¿Se ha extendido la avispa americana por Asturias?

Los primeros nidos de este insecto en Europa fueron hallados en el año 2013 en Oviedo. Los expertos recomiendan realizar seguimientos

Avispa papelera americana
Avispa papelera americana

Redacción

En el año 2013, Andrés Arias y Antonio Torralba-Burral, dos biólogos de la Universidad de Oviedo hallaban los primeros nidos de avispa papelera americana en Europa. Las suposiciones les hicieron pensar que habían llegado al Principado mediante la vía marítima, «en cargamentos de madera, o de algún tipo de plantas ornamentales, algunas en tiestos o, incluso, troncos de los bonsáis que venían importados», explica Arias, uno de los coautores de este informe publicado en la revista internacional «Zootaxa» y profesor del área de Zoología de la Universidad de Oviedo. A día de hoy, asegura que lo más importante es «realizar un seguimiento de esta especie concretamente para poder tener un control sobre la misma».

Este insecto pertenece a la especie «polistes major», es una subespecie que se diferencia de la europea, principalmente en el color: la americana es amarilla y naranja/marrón, mientras que la de nuestro continente es amarilla y negra. Otra de las grandes características es que es más grande de la habitual: ronda los dos centímetros, incluso un poco más. Esta avispa es la que tiene «más amplia distribución por América Central, América del Norte (sur de Estados Unidos) y partes de Sudamérica», por ello, es difícil saber «exactamente desde qué parte pudo venir» al Principado.

«Desde el año 2013 y hasta el 2017, vimos cómo la especie se había desplazado hacia la falda del monte Naranco y hacia el campus de El Cristo, cerca de las facultades», explica Arias. Además, añade que en los dos últimos años no las han visto, pero que «no quiere decir que no haya». Esto se debe a que, precisamente, habiéndolas encontrado en las zonas del Naranco durante los últimos años, es probable que «haya encontrado zonas un poco más periurbanas que le facilitan más o encuentran más idóneas para asentarse». Tal y como explica el biólogo, en principio, para el ser humano supone la misma amenaza que cualquier otra avispa, lo único que al ser un poco más grande puede inocular más veneno, pero no especialmente.

El mayor peligro podría ser para las orugas y las larvas de mariposa, pues precisamente estos son sus alimentos. Entonces, «si llegaran a una zona donde hay especies de mariposas protegidas, pues quizás si se alimentan solo de esa especie, serían una presión muy fuerte para la especie y podría tener un impacto negativo», explica Andrés Arias. Actualmente, no ha ocurrido nada por el estilo. «Si no llegan a ningún sitio así, en principio, sabemos que se reproducen aquí, que están aclimatadas, pero no hemos visto que hayan desarrollado ningún tipo de comportamiento invasor», explica Arias.

A día de hoy, lo principal sería realizar un seguimiento, un estudio, para tener «un control sobre ella para saber qué ocurre, si se está expandiendo mucho o si está teniendo un efecto negativo sobre el ecosistema, para otros animales o para el ser humano», pero erradicarla o combatirla no es lo primordial, pues, por el momento, no es una «amenaza». Aunque, es necesario ese seguimiento para conocer «si han podido venir con algún parasito, virus o bacteria que pueda afectar a especies de aquí. El riesgo potencial siempre está ahí. Cuando una especie se introduce en un lugar fuera de su hábitat nativo siempre hay un riesgo que no se puede debe obviar».

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