Asturias estudia cómo limitar la movilidad en caso de un rebrote grave

El Principado traslada la consulta a los servicios jurídicos. Salud reconoce que es «previsible» que se detecten focos pero controlables sin recurrir al confinamiento

 Imagen de la playa de San Lorenzo, en Gijón
Imagen de la playa de San Lorenzo, en Gijón

El Principado está consultado con sus servicios jurídicos las herramientas que tiene a su alcance para decretar el confinamiento o limitar la movilidad en una zona concreta del territorio en caso de que se detecte un rebrote grave de coronavirus, ahora que ha ya concluido el estado de alarma. La Administración busca un instrumento que le permita actuar con agilidad en caso de que se produzca una transmisión descontrolada, pero lo cierto es que no la espera. En los escenarios que maneja la Consejería de Salud sí que aparecen focos, como los ya detectados en dos residencias hace unas semanas. Pero se trata de situaciones controladas, con un número escaso de positivos y con una rápida identificación de los contactos estrechos, para ponerlos en aislamiento. 

Así lo explica el director general de Salud Pública, Rafael Cofiño, que reconoce que «lo más previsible es que haya brotes que podamos controlar, como estos últimos que ya tuvimos». De hecho, matiza que hace ya casi dos semanas que no se han diagnosticado nuevos casos y los que se han sumado al cómputo global son algunos antiguos. Cofiño recuerda que en las dos residencias, una de Oviedo y otra de Gijón, la actuación fue rápida. En menos de 24 horas se habían hecho las pruebas, se había aislado a los positivos, identificado a los contactos estrechos y notificado la situación, para que adoptasen las medidas de aislamiento individual.

Marco legal y protocolos

Aunque no sea esperable, el Principado tiene que estar preparado. Lo que necesita saber es la capacidad jurídica que tiene si hay que adoptar medidas de confinamiento en un determinado territorio, ya sea una zona básica de salud, un concejo o un área sanitaria. La unidad de medida en la que se tendría que aplicar la limitación de movimiento no depende tanto de la herramienta jurídica como del número de infectados y de la intensidad que tenga el rebrote, es decir, cuántos positivos y cuántos contactos estrechos se localicen.

Una cosa es el marco jurídico y otra diferente la forma en la que se tratará de atajar. El confinamiento o reescalada se dará solo en caso de una situación grave de riesgo. ¿Pero cómo se actuará en el resto de las situaciones? No existirá un protocolo único de actuación. Cofiño explica que se utilizarán todos los manuales que se han ido elaborando desde el inicio de la pandemia y que se actualizan de manera periódica, desde los del manejo de los casos en Atención Primaria, al procedimiento de actuación frente al COVID-19 en Asturias en residencias de mayores y centros sociosanitarios o la estrategia de detección precoz. Toda esa documentación está disponible y los profesionales de cada ámbito la conocen, por lo que no les resulta extraña. «No existe un capítulo concreto que ponga «rebrote» pero sí que marcan cómo se debe actuar», argumenta el director general de Salud Pública. La prioridad siempre consiste en localizar a los positivos y en cortar la cadena de transmisión con urgencia.

Otra cosa diferente es dónde pueden aparecer esos focos. El riesgo se concentra en donde hay agrupaciones de personas sin distancia de seguridad y sin mascarilla, sobre todo en espacios cerrados. «En un espacio cerrado, más de una hora, el riesgo crece», argumenta. En este caso, el principal motivo de preocupación no descansa tanto en los eventos multitudinarios, que están regulados por el decreto de vuelta a la normalidad del Principado, como de los encuentros entre familiares y amigos. «Como estamos entre gente que conocemos, nos relajamos. Nuestra percepción de riesgo disminuye y se puede dar un brote en racimo», señala Cofiño. La experiencia de otras comunidades así lo demuestra. Los dos brotes confirmados esta semana en Lugo tenían este tipo de origen.  El segundo punto débil está en equipamientos en los que puede haber población vulnerable, como los centros sociosanitarios. Ahí es donde Asturias tuvo su primer traspié durante la desescalada y donde ahora pueden volver a aparecer casos. 

La experiencia de otras comunidades parece revelar que en estos focos de transmisión la mayor parte de los positivos son asintomáticos o leves. Nuevamente, el director general de Salud Pública precisa que si todos los positivos fuesen asintomáticos no habría ninguna alarma, ya que no habría problemas de salud para nadie. La clave son los enfermos. Hay que evitar el COVID-19, que es la patología que se puede desarrollar con el coronavirus. Así que los asintomáticos lo que impiden es la detección precoz, ya que pueden estar transmitiendo sin que se sepa hasta que alguien comience a tener síntomas. 

La única manera de hacer frente al coronavirus en estos momentos, cuando todavía la vacuna es una posibilidad, es con distancia de seguridad, mascarilla y la higiene de manos. Rafael Cofiño insisten hasta la saciedad en la necesidad de incorporar estos aspectos en la rutina diaria. Está convencido de que la sociedad asturiana lo está interiorizando. Quizá haya menos percepción de riesgo entre los más jóvenes y sea el grupo de edad que menos usa la mascarilla. Pero intenta no generalizar.

  

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