Ruperto Iglesias: «Tendremos que adaptar la actividad industrial de Asturias, pero no deberíamos renunciar a nuestro potente sector»
ASTURIAS
El ovetense es el presidente de Agrupación de Sociedades Asturianas de Trabajo Asociado y Economía Social (ASATA)
17 feb 2020 . Actualizado a las 16:25 h.La economía social en Asturias cuenta con unos números cada vez mejores: en torno a 500 empresas, ligadas a sociedades laborales y cooperativas, que dan empleo a 5.500 personas, aproximadamente. La Agrupación de Sociedades Asturianas de Trabajo Asociado y Economía Social (Asata) es la organización empresarial de ámbito regional, independiente, de carácter intersectorial, cuyos objetivos fundamentales son la representación y defensa de los intereses de las empresas de trabajo asociado, así como la prestación de cuantos servicios puedan contribuir al desarrollo y consolidación de las mismas. Su presidente, el ovetense Ruperto Iglesias, charla con LA VOZ DE ASTURIAS.
-Usted preside una entidad cuyo objetivo consiste en fomentar la economía social, ¿cuénteme de manera sencilla qué es la economía social y póngame algún ejemplo en Asturias?
-La economía social es la actividad económica realizada por entidades que mayoritariamente están participadas por sus trabajadores, es decir, que las personas que trabajan en las empresas son, a la vez, socios de esas empresas. Es una forma muy coloquial de entenderlo. Hay una ley que define la economía social (Ley de Economía Social, del año 2011) como el conjunto de actividades económicas realizadas bajo determinados principios. Fundamentalmente, la idea es esa: economía social son empresas donde los trabajadores de la empresa son a la vez socios, y trabajadores de la misma, y además lo hacen de manera mayoritaria.
Como ejemplos, tenemos unos cuantos, en Asturias, por ejemplo, una de gran tamaño instituto minusválido Astur SAL, una empresa de limpieza que da trabajo a más de 2.000 personas. O la propia Central Lechera Asturiana.
-Hace apenas unos meses, emplazaba a los partidos con representación en el parlamento autonómico a sacar adelante un Plan Director de la Economía Social en Asturias en los próximos presupuestos. ¿Sigue siendo una prioridad dicho plan? ¿Qué medidas contempla?
-Sigue siendo la prioridad. Además, es una prioridad importante por diversas razones, pero fundamentalmente porque estamos en un contexto tanto nacional como europeo, donde la economía social empieza a tener un protagonismo que, en nuestra región, por desgracia, no lo tiene. ¿Cuál es el elemento fundamental para darle ese protagonismo? Pues precisamente el contar con un plan de actuación a medio y largo plazo que, de alguna manera, pase por encima de momentos concretos e, incluso, de equipos de gobierno. Se plantee como una estrategia de medio y largo plazo de medidas concretas para desarrollar y potenciar que las empresas de economía social tengan un ámbito importante en la economía.
-Otra de sus prioridades es la reforma de la Ley Asturiana de Cooperativas, ¿para qué? ¿qué cambios necesita esta normativa?
-La Ley Asturiana de Cooperativas que tenemos ahora mismo, tiene dos cuestiones, o dos problemas. El primero, de actualización a las nuevas formas y normativas, especialmente desde el ámbito administrativo. Hay que actualizar todo el tema que tiene que ver con constituciones, depósitos de cuentas, formas de convocar Juntas…. Es decir, con los temas administrativos de la vida social de las cooperativas que, evidentemente, la legislación tiene diez o quince años de vigencia, y la sociedad ha evolucionado en estos años.
Y, luego estaría el segundo motivo, que sería abrir las cooperativas a una fórmula que permita que dos personas puedan constituir una cooperativa (por el momento, son necesarias al menos tres personas). Entendemos que esa flexibilización lo que va a potenciar es que emprendedores puedan unirse y poder utilizar esta forma jurídica para desarrollar su proyecto empresarial.
-Durante los peores años de la recesión muchos dijeron que el autoempleo era la alternativa, muchos trabajadores se vieron obligados a hacerse cargo de la gestión de sus empresas, ya quebradas. ¿Hubo entonces mucho canto de sirena?
-Yo creo que durante la crisis lo que hay es un hecho constatable que es que la economía social ha destruido menos empleo que la economía convencional. Lo constatable es que en el periodo duro de la crisis, 2008-2014, la economía social destruyó seis puntos menos de empleo que la economía convencional. Igual que una familia de la economía social, que son las sociedades laborales, tiene en su momento su origen en la transformación de empresas en crisis, donde son los trabajadores los que deciden sacar adelante esas empresas, en los años 80, y que en aquel momento fue un instrumento y una herramienta importante para que esas empresas pudieran seguir en el mercado y el devenir les ha llevado a unos casos para que continúen como sociedades laborales y, en otros, para que se hayan transformado en sociedades mercantiles convencionales; en la época de crisis, 2008-2014, ese fenómeno prácticamente no ha existido.
Principalmente, porque hay toda una normativa, especialmente ligado a la Ley Concursal, que hace muy difícil ese tipo de transformaciones. Los procedimientos concursales son especialmente lentos, complejos y prácticamente abogan que esta solución, donde los trabajadores puedan continuar con el proceso empresarial, sea casi imposible. En última etapa, ese proceso de transformación societaria se ha dado muy poco en la región.
-En la Asturias de finales de los 60 y de los 70 proliferaron las cooperativas, agrarias, de la construcción. ¿Esto que propone la economía social tiene algo que ver con aquella idea? ¿Es una revisión de aquel modelo?
-No. Yo creo que hay que cambiar y hay que estar en los tiempos. La economía social hoy la podemos englobar dentro de la alternativa de las personas a luchar por su futuro. Es decir, estamos en una economía donde los medios de producción, máquinas, incluso el propio capital, va perdiendo influencia y, si queremos ser más competitivos, somos las personas las que vamos cobrando más valor. De alguna manera, la alternativa de la economía social es que esas personas luchen por su futuro, lo construyan, personal y profesional, y sean dueños de ese futuro. Evidentemente tiene sus bases, porque el cooperativismo tiene más de 100 años, pero se ha ido adaptando a los tiempos y alejándose un poco de esa constitución de las cooperativas de los años 50 y 60, que estaban muy ligados a determinados regímenes políticos.
-La economía propone un modelo productivo basado en la optimización de los recursos y en el reaprovechamiento. ¿Es esto aplicable a todos los sectores?
-Sí está basado en la optimización de los recursos, pero siempre con un eje. Es decir, como empresas nuestro objetivo es obtener beneficios y optimizar recursos, pero ese eje principal no es esa obtención de beneficios, sino la persona. Ese es el matiz, pero evidentemente nuestra actividad empresarial está enfocada a la obtención de un excedente y qué hacer con él.
Así que sí, en general, sí es aplicable a todos los sectores. Como filosofía, esa es la filosofía de las empresas de economía social, y además tiene un componente muy transversal, es decir, está en el sector servicios, está en el sector primario, en el industrial…. Tiene un ámbito de actuación totalmente transversal. Es un problema de oportunidad en el momento. Por poner un ejemplo, el cooperativismo industrial en el País Vasco tiene un poder importantísimo, con su gran grupo Mondragón, pero al lado de ella, hay multitud de cooperativas y sociedades laborales en el sector industrial. Históricamente, tuvieron su oportunidad y ahí están, ahora, siendo empresas punteras.
Nos vamos a otras comunidades autónomas, por ejemplo, el propio Principado, y tenemos una parte industrial que vino de alguna reconversión en su momento, en los años 80, y toda la economía social que se está generando nueva tiene un componente más de servicios. Pero un componente de servicios totalmente distinto a la economía social que puede generar en Andalucía, o en el Mediterráneo o en Baleares, donde tienen un sector servicios ligado al comercio, turismo, hostelería. Mientras que, en Asturias, el sector servicios está muy ligado a servicios a las empresas. Por ello, digo que es muy transversal.
-En un momento en el que cada día somos más consciente de que los recursos son finitos y que tenemos que cambiar de modelo, ¿qué puede aportar la economía social?
-La economía social aporta el elemento fundamental, que es poner a las personas en el primer lugar. El punto de referencia son las personas. A partir de ahí, vamos construyendo economía en un sentido o en otro, pero siempre van a ser las personas, los actores principales, los que desarrollen esa actividad económica y que dentro de ese proyecto empresarial ellos puedan aportar lo mejor de sí desde el punto de vista profesional y además construir su vida personal. Yo creo que el matiz importante es cuál es el foco por el que vamos a mirar. En la economía social miramos en los actores que estamos en ella, que somos las personas, siempre.
-¿Por dónde cree que puede o que debe ir una Asturias que cierra industrias que han determinado su forma de vida de manera radical, como la minería o las térmicas?
-Hay una cosa de la que no podemos olvidarnos. Asturias es una comunidad autónoma con un componente industrial importante. Es un aspecto al que bajo ningún concepto podemos renunciar. Tendremos que adaptar o transformar esa actividad industrial, pero no deberíamos renunciar al potente sector industrial. Creo que el mimar y cuidar este sector debería ser uno de los objetivos de cualquier Gobierno del Principado.
Dicho esto, lo que no podemos olvidar es que Asturias tiene un problema de envejecimiento de población. Tiene un problema de zonas donde disminuye la población día tras día, y lo que no podemos es convertirla en una comunidad autónoma con cuatro polos de atracción de personas y el resto, desertificada. Deberemos plantearnos el crear actividad económica para que las personas puedan y quieran quedarse en las zonas más rurales. Esta debe ser otra prioridad a abordar en cualquier actividad política. El medio rural no puede ser solo el paraíso natural que enseñamos, porque si no lo cuidamos, deja de serlo.
-Siguiendo en esa línea, ¿cuáles son las propuestas lanzadas desde la economía social para afrontar esta crisis demográfica?
-Nosotros lo que proponemos es que, dentro del mundo rural, hay que poner en marcha actividades económicas, que además potencien la cooperación de las personas. Es verdad que hay, y ha habido, medidas para que se desarrolle actividad económica por personas individuales, las cuales nos parecen muy bien. Pero entendemos que es mucho más efectivo, y duradero en el tiempo, el potenciar proyectos que lo que hagan sea agrupar personas. Y esa fórmula de agrupación, la idónea serían empresas de economía social. Lo que ocurre es que ese fomento de actividad, hasta la fecha no se ha dado y no ha tenido ningún tipo de efecto, pero que entendemos que debe ser una de las prioridades. Es una de las cuestiones que deben ser contempladas, precisamente, en el Plan Director.
-En el Principado también el acceso a la vivienda parece un imposible para los jóvenes, no quizá al mismo nivel que en Madrid o Barcelona, pero casi. ¿Cómo se puede resolver?
-Ahí podríamos hablar de la vieja fórmula de las cooperativas de vivienda, que ha tenido tantos problemas, quizás está un poco fuera de oportunidad. Nosotros estamos planteándonos ahora el cohousing (crear espacios de convivencia con servicios comunes), además con la doble vertiente de el cohousing senior que viene haciéndose ya, para personas mayores, y por qué no ampliar esa figura a la población en general y, en este caso, a la juventud. Como fórmula de poder acceder a vivienda en un régimen un poquito distinto, en un régimen más colaborativo. Hasta la fecha, los ejemplos que hay, mayoritariamente en España están ligados al sector de las personas más mayores, lo que se llama cohousing senior, pero creo que es ampliable a cualquier colectivo.
-¿Puede la sociedad civil y económica dar la vuelta al modelo por sí sola o requiere del apoyo de las administraciones? ¿Cómo puede el Principado incentivarlo, al margen de la aprobación de la ley de cooperativas, de la que ya hemos hablado?
-Es necesario el apoyo de la Administración. Es decir, la sociedad para que la cambiemos tiene que haber voluntad política de cambiarla. Cambiarla desde la base, requiere en un momento determinado la implicación política para que esto se desarrolle, en este sentido. La primera manera es con ese Plan Director, donde se ponga encima de la mesa qué es lo queremos hacer en los próximos cuatro años. Y que sea un plan que, de alguna manera, incluso con las mismas fechas que se están barajando, y que van a sobrepasar la duración de la actual legislatura. Es decir, lo que pretendemos es que exista un consenso para planear medidas que pongan en valor todo esto en un medio y largo plazo. Lógicamente, medidas que habrá que ir actualizando y cambiando porque nada perdura en el tiempo, pero es básico disponer de esto como ya disponen otras comunidades autónomas en España, incluso el propio gobierno de España tiene un Plan Estratégico 2017-2020 de economía social.
En este sentido además estamos trabajando en el tema de la financiación de las empresas. En este momento estamos tratando que se establezca una línea de financiación para las empresas de economía social, donde las empresas puedan acceder a la economía social sin la limitación que puedan tener los trabajadores de si tienen o no patrimonio, si tienen que recurrir a avalistas externos, etc. Para estamos en negociación con la Consejería de Empleo para que estas líneas sean avaladas por Asturgar y con dos entidades de crédito ligadas al mundo de la economía rural, como es Caja Rural de Asturias y Caja Laboral, para que se pueda crear una línea de financiación tanto de circulante como de inversiones para que ningún emprendedor deje de hacerlo por falta de recursos económicos o avales.
-Promueven también la perspectiva de género. ¿Cree que se está en un camino efectivo hacia la igualdad? ¿Cómo ve a Asturias en esta materia?
-Desde el punto de vista de la economía social, en ese sentido, igual vamos un poco por delante del resto. Casi el 50% de los socios trabajadores de la economía social son mujeres y buena parte de las personas directivas, son mujeres. Es decir, en origen, la economía social no plantea discriminación por motivo de género. Es un modelo que, como mira a las personas, solo ve personas, más allá de su género. Cuando hablamos de igualdad siempre hay cosas que hacer. Es evidente que no podemos plantearnos que ya lo hemos hecho todo. Tenemos que seguir trabajando en que dentro de nuestro sector tengan peso en determinado sectores o actividades, que ahora no la tienen.
Cuando miramos a la sociedad, tiene que seguir habiendo medidas que fomenten la igualdad. Medidas que de alguna manera primen el hecho diferencial de género porque tenemos una cultura y una formación y esto no se cambia de un día para otro. Ahí tenemos que seguir caminando todos y poniendo medidas discriminatorias en favor de la mujer para llegar a esa igualdad que como personas todos deberíamos de tener.
-En ASATA también cree que la investigación y la innovación es fundamental. ¿Cómo se puede promover dentro de las empresas privadas? ¿Son necesarias subvenciones públicas?
-Estamos en un tema delicado. Más que hablar de investigación, deberíamos hablar de innovación. Debemos innovar en nuestro día a día, todos. Innovar no es descubrir América en el siglo XXI, es cambiar nuestras formas de hacer, cambiar nuestros procedimientos, cambiar nuestros productos, de tal manera que sean más competitivos y nos generen un mayor valor añadido. Eso yo creo que es una obligación para todas las empresas, da igual su forma jurídica. Respecto a la inversión pública en este tema, especialmente, en lo que es la investigación básica, el apoyo mayoritario ha de venir desde el punto de vista de la administración, no hay duda. Y desde el punto de vista de la innovación debe haber una incentivación para que nadie se quede atrás de ese proceso. Quedarse atrás es muy fácil ya que tendemos a acomodarnos. Tenemos que ver cómo podemos hacer las cosas distintas y mejor que el año pasado y que ayer.
-En el sector turístico, ¿hay futuro en el negocio ligado a la economía social? ¿Hay oportunidades?
-Por supuesto. Dentro del sector turístico hay una serie de empresas de hostelería, casas rurales… ligadas a la economía social. ¿Se trata de un tema que cabría desarrollar más? Seguro. Pero sí que existe ya que, como digo, la economía social es transversal a todos los sectores.
-¿Cuáles son los números de ASATA? ¿Empresas, trabajadores, proyectos?
-La economía social en Asturias estamos hablando en torno a las 500 empresas, ligadas a sociedades laborales y cooperativas, y dan empleo a 5.500 personas, aproximadamente. Esas cifras son matizables porque tenemos el problema de que no existen estadísticas. No hay estadística oficial ni siquiera existen series estadísticas al respecto. Es uno de los problemas graves del sector. La única estadística que hay es una del Ministerio de Trabajo y tiene sus deficiencias en ese sentido. Porque en estas cifras comentadas, quedan al margen todas esas personas que están en cooperativas, como pueden ser, por ejemplo, de transportistas, que individualmente son autónomos. Porque en la economía social conviven dos regímenes de la Seguridad Social: el régimen general y el régimen de autónomos. En el caso de las cooperativas, hay muchas personas que están en ese segundo régimen. Esto incrementaría la incidencia económica de la economía social en nuestra comunidad autónoma.
-¿Cuál es su prioridad actual? ¿Cuál cree que debería ser ese proyecto que dé un giro económico y social al Principado?
-Un Plan Director es vital, en este momento. No es que esto que nos estamos planteando sea algo que vaya al margen de lo que esta haciendo el resto de gente: en Europa se está desarrollando un plan de acción por la economía social, en España, el plan estratégico, y también algunas comunidades autónomas como Murcia, Navarra o el País Vasco, han hecho planes de cómo vamos en el medio y largo plazo a desarrollar este sector. Lo que queremos es una planificación de qué cosas podemos hacer, en qué líneas podemos trabajar y hacia dónde vamos a caminar. Este plan no lo entendemos como el plan de la Consejería que pueda ser responsable del área, no. Entendemos que debe ser un plan asumido por todo el gobierno asturiano porque afecta a muchas áreas del Gobierno. Es un plan que pretendemos que sea ambicioso, y que implique un compromiso político no de un consejero sino de un Gobierno.