«Podemos aplanar la curva en 48 ó 72 horas pero aún está por llegar lo peor en los hospitales»

ASTURIAS

Javier Padilla
Javier Padilla

Javier Padilla, médico de familia, es uno de los once miembros del Comité asesor del Principado para hacer frente a la segunda ola del coronavirus

11 nov 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Javier Padilla es médico de familia y aunque reside en Madrid, ha pasado a formar parte junto a otros diez expertos (desde epidemiólogos a juristas o veterinarios) que componen el Comité Asesor y de Seguimiento de la covid-19 en Asturias que ayuda al Principado a hacer frente a los avatares de la segunda ola. En un auge de positivos diarios que ha tenido un impacto terrible en las hospitalizaciones en Asturias, Padilla afirma que los territorios que pasaron mejor la primavera están afrontando grandes retos en el otoño y que en una comunidad tan envejecida es prioritario mantener la capacidad asistencial. A su juicio el confinamiento domiciliario debería guardarse como último recurso y se muestra abierto a permitir la actividad hostelera en terrazas, pero cuando comiencen a mejorar las cifras de contagios.

-¿Cómo es que ha acabado, estando en Madrid, en un consejo asesor en Asturias?

-Es un consejo asesor externo y la gran mayoría de las personas que lo componen son de fuera de Asturias, la idea de la Consejería yo creo que es la de intentar captar gente que pudiera hacer esa asesoría exterior. De todas formas, yo con Asturias tengo una relación ya larga que comenzó en el año 2012 cuando estuve allí rotando con el hoy director de Salud Pública, Rafa Cofiño, cuando él era jefe de servicio, y es una relación de largo tiempo.

-Dada su especiaidad ¿en qué materias asesorará al Principado?

-Yo soy médico de familia, con máster en Salud Pública y gestión sanitaria y economía de la salud y el medicamento. He trabajado en cuestiones de Salud Pública pero también en temas de asesoría en política sanitaria; bueno, mi experiencia principal está en el ámbito de sistemas de salud, funcionamiento de atención primaria pero con una visión de rango amplio, por decirlo de alguna forma.

-Ahora mismo lo que nos acucia en Asturias es el impacto de segunda ola en la presión hospitalaria, que la ha llevado al límite ¿qué ha pasado desde la primavera?

-La verdad es que estamos aprendiendo de las dinámicas epidémicas según van ocurriendo, hay algunas de las circunstancias que no habíamos visto anteriormente, a la vez, sí que parece que hay más datos que afirman que en aquellas regiones que han tenido un impacto menor en la primera ola, sufren una segunda más furibunda. Y ese es posiblemente el caso de Asturias, que mantiene unos niveles de incidencia moderados en el sentido de que, son muy altos para la evolución que había llevado a Asturias, pero en el conjunto del Estado todavía están en la mitad baja de la tabla. El problema es la deriva, la tendencia, que es ascendente. Sí que es cierto que Asturias tiene una gran capacidad de testeo, que además va a aumentar de forma muy llamativa con la introducción de los test rápidos de antígenos; pero está claro que en Asturias lo que preocupa es la presión hospitalaria. Sabemos que el nivel de saturación del sistema se relaciona de forma directa con la letalidad, si tenemos un sistema sanitario con capacidad para absorber todo lo que llega la letalidad se va a mantener de forma más o menos controlada, y sin embargo, en el momento en que el sistema colapsa, la letalidad se incrementa. Eso lo hemos visto desde el principio, fue de las primeras cosas que salieron publicadas en relación a la epidemia en China. Es muy probable que en los próximos días empecemos a ver un cambio de tendencia, tendremos que ver con mucho interés los datos de las próximas 48 o 72 horas para ver si hay un aplanamiento. Pero sabemos que, cuando pasa lo peor a nivel de incidencia, todavía está por llegar lo peor a nivel hospitalario. Incrementar la capacidad del sistema es una prioridad absoluta, igual que proteger a las personas con mayor predisposición a terminar ocupando una cama en ese sistema. Seguramente no podemos parar olas, a no ser que vayamos a sistemas muy concretos como el modelo asiático. Con el modelo de contención que estamos utilizando en Europa no podemos parar olas, seguramente podemos retrasarlas, podemos aplanarlas y podemos redistribuir la carga, para que no vaya a cebarse con la población que va a necesitar ingresos con una mayor probabilidad.

-¿A qué se refiere cuando habla de modelo asiático?

-Al modelo de control cero, bajar las infecciones a cero, cerrar las fronteras a cal y canto y, a partir de ahí, hacer una vida más o menos normal hacia dentro. Podemos llamarlo asiático o podemos llamarlo neozelandés o australiano que son islas y esa singularidad confiere una mayor facilidad para el control. Pero aquí en ningún momento hemos ido a un escenario de contagios cero, aquí hemos ido a un escenario de baja incidencia en el que sabíamos que en cualquier momento habría una segunda oleada y muy probablemente habrá una tercera y una cuarta dependiendo de cuánto tarden tanto en hacer efecto las dinámicas de inmunidad o las vacunas.

-Asturias se adelantó a la hora de establecer restricciones con una incidencia más que baja que en otros territorios, pero también pidió un nuevo confinamiento domiciliario que Sanidad no aceptó ¿qué opina al respecto?

-El tipo de confinamiento domiciliario que pidió Asturias es más parecido a una fase 1 expandida con escuelas abiertas. Tenemos en la cabeza que confinamiento domiciliario es lo de marzo pero en realidad lo que se estaba pidiendo es más parecido a junio. Personalmente creo que hay que intentar limitar la parte domiciliaria todo lo posible, hay que intentar ir a modelos en los que lo que se cierre sea sobre todo las actividades, aquellos lugares donde la gente socializa en grupos que no son el de entorno de convivencia estable y especialmente en entornos cerrados. La diferencia entre un confinamiento como hablamos, en fase 1, con las escuelas abiertas y lo que hay ahora debería ser mínima. La gran diferencia es dejar a la decisión de las personas limitar las interacciones sociales en casas ajenas, por ejemplo. Creo que Asturias lo pidió pronto por un conocimiento en profundidad de la demografía asturiana, de su envejecimiento, y que por el momento en que se pidió las medidas que se han tomado deberían dar efecto en los próximos días. Tenemos que empezar a mirar lo que está ocurriendo en otras comunidades autónomas: Aragón, Cataluña, parece que Navarra, parece que Madrid, han conseguido doblegar la curva sin recurrir al confinamiento domiciliario. Que es una medida que también tiene efectos importantes sobre la salud de la población, especialmente la más envejecida y la que pueda tener una menor red social de apoyo. No podemos utilizar las mismas herramientas que usábamos en marzo y, de hecho, creo que el tipo de confinamiento que pedía el Principado no era el de marzo. Si podemos arreglarnos sin necesidad de confinar a la gente en su casa y doblegar la curva, perfecto. Ahora bien, el problema no es solamente cuando la curva empieza a bajar, sino hasta dónde la vamos a bajar. Y eso sí que sabemos que sin medidas estrictas nos quedaremos unos cuantos escalones por encima de cómo nos quedamos en mayo y junio. Y eso puede ser un problema, porque viene el frío, va aumentar la socialización en interiores, vienen las navidades y va a ser muy complicado concienciar a la gente que este año no debería haber reuniones familiares en entornos cerrados, no ventilados, mezclando a gente de diferentes generaciones con diferentes patrones epidémicos. Todo lo que se logre bajar la curva es una vacuna a futuro.

-Tanto el pequeño comercio como la hostelería ha protagonizado protestas por los cierres ¿cuál es el argumento científico para llevarlos a cabo?

-La transmisión del virus está muy vinculada a nuestra actividad en entornos cerrados, son entornos laborales, de ocio, de consumo. Muy concretamente el entorno de la hostelería es uno en el que hay una generación constante de contactos estrechos, estar durante más de 15 minutos a menos de dos metros de distancia sin mascarilla, son focos potenciales de contagio y es que demás son lugares en los que se detectan brotes. Asturias, durante los meses de junio, julio y agosto, cuando empezó a desarrollar el modelo de rastreo y de pruebas masivas a personas que hubieran estado en lugares concretos donde se detectaban contagios, tiene un bagaje en la detección de que la hostelería, en términos epidémicos es un problema; porque es un lugar cerrado, en muchas ocasiones con una ventilación muy mejorable y que además supone el establecimiento de un contacto estrecho entre las personas que están allí consumiendo. La pregunta podría ser, pues que solamente se abran los exteriores, que se permitan las terrazas. Creo que esa es una buena propuesta para cuando estemos en una situación un poco mejor. El momento en que se ha tomado esta decisión en Asturias era un momento en el que la curva ya era muy preocupante. Además tenemos que tener en cuenta una cosa y es que cuando vemos hoy una cifra, en realidad estamos viendo la cifra de hace unos cuantos días. La foto de hoy es una imagen del pasado, y las medidas que tomamos tenemos que pensarlas con la foto que tendremos dentro de una semana. Por eso no podemos actuar de forma tan progresiva como nos gustaría porque tenemos que intentar adelantarnos. Si algo nos ha enseñado lo que llevamos de epidemia es que en muchas ocasiones no podemos ir pasito a pasito porque la epidemia va más rápido.

-¿Qué podemos esperar de la vacuna que ha anunciado Pfizer?

-Podemos esperar. El dato es bueno, no cabe ninguna duda, un dato bueno que se acompaña de un gran hándicap porque es una vacuna que se tiene que conservar por a menos de -70 grados, lo cual supone un reto para su distribución en muchos países. El dato clínico es bueno pero se da todavía en unas condiciones, digamos de demasiado laboratorio, muy poco parecidas a la vida real. En general, en medicina se habla de que hay dos parámetros que solemos confundir pero son diferentes, uno es la eficacia y otro la efectividad. La eficacia es lo que se produce en condiciones muy controladas y la efectividad es lo que se produce en condiciones reales. La efectividad, en términos generales, suele ser más baja que la eficacia. Sin embargo, unos datos de eficacia en condiciones controladas del 90%, a nadie se le escapa que es de lo mejor que podríamos encontrar. Ahora bien, tenemos que tener la paciencia suficiente para esperar a ver cómo eso se traduce en la vida real; si ahí se traduce a una efectividad digamos del 60% estaremos hablando de una muy buena noticia.