Condenan a una vecina de Arriondas por el ruido de los perros de su nieto

La Voz OVIEDO

ASTURIAS

Imagen de archivo de perros en un albergue
Imagen de archivo de perros en un albergue

La Audiencia estima el recurso interpuesto por su vecina ante los problemas que le ocasionan los ladridos por la noche

14 may 2020 . Actualizado a las 12:47 h.

La Audiencia Provincial de Oviedo ha condenado a una vecina de una zona rural de Arriondas a reducir el exceso de ruido que generan los ladridos de los cuatro perros que guarda en su finca y que son propiedad de su nieto para que no superen el máximo legalmente establecido y se enmarquen dentro de los «límites de tolerancia». El tribunal ha revocado así la sentencia del juzgado de Cangas de Onís que absolvió a la propietaria de la finca, A.M.S., tras estimar el recurso de apelación interpuesto por su vecina, M.E.C.M., ante los problemas que le ocasionan los ladridos de los canes especialmente durante la noche.

Los magistrados reconocen que el ruido emitido por los animales supera el máximo legalmente previsto en horario nocturno e instan a A.M.S. a que elija cualquier fórmula «entre las muchas posibles». Entre otras ideas, la Sala le sugiere el traslado de las jaulas y los cuatro perros a otro lugar dentro de la finca, de una extensión superior a dos hectáreas, y que la distancia a las viviendas más próximas «difumine el impacto sonoro», o la insonorización del habitáculo, de modo que el ruido que se propague al exterior y no supere el máximo legal «admisible».

El abogado Alfredo García López interpuso la demanda en representación de M.E.C.M., para que se declarara la ilegalidad de la inmisión de ruidos y la obligación de su cese al amparo del reglamento de Actividades Molestas, Insalubres, Nocivas y Peligrosas. El letrado alegaba que su representada vivía en el pueblo desde 1997, donde disfrutaba de un «apacible e idílico ambiente, rodeado de naturaleza», pero que a raíz de que A.M.S. instalara en 2018 en su finca colindante cuatro jaulas para los perros el ruido de los animales perturbaba «el legítimo y pacífico» disfrute de su domicilio.