Así era la comunidad de Asturias y León que soñaron en los 70

ASTURIAS

Sadei guarda un único ejemplar del informe sobre las posibilidades de crear un región conjunta elaborado a instancias de las cajas de ahorros

26 ene 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Era el año 1973, España todavía vívía bajo el último aliento de la dictadura, la entrada en la UE no se podía concebir porque ni siquiera había tal cosa, todavía era una Comunidad Económica en la que acababan de ingresar Dinamarca, Irlanda y un Reino Unido que ahora se va; incluso la televisión en color era una novedad tecnológica absolutamente reciente. Fue aquel año cuando la Federación Astur Leonesa de Cajas de Ahorros encargó a Sadei la elaboración de un estudio sobre las posibilidades de reformular una región que integrara a Asturias y a León. Tampoco en aquella época se podían concebir las comunidades autónomas, pero para cuando se publicó el informe, en 1976, los mimbres para crearla estaban en sus páginas.

Sólo queda un ejemplar de ese estudio, titulado «Asturias y León. Análisis de su problemática común de desarrollo», en los archivos del Sadei del presente, que se dispone ahora a digitalizarlo y ponerlo a disposición de la consulta pública. El informe hace un repaso muy detallado por cada una de las variables de población en ambas provincias, sus sectores económicos más pujantes o en declive, la necesidad de fortalecer las comunicaciones a través de la cordillera así como de integrar servicios en las comarcas limítrofes. «Asturias y León son dos provincias complementarias (potencialmente) en varias facetas de la actividad socioeconómica, que tiene planteados por una parte una serie de problemas comunes pero en donde por el momento ni dicha complementariedad se ha tenido en cuenta ni los esquemas administrativos posibilitan en la actualidad un enfoque sistemático y coherente de los problemas comunes. Así pues, la búsqueda de nuevas fórmulas de unión, cooperación y colaboración entre diversos organismos o entidades públicos y privados, sería en este sentido de una gran utilidad y permitiría acciones más rentables y eficaces para ambas provincias».

La publicación hace referencia en varias ocasiones a que los movimientos de transporte, los migratorios y los económicos son más intensos entre Asturias y León que en cualquiera de ambos territorios respecto al resto de provincias limtítrofes. Es en ese estudio donde se menciona la necesidad de construir una autopista a través del Valle del Huerna; la «necesidad de desdoblamiento Busdongo-Pajares»; urge a que se habiliten las infraestructuras para comunicarse a través de los puertos de montaña y señala que «en 15 años se sustituya la vía estrecha por ancho renfe en el trayecto Gijón-Santander-frontera con Francia». 

En varias ocasiones, el estudio de Sadei insiste en la idea de que, vistos los rasgos generales de ambas provincias en los 70, sus economías podrían ser complementarias. Se centra eso sí en el potencial de una industria minera a la que entonces no se podía poner en el horizonte de caduciudad actual y en las posibilidades para el sector agropecuario leonés del potencial mercado del área central asturiana con Oviedo como centro metropolitano de servicios. Y es que, ya en 1973, el informe destaca que «en los próximos años, tanto las tendencias observadas como una política institucional coherente con las posibilidades y necesidades reales del territorio deben debe consolidar dentro del área astur leonesa la zona Central asturiana como una ciudad-territorio, prestadora de servicios a nivel general, aglutinante de la industria básica, pesada, y dotada de una potencialidad creciente hacia la diversificación industrial y hacia la captación de industrias transformadoras».

La publicación se atreve a lanzar una predicción sobre como evolucionará la población de los principales núcleos urbanos de la región en los siguientes 20 años. Si bien, ya menciona que tanto Asturias como León son territorios «en detención demográfica» no eran capaces de augurar el desplome de la natalidad que se dio a partir de la década de los 80. Así, se indica que espera que Oviedo tenga entre 175.000 y 195.000 habitantes en 1980 (en ese año llegó a pasar los 184.000), pero para 1990 esperaba entre 210.000 y 245.000 y la realidad se quedó en algo más de 196.000. En el caso de Gijón, el informe auguraba que la ciudad llegara en 1980 a contar con entre 225.000 y 250.000 habitantes y superó las previsiones (ese año alcanzó los 264.000) pero para 1990 esperaba que tuviera entre 275.000 y 315.000 y se quedó en 255.000. El impacto del invierno demográfico es aún más evidente cuando se valoran las previsiones de aquel año para los principales núcleos urbanos de las cuencas mineras: para Mieres se esperaba que en 1980 llegara a tener una población de entre 65.000 y 75.000 y en realidad no superó los 58.000; el estudio auguraba un crecimiento para 1990 hasta llegar a 75.000 ó 85.000 habitantes y llegar aquel año lo cierto es que Mieres perdió población y se quedó en algo más de 53.000. La misma tendencia ocurre en Langreo (para la que se esperaba que llegara en los 80 a los 60.000 habitantes e incluso 80.000 en los 90), pero lo cierto es que llegó a 56.000 y bajó hasta los 51.000 con el devenir de las décadas.

Entre las fortalezas de ambos territorios que destaca el estudio está el nivel educativo de ambos territorios respecto al conjunto del Estado, indicando, por ejemplo, que «los promedios del número de estudiantes-habitante son, salvo en el nivel preescolar, superiores a los nacionales pero resulta especialmente deficitaria en el campo de los servicios de esparcimiento». De la Asturias de los 70 apunta que es «la tercera provincia española si se tiene en cuenta el tonelaje de tráfico de mercancías por carretera» y que en la interrelación entre ambas provincias «es mucho más fuerte que la establecida entre cada una de ellas y el resto de las provincias españolas, incluyendo las provincias limítrofes correspondientes».

Sobre Asturias en conjunto señala que «es una provincia industrializada pero excesivamente dependiente de los sectores básicos; cuenta por otra parte con un gran potencial agropecuario (aunque su sector agrario continúa en una fase de claro subdesarrollo y actualmente tiene planteados importantes problemas de infraestructura que dificultan su comunicación con el resto del país; la economía asturiana en consecuencia viene sufriendo un problema de estancamiento y no se ha incorporado al proceso de desarrollo nacional pese a que al principio de los años 60 se encontraba en una mejor situación relativa». En el mismo sentido, y respecto a León apunta que es «una provincia fundamentalmente agraria con un sector servicios no muy desarrollado que aporta casi la mitad de la producción provincial y un sector industrial débil y escasamente dinámico insuficiente para mantener los actuales volúmenes de empleo y absorber los excedentes de mano de obra generados en la agricultura. Con esta estructura, León no ha podido participar plenamente del desarrollo español de los últimos tiempos y se halla sometida a una sensible pérdida de población como consecuencia de las migraciones».

Otro de los aspectos en los que incide de forma relevante el estudio es la importancia de que se desarrolle una industria turística que, por aquel entonces, no tenía ni cimientos ni en Asturias ni en León. Así, destaca que «la consideración conjunta de Asturias y León como región turística ofrece una serie de ventajas de cara a una posible competitividad dentro de la oferta turística nacional. La zona aparecerá en el futuro como un área muy específica, diferente a las frecuentadas por el turismo de masas de los últimos años y muy bien dotada naturalmente con una gran variedad de atractivos a escasa distancia entre sí».

La comunidad asturleonesa, la autonomía alternativa que nunca existió

Luis Ordóñez

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