Alemania abre una central térmica en plena ola de cierres y descarbonización

Aumentan las críticas políticas tras la autorización para la puesta en marcha a partir de junio de la planta de Datteln-4, en Dortmund

La central térmica de Datteln-4
La central térmica de Datteln-4

Si la transición energética y los procesos de descarbonización reciben tanta atención en Asturias no es tanto por el peso de la minería en la economía regional (que ya es, especialmente desde el año pasado, totalmente residual) sino por el impacto que tendrá el cierre acelerado de las centrales térmicas en la economía regional. Por un lado por el empleo directo e indirecto que se perderá con la clausura ya anunciada de Lada y Velilla, además de Soto de la Barca, (de los trabajadores de las plantas y de transportistas que llevan carbón desde los puertos); pero también por la incertidumbre sobre la garantía de suministro de energía a la industria de la comunidad, electrointensiva, es decir que la tarifa eléctrica supone uno de los mayores costes de producción. En este contexto, con partidos y agentes sociales (tanto patronal como sindicatos) preocupados por las consecuencias de un cierre impulsado por la Unión Europea, Alemania no sólo retrasa más que España la clausura de sus plantas, es que abrirá una nueva este año.

Se trata de la central de Datteln-4, en Dortmund, y cuya apertura está prevista para el próximo mes de junio. Según citó el diario económico Bloomberg, los grupos ecologistas que han hecho bandera de la lucha contra el cambio climático, especialmente este año, se preparan para hacer casus belli de esta inauguración y también amenazan con amargar el legado final en este terreno de los últimos meses de mandato de Ángela Merkel.

La canciller ha fijado el objetivo de que Alemania deje de depender del carbón en 2038. Se da la circunstacia de que, tras el incidente de  Fukushima, en 2011, la república germana dio la espalda también a la energía nuclear, con lo que el carbón recibió un espaldarazo en un país que presume de liderar las energías limpias. Alemania, como Asturias, ya no produce, o lo hace testimonialmente, carbón autóctono y el mineral de las centrales abiertas, y de la aún por inaugurar de de Dattenl-4, es de exportación, algo que aviva las críticas de los movimientos sociales que denuncian las pésimas condiciones laborales con las que a menudo se obtiene ese carbón. 

La planta pertenece a la corporación Uniper, y que para defender su apertura, asegura que la nueva central es «más eficiente» que ya las plantas ya existentes y, por tanto, «más amigable con el medioambiente». Dentro de su argumentario, la empresa asegura que se trata de una apuesta rentable hasta el objetivo final de 2038; y sin embargo, sus detractores destacan que el hecho de que el gobierno federal vaya a darle luz verde pone en cuestión la seriedad con la que se toman realmente los propósitos de apostar por una renovación del sistema de producción energético.

La descarbonización no es simétrica dentro de la Unión Europea, con diferentes ritmos marcados en los distintos países, y con los lógicas consecuencias muy distintas para el empleo de las regiones. En este panorama, Asturias ha sido de las más perjudicadas sin que se hayan llegado a plantear realmente alternativas ni para el empleo ni para el suministro eléctrico de su industria.

Un año atrás, en enero de 2019, se daba a conocer que, a la par que se confirmaba el cierre acelerado de las centrales asturianas, España compraba por primera vez energía de carbón a Marruecos. La contaminación era la misma, sólo que producida a la otra orilla del Mediterráneo, pero la pérdida de empleo era una amenaza que se quedaba sólo en este lado de la costa. El Periódico de la Energía destacaba que Marruecos había puesto en marcha una central térmica de carbón de 1.4 GW de potencia «con la que consigue producir a precios competitivos. No está en el sistema ETS europeo de derechos de emisiones de carbono y por tanto su producción térmica es mucho más barata que la española. No paga precio del CO2».

La Decisión 787/2010 de la Unión Europea, que ponía punto y final definitvo a la extracción de carbón se aplicó con rigor en España y en diciembre del año pasado se cerrraron las últimas minas asturianas. Pero el rigor no fue igual para todo el continente. Alemania, Polonia, República Checa o Rumanía, se dieron un margen para continuar explotando sus combustibles fósiles durante un tiempo indeterminado y mientras les haga falta el mineral para la generación eléctrica.

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