Fue recibida hace año y medio como la ministra anticarbón y su intensa ofensiva contra la minería, las térmicas y el CO2 le hizo merecedora de innumerables críticas (políticas y sindicales) en Asturias: solo le faltó ser declarada persona non grata. Lanero, los dos Zapicos, Alperi, el propio Javier Fernández de manera velada... regalaron a Teresa Ribera algún que otro epíteto grueso. Jurista y profesora universitaria aceleró al máximo la descarbonización y llegó a acuerdos con los mineros para echar el cierre al sector. También apeló al término «transición justa». No se sabe aún si la transición será justa, pero sí que ha sido ultrarrápida: del carbón ya nadie se acuerda en Asturias. El caso es que Teresa Ribera no solo va a ser ministra, sino vicepresidenta. Y va a abordar una serie de temas vitales para Asturias. Será la encargada de implantar un nuevo modelo energético, de reducir las emisiones de CO2 y de liderar la manida transición justa. «No puede quedar nadie atrás ni haber perdedores», dijo en su día. A su cargo estará el Instituto de Transición Justa y la reforma del mercado de la electricidad. Asturias, como región afectada por el cerrojazo al carbón, debe ser una de las regiones beneficiadas: Ribera decidirá cómo y en qué medida. El Principado podría optar a un bloque de ayudas millonarias como compensación. El caso es que Asturias está en emergencia industrial: sus grandes industrias corren el riesgo de dejar de ser competitivas. Esa singularidad requiere de un trato preferencial que ya veremos si Ribera contempla. Es decir, que la  emergencia industrial debe ser compatible con la emergencia climática, parafraseando a Javier Fernández Lanero. Teresa Ribera sumará además a sus competencias el reto demográfico, que antes dependía del ministro de Agricultura, Luis Planas. La Asturias vaciada también estará en su mano: garantizar la conectividad territorial, la prestación de servicios básicos o mejorar la colaboración público-privada está entre sus objetivos. Casi nada. El Gobierno regional, por su parte, confía que la fuerte influencia de Adriana Lastra en el Ejecutivo de Sánchez, la convierta en una segunda vicepresidenta, una aliada natural. Ese influjo puede ser decisivo en otros temas, como en la rebaja del peaje del Huerna.

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Las dos vicepresidentas de Asturias