«Estamos muy confiados, hemos bajado la guardia»

Ana Fernández, enfermera en quirófano del hospital de Cabueñes, relata cómo vivió la llegada de la COVID 19 al centro. No puede evitar pensar que «cualquier otro día a lo mejor hay que parar la actividad quirúrgica»

Ana Fernández, enfermera en el hospital de Cabueñes
Ana Fernández, enfermera en el hospital de Cabueñes

Asturias

Ana Fernández es enfermera en quirófano del hospital de Cabueñes. Como prácticamente toda la sociedad, Ana terminó 2019 con cierta inquietud ante lo que estaba ocurriendo con un virus no muy conocido hasta entonces, que estaba ya causando estragos en la ciudad china de Wuhan y se había comenzado a extender más allá de la provincia de Hubei.

Su inquietud tornó en preocupación cuando se supo que, a principios de este año, el coronavirus ya había hecho acto de presencia en Italia. El miedo apareció unas semanas después, cuando en su lugar de trabajo comenzaron a tomarse medidas drásticas de seguridad y organizativas, dando por hecho la inexorable llegada de la COVID 19 a Asturias.

«Como casi todos, yo me enteré de todo hacia diciembre, por la tele. Era bastante impactante lo que estaba pasando, aunque al principio como que lo ves de lejos. Luego, ya en febrero, se produjeron los primeros casos en España. Cuando llegaba a casa de mis padres lo hablábamos, pero de manera algo distendida. Ya fue otra cosa cuando vimos que estaba en Madrid. Yo iba en autobús al hospital y mi padre estaba asustado», explica esta joven gijonesa.

Esta enfermera relata que el momento en el que supo que la extensión del virus en la región era inevitable tuvo lugar «un par de semanas antes del confinamiento». Apunta que en el quirófano de Cabueñes, aparte del personal propio, «hay alumnos de medicina, enfermería y comerciales de prótesis». En esta línea, a principios de marzo, «hubo de repente una reunión y se suspendieron las clases y formación. Íbamos a trabajar los imprescindibles».

«Cuando llegó el primer caso estábamos ya en el confinamiento. Esa semana ya estaban empezando a hacer pruebas a compañeros y había mucho miedo», rememora. Recuerda, en concreto, «estar haciendo una noche con una compañera y hablar todo el rato de casos de jóvenes que habíamos oído que estaban pasándolo muy mal».

Cree que la relajación que está extendiéndose entre la población, en lo relativo a las medidas de higiene, distancia social y uso de mascarillas, es la principal culpable del aumento de los contagios que se está produciendo. «Pienso que estamos muy confiados. Como aquí estábamos muy bien bajamos un poco la guardia», lamenta. «Ahora mismo estamos trabajando bien, pero sí que está en la recámara el pensar que cualquier otro día a lo mejor hay que parar la actividad quirúrgica», indica.

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