«El niño es autista», la pancarta de una madre desesperada por los insultos al salir a la calle

ASTURIAS

Una ovetense relata las dificultades de cumplir la cuarentena con un pequeño con TEA ante la incomprensión del vecindario

31 mar 2020 . Actualizado a las 18:11 h.

La vida no es fácil para nadie en la cuarentena, obligados a permancer en casa el máximo tiempo posible. Pero es mucho más difícil para los padres que tienen niños con diagnósticos como el autismo, niños a los que el encierro le puede provocar un crisis que derive en episodios de extrema ansiedad e, incluso, llegar a autolesionarse. Entre las medidas aprobadas en el decreto del estado de alarma se incluyen excepciones para estos casos pero lo que prevé la ley a veces no es suficiente ante brotes de psicosis social. Es el caso de Vivi Lopez-Castro Roiz, madre del pequeño Martín, de tres años y medio ya, que cuando trataba de buscar un poco de desahogo en el exterior con el pequeño se topó con la incompresión de muchos vecinos que le increparon y le insultaron gravemente desde las ventanas. Es algo de lo que llevan días alertando colectivos vinculados a la discapacidad y a la dependencia como el Cermi o Plena Inclusión Asturias, una nueva revictimización en tiempos de coronavirus.

«Después de llevar encerrados una semana, el niño ya no aguantaba más y entonces lo saco a dar un paseo. Vivo en Las Campas del Naranco, y hay una plaza donde nadie toca nada porque son prados y árboles, que no es un parque infantil. Me pareció un sitio tranquilo para que el niño pudiera desfogar un poquito y cual es mi sorpresa cuando empiezan a salir por las ventanas gente a gritar: Para casa, por culpa de gente como tú está muriendo otra, hija de puta!, insultos todos los que quieras hasta que llega uno y dice ¡ojalá os muráis!».

Martín tiene diagnosticada TEA (Trastorno del Espectro Autista) desde el año 2018, tiene «trastornos graves de conducta» en palabras de su madre que explica que no habla, ni se relaciona con otros niños y que ni siquiere suele ir al parque porque no le gusta y porque «tengo que tenerlo siempre en entornos controlados cuando salgo de casa y no es ninguna broma, sitios cerrados donde no pueda escapar porque no atiende a órdenes, no hace caso. Para mí ya es frustrante sacarlo a cualquier sitio, pues imagínate ahora con la gente gritándonos por la calle».