Así viven la pandemia los asturianos que residen en Madrid

Carla Vega REDACCIÓN

ASTURIAS

Pasajeros con mascarilla en una estación del metro, en Madrid
Pasajeros con mascarilla en una estación del metro, en Madrid Eduardo Parra

Han pasado por las medidas de ambas comunidades y comparan, desde su experiencia, las diferentes restricciones que se han instaurado en el Principado y en la capital

03 oct 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

La manera de tratar la pandemia en cada país ha sido diferente, pero en España esta ha variado incluso entre comunidades autónomas. En cuanto los resultados de estas diferentes medidas comenzaron a hacerse notar en cada provincia, los reproches entre unos y otros gobiernos autonómicos no tardaron en llegar. El pique entre Adrián Barbón, presidente del Principado de Asturias, e Isabel Ayuso, presidenta de la comunidad de Madrid, aún sigue en pie y pasa por continuos mensajes públicos entre ambos para dejar constancia de qué gobierno ha manejado mejor o peor la situación de la covid-19.

Más allá de esto, hay quienes han podido comprobar de primera mano las diferencias entre ambas comunidades, las medidas tomadas en las mismas o cómo reaccionan los ciudadanos a las imposiciones establecidas debido a la pandemia. Graciela Díaz, María Palacios y Lucía González, las tres asturianas residentes en Madrid y que han pasado unos días de vacaciones en el Principado durante este verano, son una muestra de los miles de asturianos que viven en la capital y han podido comparar métodos.

Lucía Palacios lo ha hecho en primera persona, desde su puesto como enfermera en el Hospital Príncipe de Asturias. «Hay que tener en cuenta que Madrid fue el caos total. Aquí vivíamos el día a día, pensábamos en qué nos íbamos a encontrar a diario, qué medidas tendríamos, cuáles cambiarían... Madrid fue el foco más grande que tuvo España y mi hospital fue el más contaminado», explica Palacios.

La enfermera dice que el mayor caos que ella vivió en su puesto de trabajo fue entre finales de marzo y principios de abril, ya que la pandemia se presentó como una «novedad» ante la cual nadie sabía cómo reaccionar. «Creo que esa fue una de las mayores ventajas en Asturias, ya que al tener la oportunidad de ver cómo otras provincias estaban trabajando, contó con algo más de tiempo de reacción. Pero es que en Asturias se han hecho las cosas genial. Se han establecido unas medidas y unos protocolos que aquí no se tuvieron, aquí íbamos viviendo el día a día, trabajando con lo que teníamos», detalla María Palacios. «¿Que en Madrid no se hicieron las cosas bien? Pues no, pero tampoco sé qué podría decirte para mejorarlo, no sé cómo se podría haber hecho de forma diferente», añade.

Dejando a un lado la situación hospitalaria, las tres asturianas coinciden en que, en cuanto a compromiso ciudadano, ambas comunidades están a la par. «Cuando volví a Madrid el 13 de septiembre lo primero que me sorprendió es que alguna persona por Getafe paseaba sin la mascarilla, aunque he de decir que a lo largo de la semana luego no vi a más personas, pero es algo que en Asturias no me había pasado», explica Graciela Díaz, estudiante de periodismo y comunicación audiovisual y que reside en Getafe.

Sin embargo, Lucía González, biotecnóloga, difiere de la vivencia de Díaz. Ella pasó todo el confinamiento en Madrid y cuando visitó a finales de junio Avilés, ciudad en la que residen sus padres, se sorprendió para mal. «En Madrid había muchísimo miedo y todo estaba bastante controlado pero en cuanto llegue a Avilés aluciné. En la zona de fiesta del Carbayedo la gente sin mascarilla antes de que fuese obligatoria. Aunque reconozco que a mi alrededor fallecieron muchísimos familiares de personas cercanas en Madrid y estábamos con bastante pánico, por lo que fue una cosa que me chocó», explica González.

Por su parte, María Palacios ha querido destacar, en cuanto a la responsabilidad civil, el respeto de las normas horarias y de aforo en bares y restaurantes asturianos. «Ojalá hubiéramos hecho todos lo mismo y se hubiese tratado un poco más como Asturias. Aquí no se controla nada el tema aforo y sin embargo allí he querido salir a cenar y he tenido que esperar porque el aforo estaba completo y sin embargo eso aquí en Madrid no pasa, entras igual», ejemplifica.

Pero si hay algo en lo que las tres están de acuerdo es en el flaco favor que suponen el poco control del transporte público y la diferencia de medidas entre unos y otros barrios a la capital. «Hay ciertas medidas que me parecen absurdas. El confinamiento por áreas sanitarias, ¿una calle si y otra no? ¿poder salir a trabajar o estudiar a otras zonas qué soluciona? ¿Qué no me dejas estar en el bar hasta más tarde que las once? Pues empezaremos a salir al vermut. Es que o todos a una o no hacemos nada», explica Palacios.

En la misma línea piensa Lucía González, que entiende que, aunque el transporte público sea necesario, no deja de ser un punto de contagios. «Me enfada muchísimo que se achaque todo a los barrios del sur. No es porque se porten peor ni porque tengan menos conciencia, es simplemente porque son zonas de mayoría obrera y es imposible teletrabajar. No veo diferencias en el comportamiento de la gente mi barrio, que es El Retiro, y la de Vallecas o Usera».

El control de los positivos y el rastreo entre los contactos directos de estos son, para las asturianas, otra clave a tener en cuenta, en la que el Principado sale ganando. Graciela Díaz ha vivido de primera mano cómo se gestionan las PCR positivas en la capital, y también conoce casos positivos en el Principado, por lo que realizar esta comparativa le resulta sencilla. «Una amiga mía dio positivo, tardaron once días en comunicárselo, y no le preguntaron ni con quien convivía, ni donde había estado, ni sus contactos estrechos, y de hecho otra de mis amigas es su compañera de piso y ni siquiera le han hecho la PCR», cuenta Díaz.

Pero si un caso no era suficiente, en su propia casa también vie una situación similar. «Mis propias compañeras de piso estuvieron en contacto con un positivo, sin mascarilla y durante varios días, y cuando llamaron al centro de salud para informar y hacerse la PCR les dijeron que simplemente estuvieran 10 días en cuarentena, y que si no tienen síntomas no les realizarían la PCR. De hecho, aquí no hacen test a contactos directos al no ser que tengan síntomas o que sean convivientes con el positivo», detalla la estudiante.

«¿Cómo vas a pillar a un asintomático, que era lo necesario en verano para evitar brotes y hacer cribados, si no haces PCR a los que no tienen síntomas? Ilógico. La situación se ha descontrolado y estas últimas semanas de dimes y diretes entre unos y otros no hacen más que ponernos a todos nerviosos y a recordarnos a marzo de nuevo. Todos volvemos a tener mucho miedo, teletrabajamos y salimos lo mínimo, poca vida social y muchísimo control. Volvemos a estar en un pseudo confinamiento», añade Lucía González.

Sin embargo, María Palacios repara en algo en lo que pocos pensamos, pero que ella vive de cerca al dedicarse a la sanidad. Y es que el problema principal que viviremos de cara a los próximos meses es que la gente no está preparada para diferenciar entre una gripe, el coronavirus o un simple resfriado. «Hay alerta social, y encima ahora la gente sabe qué síntomas tiene cada enfermedad, por lo que la gente llega a urgencias y no te dice nada, no te cuenta qué síntomas está teniendo, y eso propicia que la separación de los clientes por enfermedad sea muy difícil y puede crear una problemática mayor», detalla.

Además, con la repercusión que la covid-19 está teniendo, otras enfermedades de igual importancia quedan de alguna forma desplazadas, algo que según afirma la enfermera es muy peligroso. «En oncología, por ejemplo, está ingresando mucha gente a morirse porque no recibieron un tratamiento a tiempo. Hay que ser conscientes de que otras enfermedades existen. Es entendible que a una persona inmunodeprimida no la vas a ingresar para arriesgarte más a que pille el virus, pero hay que empezar a pensar también en cómo gestionarlo, porque la pandemia se está llevando a mucha gente por delante, pero también hay muchas otras patologías que deben ser atendidas».