Seres aterradores, poderosos, casi siempre los malos de la iconografía medieval  en eterna lucha contra el poder divino. Asturias cuenta en su patrimonio románico con algunas valiosas imágenes en piedra, que en su momento pudieron servir para advertir a los fieles del mal que acecha en todas partes.

Tomados de la mitología grecorromana y reinterpretados por autores cristianos, esos seres fantásticos fueron analizados minuciosamente por los investigadores Pilar Docampo, Javier Martínez y José Antonio Villar en Animales fabulosos del románico en Asturias (Trea), que encontraron al menos cinco de ellos en edificios religiosos (y algunos civiles) del románico en el Principado: La anfisbena, el basilisco, la sirena, el grifo y el onocentauro.

La anfisbena

La describían como un criatura pequeña y de paso lento con dos cabezas, color tierra y piel áspera y dura que cambia de color, con posibles propiedades curativas frente a enfermedades producidas por el frío. Hay una tallada en un capitel de  la portada sur del monasterio San Pedro de Villanueva (Cangas de Onís). Se ven las dos cabezas, una hacia arriba y otra abajo a la derecha, que según los investigadores admite la interpretación de este animal fantástico, que podría identificarse con el demonio.

Anfisbena, un animal mítico con dos cabezas de serpiente. Capitel de la portada sur de la iglesia románica de San Pedro de Villanueva (Cangas de Onís)
Anfisbena, un animal mítico con dos cabezas de serpiente. Capitel de la portada sur de la iglesia románica de San Pedro de Villanueva (Cangas de Onís)

«En la cara izquierda, un personaje se abraza a la serpiente mientras que otro, al que ésta se le acerca al oído, parece rechazarla con sus manos; se diría que el primero al abrazarla sucumbe a la tentación y que el segundo, al rechazarla, la vence», explican. En la cara derecha, un ángel parece golpear a la serpiente, por lo que ambos lados del capitel representarían a la serpiente intentado embaucar mientras que lucha contra el bien.

El basilisco

Un animal mítico con cabeza de gallo, cuerpo de serpiente, alas y patas. Se trataba de un ser terrible, muy venenoso y mortífero, que algunos autores clásicos describen como no muy grande (alrededor de un palmo solo) pero ciertamente temible. «Era tal la potencia de su veneno que las plantas caían abrasadas al tocarlas y con la sola emisión de su aliento, las hierbas se agostaban y los peñascos se rompían», según los autores grecolatinos. También se le atribuía el poder de matar únicamente con la mirada, lo que lo hacía sumamente peligroso. La leyenda de Alejandro Magno incluía la caza de un ejemplar.

En cuanto a lo que representan en el arte románico, los escritores eclesiásticos, señalan los autores del libro, atribuyeron al basilisco algunas características de los clásicos, olvidaron otras y crearon interpretaciones nuevas. Por ejemplo, el basilisco sería el demonio que engañó a Adán y Eva; en cualquier caso siempre tiene connotaciones negativas.

Hay varios basiliscos en lo que fue el monasterio de San Pedro de Plecín, Alles (Peñamellera Alta), una figura que sobrevive a pesar del estado de abandono de las ruinas. También en la iglesia de San Vicente de Serrapio, Aller, existe una excelente representación, con cabeza de gallo, cuerpo de serpiente cubierto de escamas, patas largas y delgadas y alas. En las otras caras del mismo capitel figuran una sirena y un grifo.

El grifo

El historiador latino Mauro Servio define en el siglo IV al grifo como un animal semejante a un león en todo su cuerpo, con cabeza y alas similares a las del águila, ojos de fuego e imposible de capturar, una descripción que se repite más o menos en los siglos siguientes aunque el significado cambie. Los autores cristianos hablan de él porque aparece en la Biblia y lo usan con carácter simbólico religioso.

Grifo alado en la iglesia de San Vicente de Serrapio, concejo de Aller (Asturias)
Grifo alado en la iglesia de San Vicente de Serrapio, concejo de Aller (Asturias)

Docampo, Martínez y Villar descubrieron cabezas de grifos en los canecillos de la fachada sur de San Pedro de Teverga y figuras completas en los escudos familiares de los Riba, en Pedrosa y Santianes (Sariego). En el capitel derecho del arco del presbiterio de San Vicente de Serrapio (Aller) hay un grifo en el que «la elementalidad de sus formas, ajenas a cualquier concesión decorativa, muestra con gran intensidad del carácter aterrador», que a su juicio es el de mayor fuerza expresiva de los del románico asturiano.

En la iglesia de Santa Eulalia de Colloto hay otro en un capitel. En San Pedro de Plecín existen figuras más erosionadas, así como en Oviedo, en un capitel de la antigua Corrada del Obispo que se conserva en el Museo Arqueológico, donde hay dos grifos afrontados que sujetan entre sus garras una figura humana.

La sirena

La identificación de la sirena, dicen los autores, es complicada por su variedad de aspectos «producto de la metamorfosis sufrida a lo largo del tiempo» y por su parecido con otras criaturas mitológicas, por ejemplo la arpía. La tradición es muy antigua y muy amplia desde los griegos hasta la actualidad. Se supone que son animales mortíferos, que cantan y con ello atraen a los hombres hacia el placer para luego matarlos; por tanto, en la tradición cristiana, son relacionados con el pecado y su consiguiente castigo.

Sirena en la iglesia de Santa María de Villanueva de Teverga (Asturias)
Sirena en la iglesia de Santa María de Villanueva de Teverga (Asturias)

Existen dos tipos: la sirena-ave (a veces con cola de serpiente) y la sirena humano-pez. Del primero hay ejemplos en la iglesia de Sana Eulalia de la Lloraza y San Juan de Amandi (Villaviciosa), San Esteban de Ciaño, y Santa Eulalia de Colloto. Es difícil, señalan los autores, distinguir si son arpías o sirenas, pero en su opinión, en cuanto al románico asturiano, se trata de la segunda categoría puesto que las arpías estaban ausentes de la tradición eclesiástica, mientras que la sirena aparece en la Biblia.

Sobre la sirena con cuerpo de mujer y cola de pez, se pueden ver relieves en la iglesia de San Vicente de Serrapio, San Esteban de Ciaño y un capitel conservado en el museo de la Iglesia de Oviedo. ¿Por qué se producen estas otras representaciones?, se preguntan los historiadores. «La razón es que la sirena-pez fue el resultado final de una evolución que perduró siglos, en la que la sirena no solo sufrió modificaciones en su forma externa. También en la imagen interna, la evocación positiva o negativa experimentó grandes cambios» que dependían «de la opinión en boga», dicen.

El onocentauro

Un ser híbrido cuya parte delantera tiene forma de hombre y la posterior de cuadrúpedo, aunque a menudo, como ocurre con la sirena, adquiere distintas interpretaciones. En la Biblia aparece (y no así el centauro), lo que tiene mucha importancia a la hora de hablar del arte románico. «Su presencia (…) pone en guardia al creyente durante los siglos medievales ante la tentación de considerarlo un animal fabuloso o una mera ficción» de los autores paganos. Curiosamente, en las versiones modernas de la Biblia, los animales fantásticos se sustituyen por otros reales, por lo que el onocentauro desparece de los textos.

Un onocentauro, mitad hombre y mitad animal cuadrúpedo. Capitel de la iglesia de Santa María de Villanueva de Teverga
Un onocentauro, mitad hombre y mitad animal cuadrúpedo. Capitel de la iglesia de Santa María de Villanueva de Teverga

Algunos autores cristianos interpretan que el onocentauro representa a un hombre malvado de doble corazón y lengua, es decir, que peca de hipocresía. Otros creen que encarna los pecados de la soberbia y la lujuria, es mitad humano y mitad animal.

En cuatro iglesias asturianas, Santa María de Villanueva de Teverga, San Esteban de Ciaño, San Juan de Amandi y San Pedro de Plecín se pueden ver onocentauros en los capiteles. En San Juan de Amandi se encuentran dos simétricos en el interior de la iglesia, en uno de los capiteles del ábside. Miran en direcciones contrarias y una figura humana sujeta las colas de ambos; una composición similar que se encuentra en San Esteban de Ciaño.

Muchos han sobrevivido al paso del tiempo, otros es posible que se perdieran con la destrucción de elementos del románico, como la original iglesia de San Isidoro de Oviedo o el antiguo claustro de la Catedral. Los que quedan son testigos de una época en la que el arte era, para muchos, más real que la realidad.   

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Seres que mataban con la mirada