«Sin Área Metropolitana Central, a Asturias el porvenir se le complicaría muchísimo»

Alfonso Torre, decano del Colegio Oficial de Arquitectos de Asturias, repasa los retos, objetivos y oportunidades de la profesión y, asimismo, de la región

Alfonso Torre en la sede de Gijón del Colegio Oficial de Arquitectos de Asturias
Alfonso Torre en la sede de Gijón del Colegio Oficial de Arquitectos de Asturias

Asturias

Alfonso Torre (Mieres, 1971) nos recibe en la sede del Colegio Oficial de Arquitectos de Asturias en Gijón y lo hace interrumpiendo una intensa mañana de trabajo. Reconoce que así son todos los días desde mayo, cuando sucedió a Sonia Puente Landázuri como decano de la institución. Considera que algunos de sus objetivos principales pasan por «defender la arquitectura» y «trasladar a la sociedad» su importancia. Firme defensor de los concursos de ideas en la adjudicación de proyectos y en la confianza en los jóvenes profesionales, considera que el del arquitecto es un perfil mucho más multidisciplinar de lo que la sociedad supone.

- ¿Qué tal están resultando estos primeros meses en el cargo?

- Bien. Son muy intensos y la labor del decano también lo es, porque el Colegio de arquitectos tiene mucha actividad. Es una tarea interesante y reconfortante porque puedes hacer cosas por los compañeros, por la profesión y por la arquitectura, en definitiva.

-¿Cuáles son sus principales objetivos como decano?

- El objetivo general que debe tener la institución, sea quien sea el decano, es defender la arquitectura, a los arquitectos y la profesión. Pero no solamente desde un punto de vista corporativo, sino también en el sentido de trasladar a la sociedad la importancia de la arquitectura. Nosotros estamos siempre con la idea en la cabeza de que la sociedad tiene que saber qué es lo que hacemos realmente los arquitectos, para qué servimos y tomar conciencia de la labor que a nivel social tenemos. No somos un técnico más sino que desarrollamos un trabajo con implicaciones sociales. Todos vivimos en una casa y trabajamos en edificios que hacen los arquitectos; vamos a hoteles que hacen los arquitectos, … Pero es que además esa labor, que está imbricada en el día a día de la sociedad, queremos que se conozca bien.

-En ese sentido, ¿sabemos realmente los ciudadanos todo lo que hace un arquitecto?

- Nos queda mucha labor didáctica. La gente tiene claro que un arquitecto hace edificios, pero su labor no se queda ahí. Nosotros hacemos algo tan importante como el planeamiento urbanístico de las ciudades y por nuestras capacidades podemos hacer otras muchas tareas. Ahora que hemos pasado una crisis edificatoria, estamos viendo esas otras salidas profesionales y muchos compañeros están teniendo éxito en esos campos. Por ejemplo, podemos planificar escenografías teatrales; arquitecturas efímeras para exposiciones, ferias o algo similar; diseñar videojuegos, … tenemos que dar a conocer todo eso. Por ejemplo, ahora iniciamos un programa de formación en el Colegio de Arquitectos que lo hemos llamado El arquitecto de la casa.

-¿En qué consiste esta figura?

- De la misma forma que un edificio tiene un administrador de fincas que controla las cuentas, los pagos, gastos e ingresos, entendemos que un arquitecto debería vigilar ese edificio para ver qué necesidades tiene a lo largo de su vida útil y poder hacer las reparaciones que precisase. O también que si ese edificio pudiera mejorar su eficiencia energética con alguna actuación, el profesional lo pudiera sugerir a la comunidad, para que ésta priorizara el gasto. Es decir, para que una comunidad, por ejemplo, no gaste dinero en pintar una fachada cuando lo perentorio sería mejorar su aislamiento térmico o introducir en el edificio algún sistema de energía alternativo. Queremos potenciar esto que, además, nos acercará a la gente.

-¿Hasta qué punto puede un arquitecto mejorar el día a día de una comunidad de vecinos?

- Por ejemplo, si un edificio tiene un problema estructural, a los ojos de alguien inexperto puede pasar desapercibido. He visto casos de edificios en los que los vecinos gastan dinero en pintar la fachada, cuando lo que tendrían que hacer es reforzar la estructura, porque ese problema si no se ataja a tiempo podría dar lugar a problemas mayores que precisarían de más dinero para su reparación. Me gusta ver esta figura como un médico de cabecera de los edificios que asesora a las comunidades de vecinos, les explica las prioridades y que tenga capacidad para valorar si un presupuesto de una empresa se ajusta a lo que necesita el edificio o no, que tenga potestad para establecer prioridades y proponer mejoras que redunden en un beneficio para los vecinos.

- ¿Cómo de lesiva fue la crisis económica para los arquitectos asturianos?

- Nos afectó muchísimo. Los que hacemos los proyectos somos nosotros. Si no se construyen edificios tampoco los desarrollamos. La actividad se redujo en un 90%. Eso provocó una situación dramática dentro de nuestro colectivo. Muchos compañeros arquitectos, nueve de cada diez, se encontraron sin trabajo de la noche a la mañana. A veces las crisis tienen un lado positivo. En este caso fue que muchos profesionales buscaron una nueva salida relacionada con su formación, pero no necesariamente ligada a la actividad edificatoria. Ahora se va recuperando un poquito, pero aún no todos los arquitectos notan esa mejora de la actividad.

-¿Qué oportunidades tienen las grandes ciudades asturianas desde el punto de vista del urbanismo?

- Yo creo que la gran oportunidad que tiene ahora Asturias, vista globalmente, es poner en marcha el Área Metropolitana Central de Asturias. Hemos hecho unas jornadas junto con el Principado y hemos llegado a una serie de conclusiones muy importantes. Entre otras que la unión nos hace más fuertes. No tenemos la misma capacidad de ser atractivos vistos como ciudades pequeñas que como un área metropolitana. Es un proyecto urbanístico, pero que trasciende la municipalidad y engloba todo el centro de la región, lo cual también supondrá beneficios para las alas. Si el centro es fuerte y es capaz de atraer inversiones, población y actividad, eso acabará beneficiando a todo el Principado.

- ¿En qué sentido se puede concebir una entidad supramunicipal como esa desde el punto de vista del urbanismo?

- Tenemos que dejar de colocar, por ejemplo, palacios de congresos en cada ciudad. Una ciudad tendrá que ser la que atraiga la actividad de congresos, otra la actividad comercial y otra tendrá que disponer de más industria, porque tiene los polígonos más desarrollados. Y por el medio tendrá que haber zonas verdes, de esparcimiento, cultivos,… Es un proyecto que tiene que ser mucho más global que la panificación que cada ciudad pueda hacer de su propio territorio. Si hablamos de eso, lo que podemos ver en los nuevos planes urbanísticos es que se están reduciendo las manchas de edificación. Ya no es necesario prever unos crecimientos de las ciudades como los de antaño.

- En definitiva, tenemos que reprogramarnos.

-Eso es simplemente un reajuste de las ciudades a la realidad que vivimos en este momento. Si queremos desarrollar un proyecto de futuro, que devuelva a Asturias la ilusión para que vuelva a ser atractiva y en lugar de ser una región exportadora de personas las atraiga, tenemos que poner en marcha este proyecto de una vez por todas y desarrollar aquellos espacios de oportunidad, como la Fábrica de Armas de la Vega, o los terrenos del antiguo Hospital Central, en Oviedo, que sean polos de innovación y creación. Hay que pensar como unidad, no con cada ciudad haciendo la guerra por su cuenta. Cuando dos ciudades asturianas compiten por un congreso, seguramente alguien gana, pero probablemente no sea ninguna de esas dos ciudades.

-En los días de vino y rosas del ladrillo, ¿crecieron nuestras ciudades de manera muy desordenada?

-No de manera desordenada. Tal vez lo que cabría preguntarse es si era necesario destinar tanto terreno a la construcción de nuevas viviendas. La respuesta es que seguramente no. Muchos de esos suelos no se han desarrollado y los nuevos planes no cuentan con esos desarrollos. Lo importante es que ahora nos adaptemos a la nueva realidad, tanto desde cada plan general como desde una visión global que es el Área Metropolitana Central, que es el futuro de Asturias. Hay quien dice que si no somos capaces de poner en marcha este proyecto, la región no tiene futuro. No sé si me atrevo a decir tanto, pero lo cierto es que el porvenir se le complicaría muchísimo. Como área metropolitana empezaríamos a pintar algo en Europa, pues ya seríamos un ente con el suficiente músculo para ser reconocidos en un mapa continental. Si no hacemos eso seguiremos pasando desapercibidos, teniendo poco peso, siendo poco atractivos y continuaremos compitiendo entre nosotros cuando deberíamos hacerlo con otras áreas cercanas a nosotros, tales como Oporto o Bilbao. Es necesario cambiar el chip de los localismos, unirnos y planificar juntos.

- ¿Se puede hablar como tal de la existencia de un urbanismo de género?

- Comprendo que es un término que confunde un poco, lo que ocurre es que tampoco se me ocurre otro término para definirlo. Podemos hablar a lo mejor de un urbanismo de los más débiles. Se trata de que, desde el urbanismo, las ciudades se hagan mejor para eliminar problemas que se detectan en las ciudades actuales. Por ejemplo, se han identificado espacios del miedo, que son aquellas zonas de las ciudades que, por estar mal iluminadas, poco pobladas o en una determinada ubicación se producen con más frecuencia atracos o violaciones. Esos problemas hay que solucionarlos y eso se hace desde la perspectiva del urbanismo de género. Pero también hay que establecer recorridos seguros y accesibles para la gente mayor. Eso también es urbanismo de género, como lo es prever espacios en los que los niños puedan jugar sin que haya para ellos peligros. Hay que pensar las ciudades para que los colectivos vulnerables tengan una vida segura en ellas.

- ¿Han primado en exceso los ayuntamientos las firmas de las grandes estrellas de la arquitectura a la hora de adjudicar obras?

-Por decirlo de otra manera, yo diría que soy muy partidario de los concursos de ideas. Mucho más que de las adjudicaciones directas a arquitectos por el hecho de ser estrellas o mediáticos. Es más, en ocasiones los mejores edificios de las ciudades han salido de estos concursos y no de las asignaciones nominales a un profesional concreto. Defiendo y lo seguiré haciendo que, incluso mejor que una licitación restringida, es un concurso de ideas. Además permite que arquitectos jóvenes puedan participar en esos proyectos. Una buena idea no tiene edad y puede venir de un arquitecto joven sin experiencia.

- ¿Cómo está ahora mismo el panorama en el terreno de la adjudicación de obras?

- Ahora se limita mucho la participación de los profesionales que empiezan porque en los concursos que se convocan por parte de las administraciones se exige una determinada experiencia, una solvencia económica, haber construido edificios similares en los últimos tres o cuatro años,… Esas limitaciones deberíamos eliminarlas. Un ejemplo claro es el edificio de las consejerías de Llamaquique, en Oviedo, que fue consecuencia de un concurso de ideas. Dos de los arquitectos que habían participado en ese concurso eran prácticamente recién titulados y todos creo que hemos reconocido que se trata de un muy buen edificio, que además ha envejecido muy bien estilísticamente. Más que considerar que sea un error, que no tiene por qué serlo, adjudicar una obra directamente a un arquitecto concreto, creo que es mucho mejor convocar estos concursos, para que todos los profesionales puedan participar y exponer sus ideas y que un jurado de gente experta elija el mejor proyecto. Tan importante es el método como que luego el jurado sea cualificado. No digo que esté mal que participen concejales o alcaldes, pero yo creo más en los jurados con capacitación profesional.

- ¿Tienen oportunidades los arquitectos jóvenes que empiezan?

- No, no las tienen. Tienen la ventaja de la juventud y de tener mucha vida por delante. Todos hemos sido jóvenes y hemos tenido dificultades, en todas las épocas, si bien es cierto que ahora el escenario es más duro, porque venimos de una crisis muy severa, Una forma de que esas limitaciones comiencen a desaparecer es la que mencionábamos antes, los concursos de ideas. Creo que los jóvenes han de tener las mismas opciones que los que no lo son tanto a participar en los concursos. También es verdad que los jóvenes tienen en muchas ocasiones una formación complementaria que los hace muy útiles en estudios de arquitectura donde haya gente de más edad. Yo abogo mucho por conformar estos equipos, donde haya profesionales que aporten más experiencia, otros juventud, diferentes formas de pensar los edificios, conocimiento de las herramientas informáticas o de diseño que mejoren un proyecto…

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