Los madrileños se movieron menos que los asturianos hasta noviembre

ASTURIAS

Dos mujeres pasen bajo la lluvia en el paseo de Los Álamos, en el centro de Oviedo
Dos mujeres pasen bajo la lluvia en el paseo de Los Álamos, en el centro de Oviedo Alberto Morante

La comparación entre ambas comunidades muestra un trasvase de movimientos en el verano

01 dic 2020 . Actualizado a las 09:05 h.

Como hacen todas las fuerzas más poderosas de la naturaleza, la pandemia avanza ciega y sin propósito. Para entendernos hablamos de primera o de segunda ola y de nuestro temor a una tercera pero el virus no se mueve por ondas ni tiene picos ni valles sino que aumentan o se reducen los contagios en función de si las medidas para detenerlos son más estrictas o se relajan. Al lado de la investigación científica sobre el desarrollo y el freno del coronavirus hay también, corriendo paralela, una batalla política sobre la gestión de su contención. La hay por opciones ideológica y por territorios, hay una 'guerra de milagros' entre la respuesta de Asturias a la pandemia en primavera y la contención de Madrid en el otoño. Las comparaciones han sido variadas y constantes.

Uno de los ámbitos en los que se pueden analizar las diferencias es de la movilidad de la población, y es posible hacerlo con una herramienta singular, un espía silencioso que guarda datos de ubicación de casi todo el personal: Google. Tomándolos como base, la socióloga asturiana radicada en Madrid, profesora en la UNED, María Miyar, hizo un análisis de las diferencias entre ambas comunidades en la reducción de la movilidad a lugares de ocio, más acusada en el caso de la capital, más drástica en las últimas semanas de octubre en el caso del Principado ya que aquí se decretó un cierre de la hostelería y el pequeño comercio que aún no se ha levantado.

«Lo que se ve es que el cambio en el comportamiento ha sido mayor en Madrid que en Asturias durante todo el rato pero la evolución ha sido diferente a lo largo del periodo»; explicó la profesora. El periodo es el intervalo que va desde la sexta semana del año, a mediados de febrero, hasta comienzos de noviembre, y toma como referencia (cinco semanas entre el 3 de enero y el 6 de febrero) para evaluar si aumenta o disminuye la movilidad durante la segunda semana de enero. Madrid y Asturias desploman su movimiento con el estado de alarma en marzo, y llegan al verano como si fueran un espejo reflejo la una de la otra. Conforme los madrileños dejan la capital para irse de vacaciones, la movilidad en Asturias aumenta, pero no como un año normal: en el pico de agosto en el Principado el movimiento de la población se asemeja a enero. No fue un verano como cualquier otro.