Una salida asturiana para el laberinto de la investidura española

El modelo de elección de presidente en el Principado impide que se pueda votar contra la candidatura lo que facilita el arranque de la legislatura


Después de la repetición electoral y un nuevo reparto de escaños que no ha facilitado, e incluso quizá ha complicado, la puesta en marcha de la legislatura en el Congreso, diversas voces han alertado de que se cronifique el bloqueo político y el peligro que supondría para las instituciones que llegaran a celebrarse unas terceras elecciones. No se trata sólo de una cuestión de debate político, a un Ejecutivo en funciones desde hace varios meses se ha sumado una prórroga presupuestaria añadida por lo que muchas acciones del gobierno (algunas urgentes para Asturias como la aprobación del estatuto de la industria electrointensiva) no pueden aprobarse ni ponerse en marcha.

En este escenario se ha señalado que hay, al menos, dos modelo autonómicos en los que el bloqueo de la investidura es casi imposible, el del País Vasco y el asturiano en los que no se puede votar contra un candidato, sólo apoyarle o abstenerse. Además en ambos territorios, a diferencia de en el Congreso de los Diputados, pueden presentarse varias candidatos a una misma votación de investidura. ¿Es el modelo asturiano la solución para el laberinto español? Sería necesario hacer una reforma de calado para propugnar el cambio. En el estado, el candidato a presidente lo es a propuesta del Rey, tras las emntrevistas del monarca con los representantes de los partidos, y el elegido debe obtener o 176 votos (la mayoría absoluta de la cámara) afirmativos, o suficientes apoyos y abstenciones como para superar los votos negativos, los sufragios en contra de su candidatura.

Según destaca el Estatuto de Autonomía de Asturias, la investidura consta como máximo de tres sesiones. Una primera en la que el candidato o los candidatos exponen sus programas de gobierno y una segunda en la que tras un debate parlamentario en el que participan todos los partidos se procede a la votación. Los diputados pueden responder con el nombre de unos de los candidatos o se pueden abstener, sin la posibilidad de votar en contra.

En primera votación resulta elegida la candidatura que obtenga la mayoría absoluta, que en la Junta General está fijada en 23 de los 45 diputados. Si ninguno de los diputados logra la mayoría, serían candidatos a una segunda votación los dos con mayor respaldo y elegido el que consiguiese el mayor número de votos. En caso de empate, el presidente de la Cámara convocaría una nueva votación. Si persistiesen las tablas, el reglamento de la Junta indica que transcurrido el plazo de dos meses a partir de la constitución del parlamento, quedaría disuelto y el presidente en funciones tendría que convocar nuevas elecciones.

A la investidura asturiana pueden presentarse todos los candidatos que los deseen y cuentan con posibilidades de lograr la presidencia si consiguen sumar un apoyo suficiente de otros grupos parlamentarios. El bloqueo es muy complicado, aunque puede darse con una carambola.

Pudo llegar a forzarse unas nuevas elecciones en el caso de Asturias durante el segundo mandato de Javier Fernández, cuando el socialista logró una victoria precaria, de 14 escaños, la que intentó ir en solitario a la investidura. En aquella ocasión, el PP propuso a Mercedes Fernández con 11 escaños a los que se sumaron los 3 de Foro Asturias. Empate a 14. Tras una negoación, los socialistas lograron el respaldo de los cinco diputados de IU, con lo que sumaban 19 (y de hecho esa mayoría fue suficiente). Pero durante algunos días, los nueve diputados de Podemos (que habían reclamado a IU que respaldaran a su grupo para sumar también 14) amenazaron con repartir sus votos entre la candidatura del PSOE y la del PP para forzar un nuevo empate y, en última instancia, que se repitieran los comicios. Aunque finalmente no fue así. 

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