimo cuenta, que son incapaces de explicarse cómo pueden llegar a final de mes con su presupuesto y que ya adelantan que pasarán el próximo invierno, «a manta». La calefacción es un lujo que no se pueden permitir.

Las familias afectadas se están organizando en una plataforma para poder hacer algo de presión. No tienen demasiados recursos y Facebook les ha dado la oportunidad de poner en común experiencias. Incluso han contactado con Podemos, que ha denunciado su caso públicamente. Alfonso Alonso colgó un post en un grupo vinculado al Salario Social para compartir su preocupación porque no había percibido la ayuda al alquiler. La respuesta le desbordó. No era un caso aislado. Todo el mundo se mantenía a la expectativa pero nadie sabía a quién recurrir. La mayoría atraviesa una solución límite que solo el desbloqueo del pago podría resolver. 

Ni carne ni verduras ni calefacción

Alfonso Alonso, a sus 62 años, cobra la pensión mínima 633 euros. Con ese dinero tiene que subsistir este pensionista, antiguo trabajador de la hostelería, al que le reconocieron invalidez total permanente después de sufrir un ictus cuando llevaba cotizados 37 años. Entonces, este ovetense vivía en Galicia. Aguardó a concluir todos los trámites, a que el reconocimiento fuera oficial, para regresar a Asturias, donde vive su madre y una de sus hijas, una madre soltera de 26 años que también es beneficiaria de las ayudas al alquiler. Así que ninguno tiene ni ingresos suficientes para mantenerse sin subvenciones ni una red familiar que les pueda sostener. «Estuve buscando algo asequible para volver pero no encontraba nada», admite. Así que si primero tenía el foco fijado sobre Oviedo, después lo amplió a toda la zona centro. Vive en una casa antigua en Lieres, por la que paga 300 euros. Le quedan otros 333 euros para todo lo demás. «El médico me dice a veces que me sube el azúcar, porque tengo diabetes Yo le cuento que no me extraña, que mi compra básica es patatas, arroz y pasta. Siempre me contesta que es una burrada. Pero con qué voy a comprar yo carne o verduras», lamenta.