Raquel Fernández: «No voy a reconocer mi Beirut. Es un amasijo de escombros y algo muy injusto para los niños»

ASTURIAS

La asturiana Raquel Fernández, jefa de Comunicación y Alianzas Privadas de la misión de Unicef en el Líbano
La asturiana Raquel Fernández, jefa de Comunicación y Alianzas Privadas de la misión de Unicef en el Líbano

La explosión en el puerto pilló a esta asturiana, jefa de comunicación de UNICEF en el Líbano, de vacaciones. Lleva trabajando sin descanso desde el martes

07 ago 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

El estruendo de la explosión le llegó casi en tiempo real pero a miles de kilómetros de distancia, a través de medios tecnológicos y no del oído y de las entrañas. Aún está en shock. Sabe que su casa no tiene cristales y que ha sufrido daños menores, gracias a que se lo ha contado el vecino que siempre está alerta cuando se va de vacaciones. Pero ese no es el motivo de su desasosiego. La causa de su intranquilidad es la situación en la que se han quedado miles de familias y de niños en la ciudad, el compañero que ha perdido a su mujer, la compañera que permanece ingresada en un hospital y a la que no ha podido abrazar, los colegas que llevan dos días trabajando noche y día desde la fatídica tarde del martes. La asturiana Raquel Fernández es la jefa de Comunicación y Alianzas Privadas de la misión de Unicef en el Líbano, a la que pertenecen más de 220 profesionales. La detonación en el puerto de Beirut que ha arrasado la capital la ha pillado en el Principado, de vacaciones, pero lleva con un pie en dos mundos desde hace más de 48 horas. Ha intentado adelantar su regreso, previsto para el próximo jueves, pero entre la escasez de vuelos y las exigencias de PCR determinadas por la crisis del coronavirus ha desistido. Ayudará desde el otro lado del teléfono, donde es muy necesaria, con la adrenalina a pleno rendimiento. 

Teme y ansía regresar a partes iguales. Teme no reconocer la ciudad en la que lleva viviendo desde diciembre de 2018. «Me va a impresionar mucho. Veo imágenes de zonas que conozco y están arrasadas. Es la zona por la que paseaba y salía. No voy a reconocer mi Beirut. Es un amasijo de escombros. Es algo muy injusto para los niños y sus familias», expresa. Por otro lado, lamenta que vuelva «a llover sobre mojado y siempre sobre el más débil» y que el Líbano sufra la cuarta crisis consecutiva. Al millón y medio de refugiados sirios que asila un país con 4,5 millones de habitantes, se suma la crisis económica, el coronavirus y ahora la explosión, atribuida a la mala gestión unos depósitos de ácido nítrico. «Es lo que les faltaba», se duele. Pero sabe que será muy útil y que cada par de manos cuenta.

El desastre

Los mensajes llegados desde Beirut la sacaron de golpe de sus vacaciones. Raquel Fernández había pasado la pertinente cuarentena y ahora tenía más de 10 días por delante de ocio a pleno rendimiento. La confusión inicial se acrecentó cuando comenzó a ver vídeos con la explosión. Era dantesco. «En Beirut, el puerto está dentro de la ciudad. No es como El Musel, por ejemplo, que está muy cerca pero no dentro. Allí forma parte de la ciudad, en la que hay terreno ganado al mar», explica. Esto supone que la onda expansiva, a su paso, ha sembrado una destrucción sin precedentes, en la que hasta los fragmentos de cristal se convirtieron en proyectiles. Ha leído en medios americanos que su potencia y poder destructor lo ha convertido en la tercera explosión más dañina de la historia, solo por detrás de Hiroshima y Nagasaki.