Así consiguió Asturias ser un territorio libre de coronavirus

El Gobierno regional apunta a un cóctel de medidas que abarca desde la calidad de las pruebas PCR a la anticipación en la toma de medidas y también el aislamiento

Técnicos sanitarios del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA), trabajan en el interior de la cabina de seguridad del laboratorio de virología de este centro de referencia del Principado
Técnicos sanitarios del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA), trabajan en el interior de la cabina de seguridad del laboratorio de virología de este centro de referencia del Principado

«No todo se ha debido al aislamiento porque ha habido otras zonas geográficas similares en nuestro país con más casos». El que habla es Rafael Cofiño, director de Salud Pública del Principado, intentando describir por qué Asturias es, en estos momentos, un territorio libre de coronavirus, después de más de tres semanas sin un solo positivo. Recalca esa circunstancia temporal, el «en estos momentos», porque reconoce que el Gobierno asturiano trabaja sobre la hipótesis previsible de un rebrote y de una segunda oleada en otoño. De hecho, esta semana ha saltado la alarma con el caso de una asturiana que reside en Ribadeo pero que tiene su tarjeta sanitaria en Asturias. Así que cuando habla de las claves para entender cómo la región ha puesto contra las cuerdas al coronavirus, cita razones geográficas, la anticipación en la toma de decisiones, la vigilancia epidemiológica estrecha, la buena labor asistencial y el meritorio comportamiento ciudadano.

Los datos, a fecha 3 de julio, son contundentes. En una población de algo más de un millón de habitantes, se han confirmado 2.435 positivos y se han producido 338 fallecimientos. Otro dato importante para completar la radiografía son las muestras procesadas. Se han realizado 221.555 análisis para determinar la presencia de COVID-19, 131.276 son PCR. Por número de habitantes, el Principado se coloca a la cabeza en el mundo.

Volviendo al principio, ¿cómo ha llegado una pequeña región, con una economía que no pasa por su mejor momento y una población envejecida y vulnerable al coronavirus a esta situación? Las claves las ha enumerado Cofiño, que se ha convertido en una de las caras más visibles en esta crisis, junto con el consejero de Sanidad, Pablo Fernández Muñiz.

El aislamiento. Ha habido concejos, incluso comarcas enteras, como Los Oscos, limpios desde el principio. Los casos se concentraron en el centro y en zonas básicas de salud donde se registraron brotes en residencias de mayores que tuvieron que ser medicalizadas. La pésima conexión con la meseta ha sido, en este caso, beneficiosa.

La anticipación. Se actuó solo con sospechas. En eso insiste el Gobierno asturiano. Se cerraron los colegios solo con la sospecha de un caso. El Principado ya había publicado su decreto de cierre de hostelería y comercio 24 horas antes de que Pedro Sánchez declarara el estado de alarma.

La vigilancia epidemiológica estrecha. Con los primeros casos hubo un análisis exhaustivo para determinar la fuente. A medida que avanzó la epidemia, la clave se trasladó a las PCR. Se hicieron centenares de pruebas al día. El Gobierno siempre ha insistido en que las pruebas indiscriminadas no tienen sentido sino que deben responder a un criterio médico. Se pudo realizar ese ingente volumen gracias la potencia del Laboratorio de Virología del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA), que tenía prueba propia, infraestructuras y personal para obtener resultados de elevada fiabilidad.

La labor asistencial. El Servicio de Salud reordenó los equipamientos en cuestión de días. Contó con el Ejército para montar hospitales de campaña en los que realizar el triaje de los pacientes. Habilitó centros especiales para atender a pacientes no graves que no podían permanecer en sus domicilios. Incluso se inventó un hospital de campaña en Gijón, al modo de Ifema, que nunca fue necesario usar. La Atención Primaria también cumplió su papel, con el seguimiento de los aislamientos domiciliarios.

Los asturianos presumen de sistema sanitario y más ahora. Es un motivo de orgullo. Lo mismo sucede con el Gobierno regional, que ha seguido manteniéndolo como una prioridad presupuestaria, con un hospital en cada una de sus ocho áreas sanitarias y con una tupida malla de centros de salud y consultorios periféricos.

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