El retraso en las ayudas al alquiler les lleva al límite: tres historias en el umbral de la pobreza

Pensionistas y familias monoparentales hacen malabarismos para llegar a final de mes mientras esperan una subvención vital para su día a día. Ninguno encenderá la calefacción este invierno

Pobreza energética
Pobreza energética

Redacción

Solo Alfonso Alonso acepta enviar foto para ilustrar este reportaje, compuesto por tres testimonios. Las otras dos mujeres no ponen ningún reparo a contar su caso, a abrir las puertas de sus hogares, con nombres y apellidos. Pero no quieren foto. No sienten ninguna vergüenza. No hay razones para ello. Tampoco hay nada raro que ocultar. Es una razón mucho más humana. Ambas tienen hijos que saben las penurias que están atravesando y no les gustaría que nadie les ridiculice en el colegio. «Sabe que estamos en el umbral de la pobreza pero no tiene que preocuparse más de lo necesario», argumenta una de ellas. Casi 4.500 asturianos están atrapados por el retraso en el pago de las ayudas al alquiler del Principado. Son familias en las que cada céntimo cuenta, que son incapaces de explicarse cómo pueden llegar a final de mes con su presupuesto y que ya adelantan que pasarán el próximo invierno, «a manta». La calefacción es un lujo que no se pueden permitir.

Las familias afectadas se están organizando en una plataforma para poder hacer algo de presión. No tienen demasiados recursos y Facebook les ha dado la oportunidad de poner en común experiencias. Incluso han contactado con Podemos, que ha denunciado su caso públicamente. Alfonso Alonso colgó un post en un grupo vinculado al Salario Social para compartir su preocupación porque no había percibido la ayuda al alquiler. La respuesta le desbordó. No era un caso aislado. Todo el mundo se mantenía a la expectativa pero nadie sabía a quién recurrir. La mayoría atraviesa una solución límite que solo el desbloqueo del pago podría resolver. 

Ni carne ni verduras ni calefacción

Alfonso Alonso, a sus 62 años, cobra la pensión mínima 633 euros. Con ese dinero tiene que subsistir este pensionista, antiguo trabajador de la hostelería, al que le reconocieron invalidez total permanente después de sufrir un ictus cuando llevaba cotizados 37 años. Entonces, este ovetense vivía en Galicia. Aguardó a concluir todos los trámites, a que el reconocimiento fuera oficial, para regresar a Asturias, donde vive su madre y una de sus hijas, una madre soltera de 26 años que también es beneficiaria de las ayudas al alquiler. Así que ninguno tiene ni ingresos suficientes para mantenerse sin subvenciones ni una red familiar que les pueda sostener. «Estuve buscando algo asequible para volver pero no encontraba nada», admite. Así que si primero tenía el foco fijado sobre Oviedo, después lo amplió a toda la zona centro. Vive en una casa antigua en Lieres, por la que paga 300 euros. Le quedan otros 333 euros para todo lo demás. «El médico me dice a veces que me sube el azúcar, porque tengo diabetes Yo le cuento que no me extraña, que mi compra básica es patatas, arroz y pasta. Siempre me contesta que es una burrada. Pero con qué voy a comprar yo carne o verduras», lamenta.

Tampoco se plantea poner la calefacción. Esa casa antigua de Lieres tiene radiadores eléctricos. Así que ni con las mayores heladas piensa Alfonso Alonso encenderlos. Paga una factura media de 50 euros cada dos meses. No se puede permitir ni un céntimo más. «¿Que cómo voy a pasar este invierno? Como el pasado, a manta», responde. También tiene que pagar el agua, el teléfono,... Ha dado una orden al banco. El día 25, cuando cobra, se realiza una transferencia automática a su casero. Con ese dinero no se juega. Con el resto va jugando como poco. Reconoce que algunos meses tiene que llamar a la oficina bancaria en la que trabaja para que le echen una mano. Avisa de que va a dejar un descubierto con la esperanza de que no le lleguen los intereses. Y así va tirando.

Con este panorama los 600 euros que le debe el Principado de las ayudas al alquiler son una pequeña fortuna. Presentó la documentación necesaria en tiempo y forma, antes del 31 de mayo. Así que esperaba cobrar en cuestión de semanas, pero pasó el tiempo y nada. Llamaba y nadie sabía explicarle nada. En realidad, ese dinero corresponde al primer semestre del año, ya que la Administración asturiana modificó recientemente las bases y repartió el pago en dos cantidades semestrales. Hasta ahora era un pago único. Ese cambio parece haber sido un caos. La subvención se concede por un periodo de tres años pero dos veces al año hay que presentar las facturas. El sistema podría ser eficaz. No lo está siendo. «Como no paguen esta no sacan la siguiente. Ya lo estamos temiendo», explica Alonso.

«¿Me estaré volviendo loca?»

«El problema está en que con ese dinero tú ya haces tu composición de gastos. Sabes cuándo vas a cobrar y te ajustas. Pero si no llega, cómo lo cuadramos todo. Cómo me organizo. Me estoy voliendo loca. Este mes, por ejemplo, tuve problemas para poder pagar el alquiler. El resto lo llevo todo al día». Así se lamenta Mónica Cuesta, una madre soltera de Gijón, con un hijo de 17 años, que trabaja de manera intermitente en todo lo que le va saliendo. Friega platos desde seis euros la hora, reclama ayuda a la familia... Hace lo que puede para salir adelante. 

En su caso, el alquiler de un piso antiguo en Cimadevilla son 420 euros, a los que tiene que sumar el agua, la luz, la comunidad y el teléfono,... Hay meses que cobra la ayuda de 430 euros y punto. La subvención le cubre un 40% de la renta y, como a Alfonso, le deben los últimos seis meses. En total, 900 euros vitales.«Veía que no me ingresaban el dinero y me extrañaba. Luego pensaba: "seré yo que estoy muy agobiada".  Pero como nos dijeron que las bases habían cambiado y lo íbamos a cobrar en dos veces, ajustas. Entonces entré en Facebook y vi el post de Alfonso. No era sólo yo. Hay mucha gente que lo está pasando muy mal. Nos tienen de los nervios», explica.

Llega el invierno y tampoco piensa en encender la calefacción de su piso, que también es eléctrica. Tiembla solo de pensar que le pueden llegar facturas de hasta 200 euros, la mitad de su alquiler. ¿Y el bono social eléctrico? Ese bono que el Gobierno vendió como la agran ayuda contra la pobreza energética y cuya última modificación sembró una gran polémica. «Lo pido. Pero ese bono no te cubre nada. Son como 80 euros al año que no te valen para nada», lamenta Mónica Cuesta, que se esfuerza por su futuro y por el del hijo adolescente que está criando.

A Rosaura Martín, madre soltera de 47 años, con un hijo de 11 años, que vive de alquiler en Oviedo, le cuesta conciliar el sueño. Está pensionada y cobra 736 euros. El alquiler de su piso, una VPA gestionada por una empresa privada, que es la responsable de la construcción del bloque, asciende a 360 euros mensuales, después de sufrir varias subidas consecutivas en los últimos años que han hecho su situación insostenible. Además, la convivencia en ese inmueble no pasa por su mejor momento y está planteándose cambiar. La pregunta es «con qué dinero». Tiene que dar un preaviso de dos meses, encontrar otra vivienda asequible, que no le exijan fianza,...

Le cuesta conciliar el sueño no por todos estos problemas, ya de por sí graves. Su principal dolor de cabeza es que se le pasó el plazo para presentar las facturas para recibir las ayudas al alquiler. Tiene la solicitud aceptada por un plazo de tres años, tal y como marcan ahora las bases. Pero no se enteró de que la fecha límite para entregar la documentación era el pasado 31 de mayo. Asegura que llamó con regularidad a Vipasa para informarse pero que nadie le sabía contestar y que le decían que volviera a intentarlo en unas semanas. No fue hasta que se constituyó el grupo de afectados por los impagos en Facebook cuando supo que estaba en un atolladero. Sobre la marcha, recogió todos los papeles y se presentó en la Administración. Lo entregó todo fuera de plazo. Pero lo entregó. Asegura que mientras esperaba su turno supo de más gente en su misma situación. «Somos muchos. Como cambiaron las bases, no nos enteramos bien de qué teníamos que hacer. Son siempre tantos papeles y plazos» se queja Rosarua Martín del exceso de burocracia. 

Hace auténticos cambalaches para llegar a final de mes. Juega con la tarjeta de crédito. Siempre gasta un poco más. El problema es que el día 1 empieza con menos de esos 736 euros que percibe de pensión. También están las becas para el comedor escolar y para la compra de libros de su hijo o la ayuda por ser familia monoparental, 236 euros al año. «Como me salga un imprevisto, tengo que recurrir a mi madre o a mis hermanos», reconoce. Y esto es un imprevisto. Contaba con la subvención y ahora cruza los dedos para que todo se resuelva. «Si fuera yo sola, no tendría esperanzas. Pero somos tantos ...», explica.  

Estos tres testimonios son solo una pequeña muestra de la situación de emergencia en la que viven las familias que esperan con angustia el pago de las ayudas al alquiler. Ni siquiera se trata de mantener caliente su vivienda. Se trata de poder pagarla. «A mí 20 euros extra me cuesta mucho cuadrarlos», reconoce Rosaura Martín.

  

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