Telecable saca de la cama a una enferma para entregar un router

La compañía obliga a una mujer convaleciente de 75 años a devolver un aparato en persona negándose a que pueda hacerlo su marido

Una de las tiendas de Telecable en Oviedo.
Una de las tiendas de Telecable en Oviedo.

Una broma recurrente es la que sólo hay algo más complejo que declararse apóstata y dejar de aparecer en los registros de bautizados de la Iglesia Católica y es darse de baja de un servicio de telefonía en España. Más allá del chiste lo cierto es que las compañías de telecomunicaciones son, junto a las eléctricas, las que acumulan la mayoría de quejas de los clientes; a veces por casos como el ocurrido este lunes en Gijón cuando Telecable se negó a aceptar la entrega de un router por parte de un matrimonio sino era la titular de la línea quien lo hacía en persona y el problema es que ella estaba convaleciente, recién llegada de un ingreso hospitalario y con una prescripción de medicamentos, pero tuvo que salir de la cama para entregar en mano el aparato después de que la operadora se negara a cualquier alternativa.

La odisea comenzó la semana pasada cuando los dos vecinos de Gijón, él de 72 años y ella de 75, decidieron aceptar una oferta de Telecable para cambiar el operador que ya tenía en casa. Tras aceptar la oferta la compañía se apuró en hacer la instalación pero, en un periodo muy breve, el matrimonio recibió un contraoferta más ventajosa y tras valorarla decidieron quedarse con la anterior. Así que, contemplando que en el contrato se recoge un plazo para desistir y que estaban a tiempo comunicaron a Telecable que ya no les interesaba el servicio y que querían entregar el router que les habían instalado el caso. El problema es que entonces empezaron a surgir los contratiempos, con la negativa abosluta de la empresa a que ninguna persona salvo la titular la de la línea pudiera hacer efectiva la entrega del aparato. Y es que ella estaba convaleciente en casa recién salida de un ingreso hospitalario.

La situación «kafkiana» fue narrada por el exconcejal socialista en Gijón, José María Pérez, a través de un hilo publicado en su cuenta de Twitter.

El mismo día en que se estaba haciendo la instalación del router, el pasado jueves, la titular acudió a una consulta médica y su doctora decidió enviarla «sobre la marcha» a urgencias. «La dejaron ingresada, la metieron en un box con mascarilla, y se quedó en el hospital hasta el día siguente», relató Pérez. De vuelta a casa, con un fuerte prescripción de medicamentos y en cama, fue el marido el que se acercó hasta las oficinas de Telecable en la plaza de la Fábrica del Gas pero todo fue inútil. Los servicios de atención al cliente se negaron a que él pudiera entregar el aparato, se negaron a que pudiera apelar a un supervisor o un encargado. Trataron de hacer la entrega con un documento, con una copia adjunta de su DNI, en el que la mujer daba poderes a su marido para hacerlo. Pero también resultó imposible.

La mujer, de 75 años, en uno de los días más fríos del mes de octubre en Gijón, salió de la cama y tuvo que dar por su propia mano el router de Telecable. «Salió porque ya estaban hartos», señaló José María Pérez, quien explicó que el matrimonio le contó la historia como «un abuso, y me decían que fue así porque nos ven mayores y creen que nos vamos a amedrantar».

M.O.L, la mujer que tuvo que entregar el aparato señaló que todavía está enfadada e insistió «es un abuso porque nos vieron mayores y creyeron que no íbamos a seguir adelante. Seguro que con gente más joven y más preparada no se atrevían a hacer esto». En todo caso, resaltó que «si esto vale para otras personas, mereció la pena»

Por su parte, su marido, J.P.R. destacó que «no podía entender nada, sentí una enorme impotencia porque no atendían a ninguna razón y parecía no importarles en absoluto que su estuviera enferma».

Lo cierto es, de momento, no se han planteado presentar una queja al servicio de consumidores. Porque «no hay cultura» de presentar estas reclamaciones y también porque emprender estas acusaciones supone un mayor brete para ellos que para la compañía, un añadido de incomodidades para una situación que, en los tiempos en que todo se presume de que puede resolverse online, tendría que haberse zanjado de manera más sencilla.  

Pérez destacó que también le resultó llamativo que el documento final que se les hizo firmar se fijar el contrato de una baja «cuando ni siquiera habñia habido un alta porque no había comenzado el servicio» y que «la fecha de efecto, según se advertía al final, no era la de la firma sino que se hacía con dos días de posteridad». El exconcejal explicó que algo menos que un día después de que denunciara en público el suceso, la compañía contestó a la queja pero sin disculpas y tampoco manifestando su intención de cambiar el protocolo de actuación. Sólo un «Respondiendo a su solicitud, le confirmamos que la baja por desistimiento y la entrega de equipos en tienda está gestionada con fecha 14/10/2019. Atentamente, Atención al Cliente».

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