Más rápida y menos intensa en los mayores, así cambió la tercera ola en Asturias

La comparativa entre la incidencia respecto a la segunda ola pone de relieve mayor protección a la población mayor de 65 años

 La banda de gaitas Ciudad de Oviedo tocó hoy en formación frente a las puertas del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA),
La banda de gaitas Ciudad de Oviedo tocó hoy en formación frente a las puertas del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA),

Los datos de los últimos días parecen indicar que lo peor de la tercera ola en Asturias podría haber empezado a quedar atrás. A la espera de que se confirme el descenso de contagios, teniendo siempre presente que las hospitalizaciones se mantienen al alza días después de que haya empezado a bajar la incidencia, y a la espera de que nuevas mutaciones del virus (como la llamada cepa británica, más contagiosa) no provoquen un desboque de positivos, las diferencias entre la segunda y la tercera ola de la pandemia se han hecho notar singularmente en el sector de la población más vulnerable: los mayores de 65 años.

Asturias destacó entre el conjunto de comunidades en la primavera, siendo capaz de contener el primer impacto de la pandemia y llegar al verano con casi un mes sin registrar nuevos contagios. Sin embargo, la llegada del otoño hizo sufrir lo indecible al sistema asturiano que a mediados de noviembre vio como su capacidad asistencial llegaba al borde la saturación. El frío y una población especialmente envejecida hicieron que la segunda oleada golpeara con fuerza al Principado.

Pasadas las navidades, con la mayor movilidad de las fiestas, todo hacía presagiar que la tercera oleada también sería especialmente cruda. Y ha sido así en buena parte de los centros saitarios de Asturias que han pasado no pocos apuros y cuyos sanitarios incluso han llegado a señalar que más que una tercera ola habían vivido una prolongación de la segunda. Sin embargo, en términos globales para el conjunto de la comunidad, sus evoluciones han sido distintas.

Las gráficas recogidas en el Observatorio de Salud de Asturias revelan que la velocidad de expansión de ambas oledas ha sido diferente. La segunda ola creció de forma constante hasta finales de octubre y durante un breve periodo de tiempo pareció que había llegado a una meseta que auguraba una mejora. Fue un espejismo porque con el inicio de noviembre los casos comenzaron a dispararse de nuevo y a un ritmo aún mayor, hasta llegar a un pico muy intenso a mediados de mes. Y ahí comenzó el descenso.

La tercera ola tuvo un crecimiento muy acelerado pero sin esa 'falsa meseta' para empezar a caer desde los registros de la semana pasada. Sin restar importancia a la crudeza de las hospitalizaciones, lo cierto que con inciencias similares, lo ingresos en planta en un uci fueron menores que en enero que en noviembre. También ha sido más rápido el inicio el descenso de casos, del aplanamiento de la curva. En la segunda ola la subidas se prolongaron al alza casi un mes hasta empezar la rebaja, mientras que en la presente el descenso ha llegado en mucho menos tiempos.

Pero la diferencia más notable entre ambas oleadas, ha sido la incidencia en el grupo de mayores de 65 años, algo muy relevante tanto para el impacto en la capacidad asistencial de los hospitales como en la letalidad ya que es el grupo que más riesgo sufre si contrae la enfermedad.

Si en la comparación de la incidencia acumulada en la población general se se aprecia un impacto mucho menor en la tercera ola respecto a la segunda, en la cohorte de edad que pasa de los 65 años las diferencias son mucho más acusadas. En todo momento, desde las navidades, los casos han sido menores que en el otoño y además el descenso ha sido mucho más acelerado.

En las últimas semanas, distintos expertos han valorado posibles explicaciones para este fenómeno, desde el primer impacto de la vacunación, aunque de forma muy leve. Sin bien Asturias encabeza el ritmo de administración en todo el Estado y a comienzos de febrero ya se habían aplicado las dos dosis de Pfizar a residentes y trabajadores de los geriátricos, los efectos completos de la vacuna todavía empezarán a notarse en las próximas semanas. También se ha destacado la mayor protección de las residencias y que, con todos los casos pasados a lo largo de casi un año de pandemia, se ha reducido el número de personas susceptible de contagiarse.

En este sentido, un dato a tener en cuenta es el destacado la semana pasada por el director de Salud Pública, Rafael Cofiño: en primavera, en la primera ola, los casos de contagios en residencias suponían el 32% del total de Asturias, ese porcentaje bajó al 12% en la segunda y ahora, en el presente, es del 5%. La misma tónica se repite en el caso de los fallecimientos, en la primera ola el 34% de los muertos por coronavirus en Asturias tenía su domicilio en una residencia, en la segunda ola bajó al 23% y ahora en la tercera suponen el 8%.

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