Ignacio Villaverde, candidato a rector

Francisco J. Bastida

ASTURIAS

08 feb 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Conozco a Ignacio Villaverde desde que era estudiante de Derecho en el edificio histórico de la Universidad de Oviedo, pero sobre todo cuando decidió emprender la carrera académica en el Área de Derecho Constitucional. Sus credenciales eran un buen curriculum, un bagaje cultural muy por encima de la media y la pasión por querer dedicarse a la docencia y a la investigación universitarias. Eso que antes se llamaba vocación y que hoy casi se ha perdido, porque en esa época querer ser profesor universitario no era tanto una salida profesional, como una entrada en una scape room sin la seguridad de hallar las sucesivas salidas que abriesen la puerta final de la titularidad o la cátedra. Esa dificultad se contrarrestaba con la pasión de acumular suficiente conocimiento como para conseguirlo. No pocos han desistido, pero él demostró desde el primer momento una gran determinación en su empeño por dedicarse a la universidad.

Nacho Villaverde ejemplifica ese prototipo de profesor perseverante y riguroso. Como director de su tesis doctoral y compañero en su posterior andadura universitaria doy fe de ello. En estos tiempos de informalidad en la vestimenta, los que vean al candidato a Rector enfundado en su traje de ejecutivo quizá se hagan una imagen equivocada de él. También los que confundan su asturiana locuacidad y cercanía con frivolidad.  Nunca he visto a una persona tan abnegada y humilde como Villaverde haciendo su tesis doctoral, rayando en lo monacal; tesis premiada y que sigue siendo un referente en la materia. Aprendió inglés y alemán y con escasos medios estudió en la Universidad de Friburgo y en la London School of Economics and Political Science. Fue requerido en comisión de servicios por el Tribunal Constitucional para ser Letrado en esa alta institución y durante años fue uno de esos asturianos en Madrid, que de manera espartana viajaba en Alsa los lunes de madrugada para regresar el fin de semana a su Gijón natal. Eso, sin duda, imprime carácter. Para entonces ya era profesor Titular de Derecho Constitucional y más tarde Catedrático de Universidad.

Si algo caracteriza a Villaverde es su entrega en lo que hace y eso se expresa también en su relación personal. Cuando me pidieron consejo sobre él para el cargo de Secretario General de la Universidad durante el rectorado de Juan Vázquez, lo recomendé resaltando sus dos principales cualidades: un infatigable trabajador todo terreno y un colaborador leal, y no debió de defraudar las expectativas, porque después fue nombrado Vicerrector de Relaciones institucionales y, mas tarde, Secretario del Consejo Social de la Universidad.