Carlos Bardem: «La globalización neoliberal y capitalista es insostenible»

La Voz de Asturias entrevista al escritor, guionista y actor, que presenta su novela Mongo Blanco en la Semana Negra de Gijón

Carlos Bardem
Carlos Bardem

Gijón

Durante el confinamiento, Carlos Bardem (Madrid, 1963) se ha mantenido todo lo ocupado que las circunstancias permitían. A la promoción de su novela Mongo Blanco (Plaza & Janés, 2019), que acaba de presentar en la Semana Negra, se ha unido la creación de la comedia situacional Diarios de una cuarentena en TVE (y, ahora, Relatos Con-fin-ados en Amazon Prime Video) y el documental Santuario. Considera que la COVID 19 ha dinamitado por completo el relato neoliberal y cree que la situación que estamos atravesando se convertirá en un tema con entidad propia en la literatura y el cine de los próximos años.

--A pesar del confinamiento ha estado de lo más ocupado en los últimos meses, con la promoción de Mongo Blanco, el documental Santuario y la serie Diarios de una cuarentena.

--Acabamos de estrenar además Relatos Con-fin-ados, que no es una serie cómica al estilo de Diarios de una cuarentena, sino que son cinco películas cortas, más en el lenguaje cinematográfico, y que están funcionando muy bien

--¿Ha servido esta actividad para abstraerse un poco de todo lo que sucedía de puertas para fuera?

--Si, yo he intentado mantenerme ocupado. Una manera de abrir puertas y ventanas cuando no puedes hacerlo físicamente es estar generando proyectos e ideas. De eso vivo y eso es lo que me apasiona.

--¿Se convertirá la COVID 19 en un nuevo recurso temático para el cine y la literatura?

--Yo estoy convencido de que ya debe estar terminándose de escribir una obra maestra sobre todo esto… y también muchas malas novelas (risas). Tiene que serlo por fuerza. El Decamerón de Boccaccio y Diario del año de la peste, de Dafoe, se escribieron después de una peste. Por fuerza los creadores son seres humanos marcados por un momento histórico y este que nos ha tocado vivir ha sido muy jodido. Por supuesto que toca reflexionar sobre ello y, de esa reflexión, saldrán cosas muy buenas y otras regulares.

--Mongo Blanco narra las vivencias de Pedro Blanco, uno de los mayores negreros del XIX ¿Puede ser que en la actualidad estemos viviendo una suerte de nuevo esclavismo auspiciado desde los poderes económicos que, sin embargo, no precisa de grilletes?

--Por supuesto. Cuando el esclavo ama a su amo no necesitan látigos. Esa es la función generadora de ideología y relato de los grandes poderes. No nos podemos olvidar de una cosa que esta pandemia ha puesto al descubierto, ha mostrado sus costuras y ha dinamitado, que es la globalización neoliberal y capitalista. Ese relato es insostenible y lo único que nos salva a todos es lo público y actuar en comunidad.

--¿Cómo es posible que en Europa y España tanta gente de clase obrera vote a partidos cuya ideología y discurso se sitúan en las antípodas de sus intereses y de lo que deberían ser sus principios?

--El relato neoliberal que, por desgracia, para muchos es la revolución triunfante en los últimos cincuenta años en el mundo, en lo que se basa es en una gran mentira, que consiste en meterle a la gente en la cabeza que ya no hay clases sociales, que todos somos consumidores y que tus intereses fiscales son los mismos que los de Amancio Ortega, aunque ganes 1.000 o 1.200 euros. Vemos mucha gente que vota gustosa a otra que lo que hace con sus políticas es debilitar y recortar sus derechos, su capacidad de aguante económico y los precariza. Ese es el esclavo que ama a su amo al que nos referíamos.

--¿Por qué se ha mantenido bajo la alfombra tanto tiempo la participación española en la trata mundial de esclavos?

--Se ha mantenido bajo la alfombra, porque a los que son los dueños de las alfombras no les interesaba que se levantaran. En el esclavismo España tuvo una participación intensa y extensa. La Revolución Industrial se nutre de dos economías de plantación. Una es la del algodón, que es la esclavitud que todos tenemos presente, es decir, la de Kunta Kinte, Alabama…, pero igual de cruel era la gran economía de plantación, que era la de los señores de la caña de azúcar. Puerto Rico y, especialmente, Cuba llegaron a ser el azucarero del mundo en el XIX. Eso era todo propiedad de esclavistas españoles y estaba surtido por negreros españoles.

--¿Cuál ha sido el principal reto a la hora de construir un personaje tan complejo y lleno de aristas como el de Pedro Blanco?

--El reto era hacer un personaje humano. Porque si haces uno monstruoso es imposible que resulte atractivo seguirlo durante más de seiscientas páginas. El desafío era construir un personaje apasionante. Que, si, es un monstruo, pero quería lograr que te resulte apasionante escuchar las razones del monstruo. Ahí quizá me influyó mucho mi experiencia como actor. Y es que yo suelo interpretar a seres muy malvados y nunca los juzgo. Intento comprenderlos, que no es lo mismo que justificarlos. Todo el mundo tiene una razón, acertada, errónea o absolutamente falaz para hacer lo que hace. Lo que le propongo a la lectora o al lector es un diálogo con uno de estos monstruos. Un tipo que, además, es bastante inteligente y que, por momentos, te va a atraer a su lado.

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