La profesora titular de Filosofía Moral y Política considera que con el conocimiento que hay de la situación epidemiológica y de la norma que rige el orden de vacunación se deberían haber evitado los casos polémicos
07 feb 2021 . Actualizado a las 05:00 h.La ansiada vacuna contra la COIVD-19 ha traído consigo la polémica y el debate. Aunque desde el Gobierno central se protocolizó quienes debían ser los primeros grupos en recibir la profilaxis según su vulnerabilidad y «teniendo en cuenta el riesgo de exposición», la norma ha sido interpretada con amplitud y ha habido políticos y dirigentes que ya han recibido la primera dosis por delante, incluso, del personal sanitario. ¿Es ético que se hayan vacunado primero que personas que están en primera línea de covid? Asunción Herrera Guevara, doctora en Filosofía y profesora titular de Filosofía Moral y Política de la Universidad de Oviedo, considera que «aunque la norma deja un margen más amplio del deseado, vacunar a personas de instituciones o consejerías no tiene cabida» y que los políticos que se han vacunado sin pertenecer a ninguno de los grupos contemplados en el protocolo no deberían haberlo hecho, sobre todo, siendo conocedores de la situación epidemiológica y del «racionamiento sanitario» que se da por el momento con esta vacuna al no haber dosis para toda la población.
-Con la llegada de la vacuna, el Gobierno estableció un orden sobre quien debería recibirla e inmunizarse primero, un orden que se han saltado personas de diferentes estamentos con la consiguiente polémica. ¿Qué opina del orden que se había establecido y de que no se haya respetado en una situación de pandemia tan delicada?
-Intentaré que la respuesta no sea maniquea. En primer lugar, algunas de las personas o grupos a los que se les acusa de haberse saltado su turno de vacunación con el objetivo de vacunarse primero, se defienden afirmando que lo establecía el protocolo. El protocolo en la primera fase de vacunación incluye en el apartado 3 a personal sanitario y sociosanitario que no esté en primera línea. Ahora bien, especifica priorizar al personal sociosanitario y hospitalario que no esté en primera línea y «teniendo en cuenta el riesgo de exposición». Aunque la norma deja un margen de actuación tal vez más amplio del deseado, creo que cualquier responsable de la vacunación entiende quienes forman parte de ese personal «expuesto al riesgo». Vacunar a personas pertenecientes a instituciones sanitarias o consejerías que están incluso teletrabajando, no tiene cabida en ese punto. Vacunar a unos 400 o 600 funcionarios de la Consejería de Sanidad, como se ha denunciado en alguna comunidad, evidentemente, tampoco tiene justificación. Determinados cargos políticos que se han vacunado sin pertenecer a ninguno de los grupos, sino simplemente por sustentar su cargo, está claro que no deberían haberse vacunado. El orden podría haberse fijado más finamente, pero creo que hay suficiente conocimiento de la situación epidemiológica y de la norma como para haber evitado estos casos tan polémicos.
-¿Debe la ciudadanía entender o aceptar los argumentos y justificaciones de quienes se han colado?
-Una ciudadanía reflexiva y crítica debería conocer la norma y si tras su conocimiento las vacunaciones han sido irregulares, como parece ser el caso de muchas de las denuncias, no puede justificar el acto.
-Esos casos, que no han sido pocos, han abierto el debate de si políticos, dirigentes y sindicalistas deberían ser prioritarios en la vacunación por estar en contacto con gente que está en primera línea de covid. En su opinión, ¿deben vacunarse ellos antes que el personal sanitario?
-No es un buen argumento. Hay otros muchos sectores, y por tanto población española, que está en contacto con gente que está en primera línea en la gestión de la pandemia. Sin ir más lejos, los familiares directos y convivientes de todo el personal sanitario.
-A modo de ejemplo concreto de la pregunta anterior, ¿debería vacunarse el consejero de Salud del Principado o la directora gerente del SESPA por el cargo que ostentan?
-No conozco sus casos particulares. Cuando se intenta resolver un dilema bioético siempre hay que realizar una casuística, hay que enmarcar el caso en su contexto. Siguiendo la norma y los principios éticos que suscribe la norma se debería dar una respuesta. Si no se han vacunado, tiendo a pensar que quedan fuera del primer grupo.
-¿Debe permitirse que las comunidades autónomas modifiquen la prioridad en la vacunación según su situación particular o para evitar diferencias y polémicas es mejor seguir un criterio a nivel nacional?
-El criterio nacional es necesario. Ahora bien, vuelvo a decir lo de antes, es importante también el contexto. Cada comunidad conoce mejor el número de grupos vulnerables y, por lo tanto, podría modular la norma en función del grado de vulnerabilidad de su grupo poblacional.
-¿Qué criterios éticos o morales se deben seguir para establecer un orden de prioridad correcto en esta situación concreta de pandemia?
-En el tema de la vacunación estamos ante lo que podríamos denominar un «racionamiento sanitario», es decir, no hay vacunas para todos en este momento. Uno de los principios fundamentales de la Bioética es el principio de justicia. Ahora bien, ¿qué criterio debemos seguir para ser «lo más justos posible»? Podríamos dar diferentes respuestas, pero como estamos tratando un tema de salud y partimos de la premisa de que la vida de una persona es un fin en sí mismo, lo más acertado sería aplicar un criterio de justicia social donde se atienda prioritariamente a las personas más vulnerables.
-¿Cree que los políticos y los comités de expertos que han tomado decisiones durante esta pandemia han seguido criterios quizá más técnicos que éticos? ¿Qué opina sobre la gestión de la pandemia?
-Los políticos son gestores fundamentalmente. Han tomado decisiones técnicas pero evidentemente no pueden dejar al margen la ética. En las sociedades democráticas actuales la ciudadanía exige no sólo una actitud ética a sus políticos sino igualmente a las instituciones. El problema es que ante una pandemia, los dilemas éticos se agrandan hasta tal punto que es difícil «ser justos con todos por igual». Por poner un ejemplo, en la estrategia de vacunación, en su documento, se recoge una justificación ética sobre la priorización de los grupos que han de ser vacunados. Se recogen principios como el de necesidad, reciprocidad y equidad, e incluso se habla de solidaridad. La ética debe estar y está presente en nuestras instituciones, lo que es necesario es que se lleven a la práctica correctamente los criterios que se mencionan.
-¿Era previsible que estos debates y polémicas fueran a surgir una vez que se dio a conocer la existencia de varias vacunas eficaces y se empezaron a administrar?
-Sí, era previsible, pero me ha llamado la atención la proliferación de casos problemáticos.
-En su opinión, el que haya personas en nuestro país que se han saltado el orden de vacunación ¿tiene que más que ver con la picaresca española o con la condición del ser humano de tratar de salvarse a toda consta en situaciones de riesgo extremo?
-La respuesta ha de ser variopinta. Los estereotipos no me gustan, pero es cierto que la picaresca española tiene una larga tradición, incluso literaria. En cuanto a la condición del ser humano, evidentemente es plural, en los humanos podemos encontrar las mejores cualidades morales y también las peores. Tal vez en situaciones extremas, como las que vivimos, es donde tenemos que mostrar nuestro mejor ethos, pero no siempre ocurre así.
-Otro debate que surge de esas personas que se han colado es si se les debería administrar o no la segunda dosis de la vacuna. ¿Qué habría que hacer desde su punto de vista?
-Una respuesta la pueden dar los epidemiólogos. Si no ponerla, podría suponer un riesgo añadido para el resto de la población debido a la posibilidad de mutaciones, entonces debería ponerse. Pero no se resuelve tan fácilmente el dilema. El conflicto tiene otras dos patas. Aunque no perjudique, el no ponerles la segunda dosis, al resto de la sociedad de modo directo a través de una mutación del virus, nos podría estar perjudicando porque se estarían desperdiciando unas dosis muy valiosas. Es decir, la primera dosis de estas personas se habría desperdiciado. Por lo tanto, de manera indirecta y ante una situación, repito, de «racionamiento sanitario» también nos perjudicaría imponer la sanción de no vacunarles por segunda vez. Y, por último, la tercera pata del conflicto, ¿es justo «castigar» a las personas que se han saltado su turno negándoles la inmunización y poniendo en riesgo su vida? Creo que ante estos tres conflictos, a pesar de su mala actuación, debemos vacunarles. Eso no quita para que pueda haber sanciones políticas, administrativas o de otro tipo.
-Debates éticos y morales han surgido muchos a lo largo de la historia pero cierto es que la situación de pandemia mundial es algo nuevo en la historia reciente ¿Ha habido algún debate comparable que pueda servir de referencia?
-A los ciudadanos occidentales parece que los conflictos bélicos nos quedan lejos, pero no es así, están muy cerca de nosotros. En estos conflictos los dilemas éticos de este calado, como los que vivimos, están a la orden del día. Y sin ir más lejos, el problema de la inmigración y de los refugiados que afecta a millones de personas en todo el planeta también nos debería dar que pensar y remover nuestras conciencias.