Ignacio Villaverde, candidato a rector


Conozco a Ignacio Villaverde desde que era estudiante de Derecho en el edificio histórico de la Universidad de Oviedo, pero sobre todo cuando decidió emprender la carrera académica en el Área de Derecho Constitucional. Sus credenciales eran un buen curriculum, un bagaje cultural muy por encima de la media y la pasión por querer dedicarse a la docencia y a la investigación universitarias. Eso que antes se llamaba vocación y que hoy casi se ha perdido, porque en esa época querer ser profesor universitario no era tanto una salida profesional, como una entrada en una scape room sin la seguridad de hallar las sucesivas salidas que abriesen la puerta final de la titularidad o la cátedra. Esa dificultad se contrarrestaba con la pasión de acumular suficiente conocimiento como para conseguirlo. No pocos han desistido, pero él demostró desde el primer momento una gran determinación en su empeño por dedicarse a la universidad.

Nacho Villaverde ejemplifica ese prototipo de profesor perseverante y riguroso. Como director de su tesis doctoral y compañero en su posterior andadura universitaria doy fe de ello. En estos tiempos de informalidad en la vestimenta, los que vean al candidato a Rector enfundado en su traje de ejecutivo quizá se hagan una imagen equivocada de él. También los que confundan su asturiana locuacidad y cercanía con frivolidad.  Nunca he visto a una persona tan abnegada y humilde como Villaverde haciendo su tesis doctoral, rayando en lo monacal; tesis premiada y que sigue siendo un referente en la materia. Aprendió inglés y alemán y con escasos medios estudió en la Universidad de Friburgo y en la London School of Economics and Political Science. Fue requerido en comisión de servicios por el Tribunal Constitucional para ser Letrado en esa alta institución y durante años fue uno de esos asturianos en Madrid, que de manera espartana viajaba en Alsa los lunes de madrugada para regresar el fin de semana a su Gijón natal. Eso, sin duda, imprime carácter. Para entonces ya era profesor Titular de Derecho Constitucional y más tarde Catedrático de Universidad.

Si algo caracteriza a Villaverde es su entrega en lo que hace y eso se expresa también en su relación personal. Cuando me pidieron consejo sobre él para el cargo de Secretario General de la Universidad durante el rectorado de Juan Vázquez, lo recomendé resaltando sus dos principales cualidades: un infatigable trabajador todo terreno y un colaborador leal, y no debió de defraudar las expectativas, porque después fue nombrado Vicerrector de Relaciones institucionales y, mas tarde, Secretario del Consejo Social de la Universidad.

Debo reconocer que tanto tiempo desempeñando estos cargos me disgustó, porque Ignacio Villaverde es una cabeza brillante, un investigador concienzudo, y me parecía un desperdicio que su talento se entregase a asuntos de gestión por altos que fuesen. Quizás he pecado de miopía, porque, viéndolo hoy como candidato a Rector, su tránsito por estos cargos fue un completo máster en el profundo conocimiento interno de la Universidad y de sus relaciones con otras instituciones. Desde luego, no es un advenedizo y lo que hace lo estudia a fondo, y aquellos que hayan visto el primer debate entre los dos candidatos habrán podido comprobarlo.

A punto de jubilarme veo que aquel joven al que le dirigí mi primera tesis doctoral ha vuelto a encerrarse en la scape room universitaria, esta vez de signo electoral, lo que en este caso significa que la puerta del éxito se abre por fuera. La llave la tienen los votantes y se trata de convencerles de que la giren a su favor. El empeño es difícil, porque se enfrenta a un candidato que aspira a renovar su mandato, pero en tiempos de crisis es bueno apostar por el que aporta savia nueva, decisión y empuje para realizar las transformaciones necesarias que permitan adecuar la institución universitaria a los inesperados retos de todo tipo que está produciendo la globalización y la continua revolución tecnológica. Ignacio Villaverde tiene juventud, conocimiento, determinación y talento para dirigir esa empresa y las numerosas propuestas de su programa electoral expresan ese necesario cambio de rumbo. 

Superar la carrera hacia el Rectorado será un reto menor comparado con lo que se avecina en los próximos cuatro años. Su cordialidad, su talante negociador y su buena disposición a hallar acuerdos y consensos son credenciales que ha ido forjando en su amplia experiencia en la gestión universitaria y que hoy le avalan para aglutinar a los diferentes colectivos de la comunidad universitaria en un proyecto común. Suerte, Nacho, que la vas a necesitar.

Francisco J. Bastida es catedrático de Derecho Constitucional

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