Grado, la encrucijada de la resistencia a la epidemia

La localidad moscona ha sufrido los dos principales brotes de Asturias, especialmente en su residencia de ancianos

Labores de desinfección en Grado
Labores de desinfección en Grado

Grado se llama así por la referencia a una escala. El nombre que el uso de los romanos le terminó por dar al concejo se refiere a su condición de lugar de paso, de encrucijada de los caminos (ha sido de muchos a lo largo de la historia) y como centro histórico de mercados, de alimentos y ganado. El suyo todavía hoy se celebra los domingos así que la localidad tiene unos lunes singulares en los que casi todo está cerrado porque es cuando descansa el comercio. Con la epidemia, en Grado todos los días de la semana son un lunes severo en el que calles están marcadas por la ausencia.

El concejo ha vivido los golpes de la epidemia por partida doble y ha sufrido los reveses de los dos principales brotes de Asturias. El primero de forma indirecta. Cuando se declaró el de la Fundación Masaveu en Oviedo, un centro de formación profesional que llevó en 48 horas a la clausura acelerada de todos los colegios de Asturias, uno de los primeros casos de contagio fue el de uno de sus alumnos que es, a su vez, jugador y entrenador de categorías infantiles en el equipo de fútbol local: El Mosconia. Su presidenta, Mónica Rodríguez cuenta que la misma mañana que recibió la noticia se pusieron a tomar medidas. Consultaron en el 112, esperaron la confirmación del positivo y en cuanto la tuvieron decidieron suspender los entrenamientos. Fue duro y confiesa que una vez todo estuvo cerrado, lloró viendo todo tan vacío, sin niños ni ningún ruido. Era un presagio de lo que terminaría por pasar en todos los pueblos y ciudades del país.

«Al final tomamos la única opción posible que era cerrar los entrenamientos; era la primera experiencia con la epidemia y nadie sabía muy bien qué hacer. Llamé al Ayuntamiento, que colaboró con nosotros desde el principio, y se cerró todo. Tuvimos suerte, gracias a dios, que no se contagió ningún neno, que yo era el miedo que tenía», cuenta Mónica Fernández. El club actuó de forma ejemplar, y también lo hicieron tanto el primer jugador afectados como el resto de sus compañeros y entrenadores que «en cuanto lo supieron fueron para casa y no salieron hasta que les pudieran hacer pruebas». Algunos pudieron hacerlas y otros no, pero fueron pasando los días, más de una semana y no había noticia de ningún nuevo contagio. Parecía que se abría un momento de tranquilidad. Pero no era así.

En la residencia de ancianos de la localidad estalló el segundo brote de gran relevancia en Asturias, uno que ha afectado tanto a sus trabajadores como a residentes y que, a fecha de este viernes, sumaba casi dos decenas de fallecimientos. También allí se dieron historias de esperanza, como la recuperación de Arcadio Rodríguez, de 95 años, pero el pesar ha hecho mella en un pueblo en el que todo el mundo conoce a un amigo o un familiar afectado.

«Los primeros días veías a gente por el paseo del río, gente que sacaba la bicicleta, no lo veías como una realidad. Se asustó la gente con lo del Mosconia, que fue el boom, pero al ver que desapareció todo, que no hubo más positivos ni nada; hasta que no pasó lo de la residencia no nos dimos cuenta de que el problema era gordo y serio»; explica Mónica Fernández.

La presidenta del Mosconia insiste en que «al principio creo que no estábamos muy mentalizados de lo que había y para salir de casa estaba la excusa del perro o ir a comprar. Hasta que llegó lo de la residencia de ancianos que fue lo que de verdad nos hizo pensar que no era una broma». Con el endurecimiento del confinamiento, pero sobre todo con la cercanía del dolor de muchas personas conocidas todos tiene muy presente el rigor que es necesario para afrontar la epidemia. «Ya te da hasta más respeto ir a comprar, y vas por la calle y prácticamente ni saludas».

El equipo de gobierno municipal ha desplegado una pancarta de apoyo a los trabajadores del ERA, que como los sanitarios, sufren en primera línea lo estragos de estar en contacto directo con la población de riesgo. «No nos parece oportuno decretar días de luto, ni ondear banderas a media asta, ni guardar minutos de silencio; no mientras la pandemia continúa cebándose con nuestros mayores», señalaron en un comunicado que incidió especialmente en que «lo que toca ahora es mantener los servicios esenciales y, el resto, quedarnos en casa. Ese es el camino para vencer al virus».

El alcalde, Jose Luis Trabanco ha señalado que su deseo es «que pase cuanto antes esta pesadilla y dar mucho ánimo, fuerza y cariño a nuestros mayores, que son los que nos han sacado adelante, los que vivieron tiempos difíciles y ahora también los más débiles y una vez que recuperemos la normalidad no queda otra vía que no sea trabajo, trabajo y mas trabajo».

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