«Con la pandemia el HUCA ha demostrado que es un gran hospital»

Jaime Rabanal recuerda los inicios de la construcción del HUCA y la asunción por parte de Asturias de las competencias sanitarias

Jaime Rabanal
Jaime Rabanal

Jaime Rabanal fue como consejero de Hacienda protagonista de dos episodios clave en la conformación del actual sistema sanitario asturiano que ha sido presentado como modelo en la gestión de la pandemia del coronavirus. Fue negociador de la transferencia de las competencias sanitarias a finales de los 90 del siglo pasado con el gobierno de Aznar y también uno de los responsables de la puesta en marcha del Hospital Universitario Central de Asturias, el HUCA, que sustituyó al conglomerado de El Cristo. Y no fue un camino sencillo sino acompañado de enorme y en ocasiones virulanta polémica política.

-El HUCA se ha convertido en un símbolo de buena gestión ante la pandemia, incluso más allá de las fronteras asturianas.

-El HUCA es un gran hospital con grandes profesionales y en este caso han podido demostrarlo. Es un hospital que hay que verlo en su trayectoria, lleva años asentando intentando mantener una cultura común pero el HUCA tiene una historia muy larga. Eran tres hospitales, incluso podríamos hablar de cinco, por lo que había arriba en El Cristo, silicosis, provincial e instituto de la Seguridad Social que incluso tenía otros dos edificios, quiero decir que era muy complejo. Se ha ido unificando y ha demostrado su capacidad, tiene infraestructuras positivas y muchos y muy buenos profesionales. Con la pandemia lo han demostrado y a mí me ha producido satisfacción haber podido trabajar allí.

-¿Cómo la nace la idea de crear un nuevo hospital en la época de la presidencia de Areces?

-Yo lo recuerdo desde el punto de vista de su repercusión e impacto presupuestario y luego porque fui presidente de la sociedad Gispasa que lo construyó. En aquel momento, los años 2000, antes de las transferencias ya había un debate sobre situaciones como la nuestra en Asturias en la que había hospitales dependientes de distintas administraciones, de la antigua ISNA, de la Diputación, etc; y también había una nueva concepción sobre cómo desarrollar la asistencia sanitaria. Entonces había dos ideas básicas, los que propugnaban hacer cosas nuevas, de acuerdo con los nuevos modelos de atención sanitaria, y los que propugnaban reformar lo antiguo. En el caso de Asturias, la idea del gobierno de Areces era clara, hacer algo nuevo porque se entendía que reformar lo que había, daba la complejidad que tenía, y manteniendo la asistencia, era muy demasiado complicado, iba a ser muy difícil cambiar las circulaciones verticales, horizontales, etc. Se decidió desde el principio, antes de las transferencias, construir un nuevo hospital y además la idea de hacerlo en La Cadellada también estaba por razones urbanísticas. Tan es así que el gobierno de Areces empieza en el año 99 y en 2002 se adjudica el proyecto, se hace un concurso internacional para su redacción y las transferencias se reciben en el 2001. De hecho, con todos los debates, retrasos que se señalaron en la entrada en funcionamiento del HUCA, aunque yo no lo comparto, hay que contemplar también lo que se hizo en otros sitios, es decir, en Valdecilla (Santander), Son Espases (Baleares), Granada, Toledo creo que es también el caso, y donde se decidió reformar lo que ya había y son hospitales que todavía mantienen los problemas de esa idea.

-Pero fue una decisión, la de apostar por un hospital nuevo, que fue polémica en el ámbito político, ¿a qué achaca esa resistencia especialmente en el espectro conservador?

-Sí, hubo un debate político muy fuerte, incluso el gobierno central (en el mandato de Aznar) para apoyar la idea de la reforma de las instalaciones ya existentes, llegó a consignar una dotación presupuestaria en su presupuesto, antes de las transferencias naturalmente, para condicionar esa decisión. Porque el Gobierno del Principado estaba decidido a una nueva ubicación y el Partido Popular y el gobierno central, que entonces era del PP, apoyaba la otra idea. Era una idea extendida, había distintas apreciaciones en ese sentido. Pero sí, hubo un debate político muy fuerte.

-¿Cree que el tiempo le ha dado la razón a la opción del hospital nuevo?

-Yo creo que sí, y no lo digo por mi participación, han pasado muchos años y lo veo con perspectiva. Desde el punto de vista arquitectónico y técnico hubiera sido muy, muy complicado, manteniendo la asistencia sanitaria hacer algo que realmente cambiara las condiciones de asistencia, las infraestructuras, las dotaciones, las circulaciones, en el viejo edificio. Hubiera sido muy difícil por no decir imposible. Pero además, los elementos que venían de atrás, es decir, nosotros teníamos silicosis, la residencia y el provincial y en la residencia estaba rehabilitación y ginecología; y todo eso funcionaba con su propia dinámica diferente. Con estructuras y servicios diferenciados, aunque se hubiera integrado, alrededor del año 90, en una gerencia única, la dinámica organizativa y funcional diaria era diferenciada. En silicosis había una UVI, había radiología y en el hospital también y funcionaba de forma diferenciada. Hubiera sido muy difícil integrar esas distintas culturas de organización. Y lo conocen muy bien los jefes de servicios que muchos de ellos conocieron los dos modelos, el de antes y el de ahora, y podrían hablar largo y tendido sobre ello.

-Aunque se considera la joya de la corona del sistema sanitario de Asturias también ha tenido problemas, de sobrecostes y de goteras, algunas muy recientes.

-En cuanto a los sobrecostes, se ha denominado así, yo no participo de esa idea, no sólo porque no haya sido responsable sino porque conceptualmente no corresponde en mi opinión. Hubo además una comisión parlamentaria, la propia fiscalización de la Sindicatura de Cuentas en distintas ocasiones, es decir, el proyecto del HUCA se plantea inicialmente con una concepción más tradicional de lo que es la atención sanitaria moderna, y cuando nos ponemos a construirlo las ideas están cambiando sobre todo hacia la solución ambulatoria de muchos problemas. No sé exactamente ahora, pero lo que se hizo es cambiar alrededor de 10.000 metros cuadrados en la construcción, de dotó de muchísima más amplitud al área ambulatoria y la oncología, radiología y los laboratorios, todo lo que son los servicios centrales y las consultas externas, para intentar dar respuesta a lo que se entendía en ese momento que era la asistencia moderna. Y eso da lugar a costes adicionales. Además de algunos problemas técnicos, se modificó el reglamento técnico de la construcción y hubo que adaptarlo, se aumentaron las circulaciones verticales, es decir, hubo un conjunto de modificaciones y se entendió que había que hacerlas para que aquello fuera un hospital funcional y con unas circulaciones adecuadas, y eso suponía más coste. Eso se llamó sobrecoste y falta de control pero en realidad fue esto.

-¿Y las goteras?

-Técnicamente no sé a qué se deben, sí sé que en la época en la que abrimos el HUCA, que también fue polémico y tuvimos un problema de goteras y tenía que ver con obstrucción de las bajantes. Eso era en aquel momento, no sé ahora las razones de tipo técnico pero quizá sea una cuestión relacionada con el mantenimiento, no lo sé.

-¿Esa reorganización y coordinación de centros hospitalarios es el origen del sistema sanitario actual?

-Claro, es que las transferencias empiezan a funcionar en el 2002 y de ahí en adelante, durante el tiempo que tengo el honor de estar en el mandato del presidente Areces, prácticamente se renuevan todos los sistemas, se dotan los hospitales de cabecera de las ocho áreas sanitarias, se construyen centros de salud, se contrata personal. La estructura del sistema sanitario asturiano, y se ha mantenido a pesar de las limitaciones como la crisis de 2008, es buena. Asturias tiene ahora mismo una ratio del nivel de camas por 100.000 habitantes de las más altas de España, por encima de la media, y eso se nota.

-Ahora parece muy natural que las competencias sanitarias correspondan a las comunidades pero la transferencia es relativamente reciente y además la hizo un gobierno conservador, el de Aznar, ¿cómo fue ese proceso?

-Fue una negociación complicada porque el debate atendió mucho a la parte financiera; nuestras estimaciones de gasto estaban por encima de las que nos daban entonces el Ministerio de Hacienda y yo personalmente estaba preocupado, y le transmití al presidente esa idea de que el primer año que tuviéramos las transferencias tuviéramos también un déficit. Fue una negociación muy complicada, fuerte, tensa quizá también pero manteniendo los principios. Entonces era ministro de Hacienda Cristobal Montoro y al final conseguimos obtener el gasto que nosotros habíamos estimado como coste de prestación del servicio sanitario en Asturias. Incluso hubo un acuerdo adicional que firmó Areces con el Ministerio, el convenio para la reforma de La Laboral, que aquel año no se puso en el presupuesto y que el ministro Montoro cumplió en el 2004 ó 2005.

-Ha habido un gestión distinta en las comunidades de la pandemia, ¿tiene su origen esa desigualdad en la transferencia de las competencias?

-En la crisis sanitaria relacionada con la pandemia han influido muchas variables y no querría meterme en la medida en que no las controlo con precisión, en todo caso, lo que sí se puede señalar en la parte que corresponde a la asistencia sanitaria, porque hay otras que tienen que ver con la salud pública y con la coordinación, de manera muy importante, las dotaciones de recursos sanitarios críticos, como por ejemplo las camas de UCI, ha sido un elemento muy importante para responder. El que las tiene, que es el caso de Asturias. Porque después de las comunidades forales, Asturias tiene el gasto sanitario más alto de España y eso es una decisión de los gobiernos, de todos, porque se ha mantenido a lo largo del tiempo con las transferencias. Y eso influye, naturalmente, en el resultado. Luego hay otros elementos y variables, que tienen que ver con salud pública, con la coordinación, que son de otra dimensión.

-Con el mando único se ha recuperado el debate sobre si el Estado no debería mantener un mínimo de gestión común en el ámbito sanitario ¿es usted partidario?

-Yo creo que, si como sociedad, queremos mantener en Asturias en España y en Europa, lo que tenemos, las cotas de bienestar, tendremos que dotarnos de mecanismos organizativos que le den solución. Estamos hablando de problemas globales y no podemos responder a ellos desde lo local por muy buena dotación sanitaria que tengamos. Por tanto, una coordinación del Estado no contradice la gestión sanitaria de las comunidades autónomas, que es un modelo que ha funcionado razonablemente bien. La coordinación del Estado es imprescindible. Pero también la de Europa.

-En todo esto también tendrá un peso relevante la financiación autonómica, y de hecho en la discusión sobre el reparto del Fondo para hacer frente al gasto extraordinario por la pandemia se reproducen los mismos argumentos, con Asturias defendiendo que se tenga en cuenta el envejecimiento y la dispersión de la población, por ejemplo.

-Ahí hay un debate que no hemos enfocado adecuadamente en el país. España es un país descentralizado, muy descentralizado, desde el punto de vista político, y de la capacidad para decidir sobre el gasto de las comunidades autónomas. Tenemos un sistema tributario, el que es, con los impuestos que son, como el IRPF, Sociedades, etc, con buena parte de la recaudación cedida a las comunidades; y tenemos unas necesidades que financiar, que son sanidad, educación y servicios sociales. Mientras no hablemos del conjunto, de cómo financiamos todas esas cosas, y seamos las comunidades autónomas también corresponsables, hay que ponerlo encima de la mesa el cómo se financia. Las comunidades no pueden ser ajenas al sistema de pensiones porque salen de un sistema de tributos básico en el conjunto del país. Luego tenemos otros muchos problemas en relación con la presión fiscal, pero el enfoque tiene que ser global, qué servicios queremos financiar y con qué sistema tributario. Cuánto se recauda en cada territorio y cuánto debe haber de nivelación; y si es la decisión que tomamos, los que son más ricos tienen que ayudar a los más pobres. Y en eso, por cierto, tienen que incluirse las comunidades forales.

-¿En qué sentido?

-Debe abordarse, no en términos constitucionales porque el sistema foral es perfectamente constitucional , sino en medida de resultados. La financiación de las comunidades forales es casi el doble de las comunidades del régimen común y eso es una anomalía que se debería corregir. Con tiempo y con tranquilidad, pero que hay que corregir porque si no el sistema no alcanzará la estabilidad. Y el problema final es establecer cuáles son los costes de prestación de servicios, que es lo que el preocupa al presidente del Principado ¿es el mismo coste financiar una unidad de asistencia sanitaria en Cangas del Narcea que en Vallecas? Hay que saber cuál es el coste para poder financiarlo luego, total o parcialmente.

-En la cuestión de la armonización fiscal el choque sí ha sido más con Madrid, antes de la epidemia se presentaba junto a Asturias casi como dos modelos enfrentados sobre el cobro de impuestos.

-La cuestión está en que la comunidad autónoma le pide al Estado más ingresos pero en aquellos sobre los que tiene competencias para tomar decisiones, sus impuestos, los baja. Como pasa con el impuesto de sucesiones y donaciones u otros. Esto no parece de recibo. Hay que estimar adecuadamente el resultado de la recaudación de todos esos ingresos y decir si usted quiere bajarlos muy bien pero tiene menos dinero para financiar sus servicios, no se lo puede pedir al Estado. Y este es un debate muy importante que enlaza con el anterior, sobre cómo financiamos el conjunto de los servicios públicos; es un debate muy importante que tiene que ve con otros como la competencia fiscal desleal.

-A la crisis sanitaria le va a seguir una crisis económica, ¿qué pasará en Asturias? Antes de la epidemia ya había una preocupación seria sobre el impacto de la transición energética.

-Es un problema y deberíamos ser capaces de transformarlo en una oportunidad. Asturias, a diferencia de otras comunidades, tiene una tradición industrial potente y sólida, con industrias competitivas en el mercado mundial. Y un peso de la industria en su PIB importante también, debería intentarse mantener ese peso pero teniendo en cuenta hacia dónde vamos, a la industria 4.0, la robótica, lo verde, porque eso es inevitable. En mi opinión esta crisis sanitarias ha acelerado esos procesos que ya existían y hay que intentar dotarse de los instrumentos para hacerle frente.

-Pero muchos economistas ortodoxos, antes de la epidemia al menos, veían la industria como algo obsoleto ¿ha cambiado esto, lo hará por ejemplo vistos los problemas de desabastecimiento de los países occidentales al inicio de la pandemia?

-Es que hemos ido a una globalización integral sin mecanismos que la gobiernen y cuando nos hemos dado cuenta resulta que todas las mascarillas del mundo se producían en China, lo cual es un problema no sólo para España sino para el resto de los países. Los costes que en su momento nos hicieron llevar las industrias a China, la introducción de la tecnología en la producción, la robótica, etc, nos van a permitir traerla en términos competitivos. Y esa es la oportunidad que tenemos que desarrollar en Asturias, pero también en España o Europa.

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