«Apenas se está considerando que podría haber una predisposición genética al contagio»

Ignacio de Blas, profesor de Patología Animal de la Universidad de Zaragoza, es uno de los once miembros del comité asesor del Principado en la lucha contra el coronavirus

Ignacio de Blas Giral
Ignacio de Blas Giral

Ignacio de Blas se lamenta de que en muchas ocasiones la sociedad tiene la concepción de que los veterinarios son los médicos de las mascotas, pero en realidad son de los principales expertos en epidemia, en su transmisión y, lo que es más importante ante un reto como el del Covid-19, el salto de virus animales capaces de infectar a los humanos. Profesor de Patología Animal de la Universidad de Zaragoza, ha pasado a formar parte del comité, de once miembros, que asesora al Principado en la segunda ola de la pandemia. En un contexto de auge de contagios y de aumento hasta el límite de la presión hospitalaria advierte de que esta es una enfermedad que va para largo.

-Dada su especialidad, ¿en qué cuestiones va a asesorar al Gobierno asturiano?

-Los epidemiólogos humanos llevan años sin trabajar con estudio de epidemias de enfermedades infecciosas, hay gente muy buena trabajando en la gripe, por ejemplo, pero muchos epidemiólogos trabajan en el tabaquismo, en el cáncer, porque es algo que, afortunadamente, en humanos cada vez tiene menos importancia. Pero los epidemiólogos veterinarios trabajamos con enfermedades infecciosas, con muchas enfermedades que son de origen animal y son con las que estamos acostumbrados a tratar. El veterinario está visto por la sociedad como un médico de animales, me pasa con alumnos que vienen con la idea de ser médico de perros y gatos, pero eso es sólo una parte muy pequeña de la actividad veterinaria, el veterinario es el garante de la salud pública humana a varios niveles, evitamos que los animales no estén sanos y puedan propagar enfermedades, garantizamos que los alimentos de origen animal sean aptos para el consumo humano y también participamos en desarrollo de medicamentos o investigación. Y sobre todo, trabajamos con poblaciones.

-Escuchar que un virus de origen animal puede infectarnos nos aterroriza a los profanos, ¿tenemos razones para aterrorizarnos, es algo que va a ir a más?

-La mayoría de las enfermedades que padece el hombre son de origen animal, el 60% de las que han aparecido los últimos años son de origen animal; es preocupante si no se gestiona bien. Necesitamos un enfoque global de la salud, podemos tener un problema de infección en caballos que pase al hombre, es problema de salud pública, pero se transmite entre los caballos por picaduras de insectos, es también un problema ambiental; o se hace un enfoque general integral o las enfermedades van a seguir apareciendo.

-Ahora mismo en Asturias la mayor preocupación es la presión hospitalaria que está al límite ¿por qué se ha llegado a este punto si en primavera la comunidad tuvo buenas cifras?

-Esta es una enfermedad estacional, los coronavirus son enfermedades que pegan más en invierno. Cuando apareció aquí la primera vez estábamos ya en primavera, casi para la entrada del verano con lo que cualquier medida que se tomara un poco en serio y de forma precoz que iba a permitir aguantar hasta que llegara el buen tiempo. Asturias reaccionó pronto y consiguió parar esa primera embestida; el problema en la segunda ola es que con cualquier fallo que tengas el virus se va a disparar, el mismo esfuerzo que hicieras en abril no tiene los mismos resultados que en octubre. Pero la verdad es que si comparas con otras comunidades, Asturias está mucho mejor; le va mal porque le va mal a todo el mundo. Asturias es consciente de que las cosas van mal y toma medidas para que no vaya a peor. Cuando me llamaron para este consejo asesor yo no sabía ni qué partido político gobernaba en Asturias, yo soy apolítico, me da igual, pero tengo la impresión de que se dicen las cosas de cara, que hay un problema y que tenemos que solucionarlo entre todos. Esa mentalidad de que el problema existe, que es un problema grave y que no se va a solucionar de un día para otro haciendo cuatro cositas leves, es un buen mensaje para Asturias que seguramente empezará a controlar el problema mucho antes que otras comunidades que están siendo más permisivas que están intentando a ver si esto pasa solo. Y no va a pasar solo. Y hay otro problema que no se está considerando.

-¿Cuál?

-Algo que apenas se ha empezado a publicar que es la susceptibilidad genética de las poblaciones. No es sólo un problema sociodemográfico, de que la gente vive más amontonada o del envejecimiento, que son factores que influyen, pero también hay un componente genético por regiones. Se está hablando de un haplogrupo, que es una configuración genética de poblaciones, el R1b, que es muy típico del sur de Europa, hay un alto porcentaje de este genotipo en el norte de Italia, más que en el sur, en Francia lo hay más en el sur que en el norte y justamente la incidencia coincide; en España hay mucho en País Vasco, Navarra, Aragón, Cantabria o Asturias, con lo que hay veces que no podemos luchar contra los elementos si hay una predisposición genética es muy complicado de superar. Por mucho que tú hagas las cosas bien, si tu población tiene una predisposición genética, hay envejecimiento, cosas como familias multigeneracionales, que comparten casa abuelos, padres y nietos; todos esos factores juntos hacen que se complique mucho la situación.

-Asturias ha impuesto restricciones muy duras, también llegó a pedir un nuevo confinamiento domiciliario que el Gobierno central no autorizó ¿cuál es su opinión al respecto? 

-Lo creo es debería haber la posibilidad de adoptar cualquier medida en cualquier momento, lo que no puede ser es que haya una normativa que haga que en un caso de emergencia tengas que esperar diez días a que aprueben el decreto para que se pueda aplicar y que los jueces no te lo echen atrás. Las herramientas jurídicas deberían estar disponibles ya. Hay muchos tipos de confinamiento domiciliario, más estricto o más leve, sólo los fines de semana, por edades, es una medida extrema que hay que pensar en dos momentos: cuando se pierde la trazabilidad de los casos, cuando se pierde esa positividad del 5%, que Asturias estaba teniendo y ahora ya ha perdido; y otro momento es si se pierde el control de la hospitalización si se colapsa el sistema. Si ves que te vas a quedar sin UCIs tienes que tomar medidas drásticas. Se puede hacer una previsión por el número de contagios detectados, sabes que el 15% acabarán hospitalizados y, de ellos, otro porcentaje va a acabar en la UCI. Viendo las previsiones y sabiendo el límite quieres cortar por lo sano, una vez colapsado el confinamiento es esperar a que mejore la situación, con el problema de que no podrás volver a la actividad normal en tres o cuatro meses porque la estancia en las UCIs es de muy larga duración, la mitad de los casos están allí más de 25 días y hay casos de tres y cuatro meses. Es que es lo que nos pasó en Aragón, con las camas ocupadas del brote de agosto cuando ha llegado esta segunda ola, y eso Asturias no lo tenía. Hay momentos críticos que te pueden obligar a tomar esas medidas.

-Los sectores más afectados por los cierres, hostelería y comercio están en pie de guerra, y demandan los argumentos científicos para estas medidas ¿cuáles son?

-Un problema ha sido el retraso en reconocer que se transmite por aerosoles, de toda la vida los coronavirus son de transmisión aérea, hay otras enfermedases como la fiebre aftosa que se puede transmitir a kilómetros por el aire, hay brotes que han saltado de Francia a Inglaterra; en muchas enfermedades en granjas cerradas a principal herramienta que tenemos para luchar contra ellas es la ventilación. En el momento en que no ventilas empiezan los problemas respiratorios, esto es de libro. Ahora ya se reconoce que se trasmite por el aire, que no es tanto el contacto directo pero es que se ha hablado algo de ventilación en aulas y poco más, en algunos sitios no les han dejado poner purificadores de aire y en Navarra hasta les dejan que sólo se abran las ventanas cinco minutos entre clase y clase. En Alemania, que es un país que tomamos como referencia porque las cosas les van bien, han dado 500 millones de subvenciones para instalaciones de purificación del aire; la ventilación natural es la mejor pero hay que ser realista, hace mucho frío y no se puede tener a los niños con un abrigo en las clases. La trazabilidad ha sido muy incompleta; según las zonas, entre el 80% y el 60% de los casos no sabemos dónde se han contagiado. Sabemos de reuniones sociales, bares, restaurantes pero ¿en los autobuses no hay contagio? No, lo que pasa es que no se puede hacer la trazabilidad excepto, a lo mejor, transportes de larga distancia, pero en el urbano no hay manera de saberlo. En centros comerciales tampoco porque no sabemos quién ha estado antes y después de nosotros. ¿Por qué las tiendas pueden estar abiertas y los bares no? Porque a las tiendas va la gente con mascarilla, tenemos un problema porque para comer y beber tienes que quitarte la mascarilla y te estás quitando la única barrera de protección que tienen una efectividad frente a patógeno. Las medidas que se están proponiendo de reducción de aforo, si se pudieran combinar con sistemas de ventilación adecuados, si se pudiera financiar de alguna forma, porque la mayoría de bares y restaurantes no tiene ventanas o sólo un aire acondicionado común, si no se pone música, porque obliga a hablar más alto, a lo mejor se podría permitir tener un 25% de ocupación de aforo. Con un registro de la gente que viene, para poder hacer la trazabilidad, a lo mejor sí. Pero tienes que tener un volumen de negocio mínimo para que la empresa pueda funcionar. Otra cuestión son los confinamientos.

-¿Por qué?

-En Portugal el fin de semana empieza el toque de queda a la una de la tarde, porque el fin de semana es cuando vemos a la familia. ¿Cierres perimetrales? El del fin de semana en algunos sitios tiene sentido, en Zaragoza por ejemplo, porque entre semana la mitad de la población entra o sale para trabajar, no es efectivo. No nos compliquemos la vida, hagamos el cierre perimetral en los momentos en que se puede aplicar con rigor. Hay muchas cosas que discutir, por ejemplo en residencias de ancianos yo creo que en Asturias lo han hecho muy bien, muy bien, he estado mirando los datos y sí que es cierto que ha habido bastantes muertos de residencias pero la casuística en estos momentos no tiene nada que ver con la primera ola. Ha habido brotes y ha habido casos, pero sobre el impacto total de la epidemia es muy baja; se siguen haciendo cosas bien. Es también una cuestión de responsabilidad y de hasta qué grado estás dispuesto a exponerte, la gente joven se expone mucho porque no tiene percepción de riesgo, no está viendo que sus amigos enfermen o mueran pero entre la gente mayor sí porque a lo mejor dicen «oye es que se han muerto ya trece amigos». En cualquier caso, hay inconscientes de todas las edades.

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