El cambio climático pone contra las cuerdas a las estaciones de esquí asturianas

Una investigación de la Fundación ENT explica que los complejos cantábricos son los más vulnerables de España. Un incremento de un grado ya afectaría a la calidad y espesor de su nieve

Esquiadores en la estación de Valgrande-Pajares
Esquiadores en la estación de Valgrande-Pajares

El incremento de un solo grado en la temperatura media tendrá un impacto directo en la sostenibilidad de las dos estaciones de esquí del Principado, Fuentes de Invierno y Pajares. Así lo concluye un estudio impulsado por la Fundación ambiental ENT y firmado por cuatro autores que han comparado la repercusión del cambio climático en 31 complejos invernales españoles y que han tomado como referencia otras investigaciones previas realizadas en países con gran tradición en deportes blancos, como Austria, y en otros más inesperados, como Turquía. Este trabajo reconoce que sistemas complementarios como los cañones de nieve artificial son una ayuda importante pero también matiza que puede dejar huella en el entorno, tanto por los recursos que consume como por los daños que podría causar. Apoya que se siga investigando en nuevas tecnologías y, sobre todo, que se saque más rendimiento de las infraestructuras, con nuevos planes de márketing y con actividades complementarias como el esquí nocturno. Las propuestas son comunes para todo tipo de estaciones de esquí pero el impacto del cambio climático no va a ser uniforme.

El futuro de los complejos invernales depende de multitud de factores. Hay que tener en cuenta la altitud a la que se encuentran, los kilómetros esquiables, los espesores de nieve acumulados en los últimos años, si cuentan o no con nieve artificial, cuáles son las temperaturas mínimas que soportan, cuántos días al año está por debajo de cero grados... Así que lo que hicieron los autores de la Fundación ENT fue coger dos estudios ya realizados en Europa como referente, para medir exactamente los mismos parámetros y ver qué puede suceder en España. La primera de esas investigaciones europeas analizaba instalaciones de Austria, Suiza, Alemania, Francia e Italia y consideraba determinante que tuviesen como mínimo un espesor igual o superior a 30 centímetros durante un periodo de 100 días por temporada para desarrollar sus actividades de una manera rentable. Además ponía en relación este criterio con la altitud en la que están situadas y con diferentes escenarios de calentamiento global, que van de un aumento de un grado a cuatro grados, y también con el tipo de clima del terreno en el que se asientan. El segundo es una actualización posterior basada en una investigación más profunda que tiene en cuenta los cambios registrados ya en Austria y que eleva 250 metros la altitud a la que son viables las estaciones con un incremento de un grado. 

Los autores partieron de la premisa de que todos los complejos invernales españoles están en un clima mediterráneo. Saben que no es así y reconocen que se podría trabajar precisando aún más las características de cada zona, pero en esta primera aproximación realizaron una evaluación más global. El resultado es concluyente. Si se tienen en cuenta los parámetros menos exigentes, que son los que marcó el primer estudio europeo, la única estación no viable en ninguno de los escenarios es la de Lunada, en Burgos. Por el contrario, las de Sierra Nevada, Boi Taull, Vallter 2000 y Sierra de Béjar son las más rentables. De las cantábricas explican, en términos generales, que son las más débiles. Lo dicen de manera expresa. En cambio, si se coge como referente el segundo estudio, el que eleva la actitud, entonces junto a Lunada, tampoco tendría sentido mantener abiertas las estaciones de Fuentes de Invierno, Valgrande-Pajares, Leitariegos y Manzaneda.

La vulnerabilidad

Esta conclusión es solo para un incremento de un grado. A partir de dos grados, poco a poco la inmensa mayoría no tendrían ningún sentido. Con cuatro grados más y según el estudio menos exigente de viabilidad podrían sobrevivir Boí Taull, Vallter 2000 y Sierra de Béjar, como ya se ha dicho. Pero con el estudio más exigente, el que incrementa la altitud ninguna tendría futuro. «Los niveles más altos de vulnerabilidad se asocian con los resorts localizados en las montañas cantábricas y en el Sistema Ibérico. Por el contrario, el Sistema Penibético, en el que se encuentra Sierra Nevada, presenta niveles bajos o muy bajos de vulnerabilidad en todas las categorías», explica el informe.

Para medir la vulnerabilidad completa los autores tomaron en cuenta más indicadores. La radiografía resulta más compleja. Contabiliza los espesores máximos alcanzados en seis temporadas consecutivas, la proximidad a parques naturales y a zonas de especial protección de aves, los espacios de importancia para la comunidad, la cantidad de camas disponibles para el turismo de nieve y la cantidad de viajeros que llegan a la comunidad autónomas en la que está asentada. Ninguno de estos parámetros mejora las expectativas de Fuentes de Invierno y de Pajares. La peor parte se la lleva los espesores máximos, la fiabilidad en la probabilidad de las nevadas. No mejora en su relación con los espacios naturales. El volumen de viajeros y la proximidad de puntos de interés son sus dos únicos puntos fuertes. 

Con este panorama poco esperanzador, hay una serie de medidas que los gestores pueden ir adoptando. Entienden que tiene que haber producción de nieve artificial pero precisan que tiene un coste muy elevado y que puede provocar daños ambientales, porque consume gran cantidad de agua y porque puede dañar acuíferos. Por eso, instan a seguir investigando. Sí se puede promover el esquí nocturno, aunque extremando la seguridad, ya que es más peligroso. El coste lo calculan en 156 euros por cada kilómetro abierto durante la noche. Para mantener las capas de nieve proponen instalar para vientos y sistemas de drenaje de la nieve que se derrite, además de proteger las pistas de avalanchas. Más inversión requiere modificar la orientación de las pistas. Sugieren ampliar la oferta de actividades y extender la zona esquiable para rentabilizar al máximo las instalaciones. Otra opción sería conseguir incentivos fiscales de las administraciones públicas, o implantar estrategias de márketing. 

Los autores concluyen que el turismo de invierno es relevante en España pero también precisan que es un sector especialmente afectado por el impacto del calentamiento global, al reducir las condiciones de nevadas. Entienden que es urgente comenzar a pensar cómo compensar sus efectos.

       

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