Asturias, la comunidad igualitaria en riesgo de tener una educación elitista

El Principado destaca en inversión sanitaria pero los alumnos de entornos afortunados tienen más ventajas que el resto

Fotograma de la serie Élite
Fotograma de la serie Élite

Asturias es una comunidad medianamente igualitaria, que destaca respecto al resto de comunidades en inversión sanitaria, con una cobertura frente a la pobreza notable aunque renquea en la atención a las personas dependientes. Entre sus mayores flaquezas se encuentra un elevadísimo envejecimiento de la población que se traduce en una tasa de pensionistas muy alta que hace que reciba más fondos de la caja común de los que aporta en la actualidad. En su camino de convergencia económica con la media nacional sufrió dos zarpazos demoledores en la última década, el primero con el crudo impacto de la Gran Recesión, el segundo, del que aún nadie se ha repuesto, por la expansión de la pandemia del cornavirus. Los resultados educativos de sus estudiantes se encuentran entre los mas destacados pero en ese ámbito concreto (con puntos brillantes como una mayor proporción de alumnos que terminan los ciclos obligatorios y también de la población con estudios universitarios) se adivina un peligro futuro, el riesgo de una formación elitista en el que el nivel socieconómico de las familias determine, más que en ningún otro lugar, los resultados de la escuela.

Son algunas de las conclusiones del exhaustivo 4º Informe sobre la Desigualdad en España, editado por el Laboratorio de la Fundación Alternativas, con apartados detallados dedicados desde la financiación regional, a las políticas de bienestar, sanidad o educación, además de las diferencias de renta.

El balance general, extendido en una largo periodo desde 2008 hasta casi el presente (muchos capítulos terminan con conclusiones orientadas a dar recomendaciones tras el impacto de la pandemia del coronavirus) se da cuenta de una diferencia crónica respecto a la capacidad de recursos de las comunidades de régimen foral y las del régimen común, también dentro de estas últimas de un distanciamiento cada mayor entre Madrid y el resto en aumento de riqueza que no se traduce, sin embargo, en mayores políticas públicas para corregir las desigualdades dentro de la capital. «Cabría pensar que, aunque los sistemas de nivelación han funcionado razonablemente bien a lo largo de los últimos años, las comunidades con mayor capacidad económica tendrían más y mejores posibilidades para cubrir los gastos sociales de forma adecuada. Sin embargo, la información disponible no permite confirmar esa hipótesis. Parece que la desigualdad en el gasto social de las comunidades se explica más por la demografía —tamaño y asentamiento de la población, grado de envejecimiento, etc.—, la orientación ideológica del Gobierno autonómico o su estrategia de acción política que por las diferencias de ingresos garantizadas por el sistema de financiación», se indica en el estudio.

¿Dónde destaca Asturias? Sin duda en la inversión sanitaria. La comunidad se encuentra a la cabeza en la comparativa entre comunidades tanto en el gasto en sanidad per cápita como en otras variables relevantes, la segunda con mayor número de quirófanos por cada 100.000 habitantes, la primera en camas de agudos por cada 1.000 habitantes antes de que estallara la pandemia. Se encuentra además entre los territorios que menos varió su inversión sanitaria a consecuencia de los recortes de la Gran Recesión y también está entre las que tiene mayor personal médico por cada 1.000 habitantes. Pero junto a estas luces hay muchas otras sombras. El estudio destaca la cifra inédita de cáncer pulmón entre mujeres, que triplica la media nacional, una de las mayores tasas de suicidios del país y además la mediocre evolución en los últimos diez años en la ránking años saludables respecto al conjunto de la vida. Asturias estaba en 2006 la última en la lista en los años de vida saludables respecto a la esperanza de vida y en 2016 estaba la penúltima.

Los números de Asturias también son notables en el ámbito educativo, en cuanto a resultados en lo que concierne al Informe Pisa, y también en el acceso de un amplio porcentaje de la población a los ciclos superiores. El Principado ocupa el cuarto lugar en el porcentaje de habitantes de entre 18 y 24 años que termina los estudios de secundaria obligatorios y es la segunda (tras el País Vasco) con mayor proporción de personas entre 30 y 34 años que tiene estudios superiores. 

Asturias no se encuentra entre las comunidades, como Madrid, Navarra o País Vasco, donde un amplísimo porcentaje del alumnado, en determinados casos hasta el 50%, acude a la escuela concertada, que el estudio detalla como una barrera de desigualdad (con las cuotas «voluntarias» ya prohibidas) que frena el acceso a los alumnos con menos recursos. Y, sin embargo, el Principado tiene un alto grado de riesgo de elitismo en su sistema educativos, no por las diferencias en los centros sino por el nivel socioeconómico de las familias. Es con diferencia el territorios en el que los alumnos provenientes de entornos más afortunados tienen mejores resultados en materias troncales como las matemáticas. En Asturias, más que en otras comunidades, la ventaja de nacer en una familia acomodada se traduce en una ventaja en la escuela.

Otros de los apartados del estudio recorren variables en materia económica señalando que antes del estallido de la Gran Recesión en 2008, Asturias se encontraba en una buena tendencia de crecimiento y convergencia con la media del estado, truncada por la crisis si bien el informe señala que el Principado es junto Aragón, de las pocas regiones de renta intermedia que no sufrió enormes variaciones. En ese momento fueron varias las comunidades que recurrieron a los fondos de recuperación, como el FLA, marcadas por una situación grave de deuda, con un reparto desigual, con menor financiación para Asturias. En los peores años de la crisis, el informe destaca «los fuertes esfuerzos de consolidación realizados por Castilla-La Mancha, Extremadura, Asturias y Baleares, especialmente en 2012 y 2013. Esta heterogeneidad en los esfuerzos de consolidación efectivamente realizados puede ser indicativo de una cierta desigualdad entre territorios a la hora de acometer el reto de la consolidación y, por lo tanto, a la hora de disponer de más recursos para hacer frente a la provisión de servicios públicos».

Pero Asturias mantuvo en buena medida muchas políticas públicas dirigidas a reducir la desigualdad. «Hay regiones que permanecen estables dentro del grupo de regiones más igualitarias, como Navarra (que en todos los años escogidos presenta los valores más bajos de España), Aragón y, de forma intermitente, Cantabria, País Vasco o Asturias. Los datos sugieren que los modelos menos desiguales en España se dan en las comunidades del norte del país. Llama la atención el caso de Madrid, al mantenerse antes, durante y después de la crisis como una de las regiones donde las diferencias de renta entre los hogares son mayores. Tal dato contrasta con la alta posición en el ranking observada en el análisis de la renta disponible de los hogares», destaca el estudio.

La tasa de pobreza era del 13,% de la población en Asturias en 2008, la segunda tras Cataluña más baja del país dentro de las comunidades de régimen común. En 2014 en plena Gran Recesión ese porcentaje se había disparado hasta 16,5%, aunque seguía siendo relativamente respecto a la media (de más del 20%). El contraste relevante es el saldo de la década, en 2018, Asturias había regresado a una tasa similar a la que partió, incluso un poco menor (del 13,2%) mientras que en varias comunidades no se había reducido en ese grado o incluso había aumentado.

El estudio destaca aquí que antes de la puesta en marcha del Ingreso Mínimo Vital la renta asturiana dirigida a la población con menos recursos, el Salario Social, se encontraba en la zona alta de la tabla, sólo superada por las de las dos comunidades forales, País Vasco y Navarra.

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