La angustiosa lucha de una familia por recuperar un cadáver de Madrid

La mujer e hijas de Ángel Cabanillas, que murió el 27 de marzo por complicaciones en el postoperatorio, llevan desde entonces tratando de que repatríen su cuerpo a Langreo

Ángel Cabanillas y su esposa Maria Teresa Martín
Ángel Cabanillas y su esposa Maria Teresa Martín

Redacción

«Estamos viviendo una pesadilla de la que no somos capaces de despertarnos». Así resume Miriam Cabanillas Martín la angustia que llevan padeciendo su madre, su hermana Vanessa y ella desde que el pasado 27 de marzo falleciera su padre, Ángel Cabanillas, en un hospital de Madrid por las complicaciones en la recuperación de una operación programada de hipertensión pulmonar. Miriam asegura que la situación por la que están pasando es «surrealista» porque hasta el jueves, casi una semana después del fallecimiento, ni tan siquiera sabían donde se encontraba el cuerpo de su padre.

La última información que ha conseguido recabar esta familia langreana es que el cadáver de Ángel Cabanillas se encuentra en el tanatorio de Parla, aunque con anterioridad había estado en el Palacio de Hielo, la improvisada morgue habilitada en la capital de España para las víctimas del coronavirus. El caso es que el padre de Miriam no falleció como consecuencia del Covid-19, por lo que la misma no entiende que fuera trasladado allí por la UME, como tampoco entiende que la compañía con la que tienen contratado el seguro de decesos desde hace décadas no haya agilizado las gestiones para traer el cuerpo de su padre a Asturias. «Yo entiendo que están desbordados, pero esto es un desastre total y absoluto», manifiesta «desesperada» Miriam también por la falta de información y por haber tenido que hacer mil y una llamadas para saber donde se encontraba el cuerpo de su padre.

Miriam explica que tras fallecer su padre y cuando ella y su madre aún se encontraban en Madrid recibieron un mensaje de la compañía de decesos en la que se les informaba que la tramitación estaba en proceso, así que decidieron regresar a Asturias confiando que la aseguradora resolvería el traslado. A los dos días de estar ellas en Asturias decidieron llamar a la compañía ante la tardanza de la repatriación, «pero lo único que nos decían es que hay que esperar». Ante la desesperación de su madre, el pasado jueves Miriam decidió llamar tanatorio por tanatorio a todos los de Madrid para tratar de localizar el cuerpo de Ángel Cabanillas. En uno de ellos la informaron que su padre aún no tenía expediente abierto y que eso significaba, o bien que seguía en el hospital o que había sido trasladado por la UME al Palacio de Hielo, extremo que confirmó tras llamar a un teléfono que le facilitaron de la Sanidad Pública de Madrid.

«Ya no sabemos a qué puerta llamar»

«Hoy hemos conseguido saber que está en el tanatorio de Parla, pero no saben ni cuando le van a hacer el registro ni cuando lo van a traer», señala Miriam agotada por la tensión y la incertidumbre que les conlleva esta situación. «Estamos todo el día colgados del teléfono. Ya no sabemos a qué puerta llamar», apostilla ante lo que considera «una locura» que comenzó diez días después de que operaran a su padre en el Hospital 12 de Octubre de una hipertensión pulmonar.

Según cuenta, la operación fue una cirugía programada que tuvo lugar el 26 de febrero, tras la cual su padre debía permanecer en la UCI hasta que no fuera extubado, le retiraran las sondas y pudiera comer de forma autónoma. «Los primero días diez, dentro de los problemas que tenía, estuvo muy bien atendido, pero cuando empezaron a aparecer los casos de coronavirus y se colapsó la UCI empezó el calvario de pasar de una UCI a otra. Cuando me dijeron que lo iban a pasar a una planta yo me negué a que saliera de la UCI, pero decían que no había cabida porque necesitaban la cama para los enfermos de coronavirus», explica Miriam. Después de pasarlo a una planta del mismo hospital fue trasladado al área de oncología del edificio Materno Infantil y, posteriormente, a la zona de maternidad donde, a su entender, no sabían atender a su padre como requería tras su operación y «ni siquiera había donde sentarlo pese a que había orden del médico».

«Fue una locura total y absoluta», insiste la hija de Ángel Cabanillas, que tuvo que afrontar momentos tan duros como que la médica le dijera «que si mi padre necesitaba un respirador, no se lo iban a poner, que no era candidato». Lo que tiene claro, porque así lo indica el certificado de defunción, es que su padre no murió por coronavirus, sino por una parada cardiaca y una infección general generada por la hipertensión pulmonar que padecía. De hecho, asegura que ella lo tenía cogido de la mano cuando falleció.

«Ha sido muy duro estar allí un mes solas, los primeros quince días mi madre y mi hermana y después mi madre y yo, y ahora esta pesadilla de la que no somos capaces de despertarnos», lamenta la misma, que no entiende por qué lo servicios funerarios de la compañía en Asturias no van a Madrid a buscar el cadáver de su padre si aquí no hay tanto volumen de fallecidos como en Madrid. «Nos dicen que es cosa de la compañía de decesos y nos hemos movido para que lo hiciera otra funeraria de Gijón, pero no los dejan porque parece ser que hay conflicto de intereses», lamenta Miriam Cabanillas y su familia ante esta situación de «desesperación total».

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