La Iglesia asturiana inmatriculó de manera sistemática más de 550 propiedades

La Voz

ASTURIAS

Iglesia de San Juan el Real de Oviedo
Iglesia de San Juan el Real de Oviedo

Un nuevo listado del Colegio de Registradores incluye templos, cementerios, capillas vecinales, campos de frutales, fincas urbanas y solares, la inmensa mayoría sin ningún tipo de documentación.

19 may 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Fue una labor sistemática desarrollada durante años. La Iglesia asturiana aprovechó la rendija de la Ley Hipotecaria de 1946 y la posterior reforma del Gobierno Aznar para inmatricular a su nombre todo tipo de propiedades, desde templos a cementerios, capillas vecinales, terrenos de frutales, fincas urbanas y bienes protegidos por la Unesco, como el prerrománico asturiano. Un listado del Colegio de Registradores del Principado incluye un total de 553 propiedades. De la inmensa mayoría no había ni un solo documento que acreditara la titularidad. En concreto, en 516 se realizó por lo que se denomina certificación eclesiástica, es decir, una declaración del obispo o del arzobispo, de la máxima autoridad eclesiástica, que atestigua que el bien es suyo.

Se trata, por tanto, de un listado mucho más completo que el remitido a la Junta General del Principado, en el año 2018, donde apenas había 26 casillas. No obstante, el Grupo de Inmatriculaciones Asturias avisa. Este tampoco está completo. En las investigaciones que han hecho a título particular han aflorado propiedades inmatriculadas que no están en esta lista oficial del registro. Cuentan con notas simples para demostrar, por ejemplo, que la Iglesia puso a su nombre San Julián de los Prados o San Miguel de Lillo, otros dos bienes del prerrománico asturiano que gozan de protección internacional. La investigación sigue en marcha.

Las pesquisas no solo intentan sumar más bienes sino también descubrir las circunstancias en las que se realizaron las inmatriculaciones. El listado actual señala en qué registro se realizó el trámite, el número de inscripción de la finca, la localidad en la que se asienta, una brevísima descripción, que en algunos casos se ciñe a una sola palabra; el tipo de bien, si consta de dependencias complementarias y si existía alguna documentación al margen de la ya citada certificación eclesiástica. Sin embargo, no consta, por ejemplo, el año en el que se realizó. La fecha tiene una importancia crucial, ya que la legislación no siempre ha permitido el mismo procedimiento.