Natalio Grueso tuvo bastante trabajo en sus cinco años al frente del Centro Óscar Niemeyer para poner en marcha «el mayor» equipamiento cultural del mundo como para ocuparse de las cuentas. Un descuido que se ha saldado con ocho años de prisión. Así lo afirmó Grueso durante su comparecencia ante la comisión que investigó en el parlamento asturiano la gestión de un equipamiento cultural marcado por la polémica desde su inicio, cuando el arquitecto brasileño que le dio nombre cedió en 2006 el diseño del edificio a la Fundación que le otorgó el entonces Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 1998.

Concebido inicialmente como museo de los galardones su ubicación generó una agria polémica localista entre Oviedo y Avilés, la ciudad que, tras sufrir los efectos de la reconversión siderúrgica, aspiraba a reproducir junto a su ría el «efecto Guggenheim» que modificó para siempre el paisaje y la concepción de otra ciudad industrial como Bilbao.

Desde su cargo como director de Relaciones Internacionales de la Fundación Príncipe y de comisario del XXV aniversario de los galardones, Grueso estuvo desde el inicio en la gestación de un proyecto cuya primera fase se inauguró en diciembre de 2010, coincidiendo con el 103 cumpleaños de Niemeyer, tras una inversión de 43 millones a cargo del Principado y del Estado. A partir de ahí el ya director del Centro inició un camino que, con abundantes dotaciones presupuestarias y una agenda de contactos culturales heredada de su anterior cargo, fascinó al político que se había sumado con entusiasmo al proyecto, el entonces presidente del Principado, Vicente Álvarez Areces, al que Grueso reportaba directamente su gestión en el Niemeyer.

Y no se ahorraron gastos. Woody Allen, Paulo Coelho, Jessica Lange o un «G-8 de la cultura» constituido junto a centros como el Pompidou de París, la Ópera de Sidney o la Biblioteca de Alejandría pasaron por un Niemeyer cuyos responsables acudían al Festival de Cannes o presentaban en Avilés el montaje de «Ricardo III» protagonizado por Kevin Spacey. Antes de su apertura, por sus obras de construcción se dejó ver el protagonista de «Troya» o «Seven», un Brad Pitt que acudió a conocer y a fotografiarse en el futuro centro para estudiar una posible colaboración con el futuro centro dado su carácter de «apasionado» de la arquitectura.

El desembarco de Cascos

El vuelco político que supuso en Asturias la irrupción de Foro Asturias en torno a la figura de Francisco Álvarez-Cascos, que ganó las elecciones autonómicas de 2011 pocos meses después de su creación, puso en la picota a un centro dedicado, según el Gobierno surgido de las urnas, a la «cultura del espectáculo» a cambio de los elevados fondos públicos que recibía. Sus responsables fueron destituidos, el centro se cerró, el Gobierno asturiano -propietario del centro- pidió la devolución de subvenciones. Por perder, el Niemeyer perdió hasta su nombre.

La tormenta política por la gestión del Ejecutivo de Foro con el emblema de la política cultural del anterior Gobierno socialista -el propio Niemeyer llegó a pedir que se evitara su cierre- marcó la campaña de las elecciones autonómicas que, de forma sorpresiva, Álvarez-Cascos convocó de en marzo de 2012 y en las que el PSOE volvió al poder de la mano de Javier Fernández, recuerda EFE.

Aunque Grueso pudo recuperar, rápidamente, tras su cese, un puesto de gestor cultural como director de Artes Escénicas de la Comunidad de Madrid y del Teatro Español, la polémica sobre sus presuntas irregularidades en el Niemeyer ya no tenía marcha atrás: el nuevo Gobierno asturiano encargó una auditoría que se saldó con una denuncia contra el exdirector del centro. Los políticos en Asturias habían «destrozado el principal proyecto cultural del país», aseguraba un Grueso dedicado tras su salida de los centros culturales madrileños a la literatura - es autor de tres novelas y de la biografía Woody Allen, el último genio-, que cuestionaba también si los diputados que investigaban su gestión serían capaces de distinguir El rey Lear de El rey león.

Tras un juicio que se prolongó durante casi seis meses Grueso ha visto cómo se le imponía una pena de ocho años de cárcel, un lugar que conoció entre el 18 de septiembre al 24 de octubre de 2018 ante el riesgo de que intentase sustraerse a la acción de la justicia tras facilitar al tribunal dos direcciones donde no residía y del que salió tras pagar una fianza de 40.000 euros. De hacerse efectiva la condena el exdirector del que estaba llamado a ser el «mayor centro cultural del mundo» podrá reflexionar sobre esa plaza «abierta a todo el mundo, un lugar para la educación, la cultura y la paz» que soñó el arquitecto brasileño fallecido en 2012 a los 105 años.

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Natalio Grueso: de codearse con Brad Pitt a la cárcel