La desempleada atrapada en el limbo de la pandemia: «Vivimos en el mundo del cero»

Beatriz Ooms denuncia que a los retrasos en los pagos de ayudas y minusvalía se ha sumado la paralización de trámites por la cuarentena

Beatriz Ooms
Beatriz Ooms

«Se habla mucho de apoyar a pymes y autónomos y me parece muy bien pero los que ya estábamos apurados antes, los desempleados, los que estamos intentando formarnos para integrarnos en el mundo laboral y que tenemos derecho a un apoyo económico por ello, no nos lo están dando. Se olvidan totalmente de nosotros, que seremos una minoría, pero eso no quiere decir que hayamos dejado de existir y nuestra situación es mucho más dramática porque hace mucho que no tenemos ningún ingreso»; así explica su situación Beatriz Ooms que pasa los días del confinamiento en la aldea de San Justo, en Villaviciosa pero que hasta que se decretara la cuarentena se trasladaba a Gijón a cumplir los cursos de formación en los que estaba registrada y que, entre la ayuda de movilidad y por minusvalía (padece síndrome del túnel carpiano) suponían la principal entrada de dinero en su casa. Ya no.

«Vivo en la aldea, tengo gallinas, tengo un huerto y hago malabares». Sus quejas se arrastran de largo porque denuncia que en los cursos de formacion las demoras en las entregas de los fondos prometidos eran ya frecuentes. En la última ocasión, el anuncio de que denunciaran públicamente su situación hizo que se aceleraran los trámites. Hubo una convocatoria de prensa en la Junta General, de la mano del grupo parlamentario de  Podemos «eso era un lunes y cuando se supo, el viernes anterior nos soltaron toda la pasta de la beca y de la minusvalía a quien le tocara». 

Desde el pasado 4 de diciembre acudía a un curso de fruticultura, junto a once personas, en el centro asociado de Deva, asociado a Las Palmeras, en Gijón. La estrategia iba a ser la misma, una convocatoria pública de denuncia. Pero llegó el coronavirus y todo se paró. La rueda de prensa, las preguntas en el pleno, y también la posibilidad de cumplir trámites y gestiones en organismos municipales.

«La minusvalía se paga 9 euros al día por cada día que acudas a clase; que sólo es de lunes a viernes, y tienes derecho a faltar tres días por asuntos propios por si necesitas ir a un ayuntamiento a hacer cualquier papel por la mañana y esos no cuentan». Pero ahora tampoco se puede trasladar a ningún papeleo. Ooms cuenta que tiene a su madre, anciana de 91 años y con demencia, ingresada en una residencia a la que no ha podido entregar el pago de este mes. Es su tutora legal y con su pensión, cumplimentando «unos 200 euros al mes» llegaba. Pero la cuarentena también ha puesto fin a esto.

La epidemia sorprendió a Ooms cuando iniciaba los trámites para solicitar las ayudas a la dependencia por el caso de su madre y, cumplidos ya dos años de residencia en Asturias, la petición para recibir la prestación del Salario Social básico. «No se puede ir al Ayuntamiento, no hay nadie, todo son complicaciones. Todos los procesos que tenía iniciados para intentar cubrir un poco un mínimo pues se han ido al carajo».

Cuenta que su dia a día «es crítico» y que sobrevive gracias al cable que le tiende un amigo funcionario que vive en Cantabria y que su hijo no está en casa sino en Oviedo, con su novia. Además de las gallinas y el huerto. Muy atrás queda el tiempo en que trabajaba como pianista, llegó a ser durante dos años pianista acompañante, becada en el Conservatorio de Oviedo, «y cuando tuve el síndrome del túnel carpiano pues se acabó».

«El contacto que tenemos con los otros compañeros se mantiene pero cada uno está metido en su casa y no podemos hacer nada. Este encierro se va a prolongar como es lógico mucho más tiempo y mientras tanto yo no tengo ningún ingreso»; destacó.

Para denunciar su situación escribió una carta en la que afirma «mi colectivo es pequeño, desempleados sin prestaciones intentando formarse para entrar en el mundo laboral. Nuestra necesidad es grande, ya que partimos de cero ingresos, realizamos el curso con cero apoyo económico, y ahora somos arrollados y dejados de lado por el cero interés por parte del gobierno y los medios de comunicación. Y lo que es más, a lo mejor nuestros esfuerzos quedan reducidos a cero por no poder acabar el curso, razón añadida para darnos una certificación cero y becas cero. Vivimos en el mundo del cero».

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