Villaverde: «Confío en que podamos recuperar cuanto antes la presencialidad que tanto necesitamos y queremos»

El nuevo rector de la Universidad de Oviedo, que presentará a su equipo en los próximos días, explica cuál va a ser su hoja de ruta inicial: «Lo primero que me preocupa es la situación económica real porque va a condicionar las prioridades»

Ignacio Villaverde, rector de la Universidad de Oviedo
Ignacio Villaverde, rector de la Universidad de Oviedo

Redaccion

Hacía 61 años que la Universidad de Oviedo no tenía al frente a un jurista -Valentín Silva Melero, entre 1954 y 1960, fue el último rector procedente de la Facultad de Derecho- pero a Ignacio Villaverde, el catedrático de Derecho Constitucional que el pasado viernes conseguía el 52% de los votos ponderados para dirigir la institución académica asturiana durante los próximos cuatro años, lo que le parece aún más histórico es ser el primer rector que nació y que vive en Gijón. «Aunque Torcuato Fernández Miranda, que fue un rector comisario en su momento, era de nacimiento gijonés, lo cierto es que llevo a gala que no solo soy de Gijón sino que siempre he vivido en Gijón. Es una buena noticia que vuelva otra vez al caserón de San Francisco un hombre del Derecho, pero también es un signo de los tiempos que el rector de la Universidad de Oviedo sea un gijonés».

Un gijonés del barrio de El Llano -«en la época dura, cuando las calles estaban sin asfaltar, porque ahora es un lujo»-, que decidió estudiar Derecho para asegurarse una salida profesional y que, «a golpe de encuentros casuales que te cambian la vida y de mucho afán», atesora una trayectoria personal, académica y profesional que, de momento, le ha llevado a ponerse al frente de su universidad para transformarla de manera «radical».

-¿Cuál cree que ha sido la clave de la victoria de su candidatura?

-Cuando hacíamos nuestros análisis de tendencia de voto ya sospechábamos que estas elecciones se iban a decidir entre los que estaban cómodos con el modelo existente y no veían necesidad de ningún cambio y entre quienes entendían que había que dar un cambio, y además radical, al modelo de universidad y a la manera de hacer universidad. Esto lo digo con un enorme respeto para cualquiera de las dos opciones, es un análisis electoral puro y duro. Al final creo que lo que nos ha dado la victoria, porque la duda era qué bloque iba a pesar más, ha sido que hubo un mayor porcentaje de quienes querían la universidad del cambio, de quienes entienden que ha llegado el momento de un nuevo comienzo para reinventar la Universidad de Oviedo y cambiar el modelo y los modos.

De la campaña no tengo queja de nadie ni de nada. En ningún momento he tenido un contacto o una reunión incómoda

-¿Considera que hubo un exceso de ‘guerra sucia' en la campaña?

-Ahí me va a permitir pasar palabra, pero sí quiero transmitir dos ideas muy claras. Estoy muy agradecido a la comunidad universitaria por el apoyo que nos ha brindado y porque además, a lo largo de toda la campaña, solo he tenido reuniones muy agradables. No tengo queja de nadie ni de nada. En ningún momento he tenido un contacto o una reunión incómoda. En absoluto. Ha sido todo muy universitario, incluso cuando he tenido que torear en territorio hostil nunca se ha notado hostilidad alguna. Una segunda cuestión es que considero que hay que pasar página. No ha sido la campaña que a nosotros nos hubiera gustado soportar, porque han pasado cosas que han trascendido incluso a lo personal y que me han dolido, pero eso ya es el pasado. Lo que quiero transmitir ahora es que, una vez que has ganado los comicios, pasas a ser el rector de la Universidad de Oviedo. Hemos venir a servir a la universidad y a esa comunidad universitaria. A todos, sin excepción.

-¿Tiene ya perfilado el equipo rectoral que le va a acompañar los próximos cuatro años?

-Sí, en unos días estaremos en condiciones de poder presentarlos públicamente. En el caso de ganar las elecciones, como afortunadamente ha sido, tenía muy claro que nos tocaría hacernos cargo del gobierno de la universidad en unas fechas malas, en las que no íbamos a tener tiempo ni siquiera a descansar, y que había que llegar con las ideas muy claras y con los proyectos ya afinados. Para ello había que ir formando el equipo, que tanto en su estructura como en un buen número de los nombres de las piezas clave llevan ya un tiempo trabajando en cómo afrontar los primeros días de mandato.

-¿Cuáles serán las primeras medidas? ¿Qué es lo que no puede esperar?

-Quiero hacer dos cosas. La primera, desde un punto de vista humano, es despedir al equipo anterior. A veces las instituciones somos demasiado frías y despachamos con un gracias por los servicios prestados a personas que han sacrificado su vida personal y profesional por el servicio público durante un tiempo largo. Me gustaría tener la ocasión de despedirme uno a uno del rector saliente, que seguirá siendo rector de esta universidad, y de su equipo porque creo que hay que mostrarles el agradecimiento de la institución. Y lo primero que hay que hacer es convocar una reunión del consejo rectoral, decidir ya la hoja de ruta para los próximos 100 días y cumplir con nuestro compromiso de los 30 retos. También es muy importante hacernos con las riendas del día a día. No podemos parar la universidad. Hay muchas convocatorias y procesos que ya están en marcha que tendremos que culminar, hay que empezar ya a trabajar en los principales planes estratégicos para los próximos cuatro años y, desde luego, reunirnos de inmediato con el consejero de Universidades para también tener una hoja de ruta y un plan de trabajo para los próximos meses porque la Universidad no para y nosotros no podemos detenerla.

Me cuesta mucho trabajo pensar que el interés del Principado y el de la Universidad sean contrapuestos; tenemos que ir a un modelo de colaboración sincera, leal y de acuerdos

-¿Cómo van a ser, o cómo deberían ser, sus relaciones como rector con el Gobierno del Principado? ¿Qué espera en ese sentido?

-El presidente del Principado, que me llamó ayer (por el viernes) para felicitarme y se lo agradezco, me volvió a tender la mano y se la acepto. Tenemos que abandonar el modelo de confrontación e ir a un modelo de colaboración sincera, leal y de acuerdos. Tenemos espacio donde encontrarnos y alcanzar acuerdos. Me cuesta mucho trabajo pensar que el interés del Gobierno del Principado y que el interés de la Universidad sean contrapuestos. Estoy convencido de que son intereses compartidos, comunes, porque son los intereses de Asturias. Estoy seguro de que encontraré en el Principado, como van a encontrar en mí, un socio leal, comprometido y con muchas ganas de hacer cosas.

-¿Y en qué situación se espera encontrar la universidad?

-Lo primero que me preocupa es la situación económica. Si algo he aprendido en los puestos de gestión en los que he estado es que puedes tener muy buenas ideas, pero si no tienes dinero lo tienes complicado. Por ello, lo primero que hay que hacer es ver cómo estamos económicamente de verdad, no lo que está puesto sobre el papel, que lo soporta todo. Necesitamos saber la situación económica y financiera real de la universidad porque va a condicionar no tanto los planes como las prioridades. Podemos sacar adelante todas las planificaciones pero, dependiendo de la situación económica, unas tendrán más prioridad que otras.

-En su programa la prioridad radicaba en las personas.

-La prioridad absoluta es nuestro personal, desde luego. Siempre he dicho que el nuestro es un modelo de las personas y nuestra prioridad siempre será que nuestro personal esté bien porque si la comunidad universitaria está bien podremos desarrollar todos los planes de transformación profunda de la institución que queremos implantar. Lo primero es conocer la situación económica, pero también quiero saber cuál es el estado de las distintas convocatorias de las ofertas públicas de empleo para ver cómo tenemos que llevarlas a buen puerto. Y, tercero, tenemos que empezar a constituir muy rápidamente los equipos de trabajo porque mi idea es que a mediados o a finales de marzo estemos funcionando a pleno rendimiento.

Tengo esperanza en que el escenario de la pandemia vaya cada vez a mejor y podamos recuperar cuanto antes la presencialidad que tanto necesitamos y que tanto queremos.

-Este año va a seguir marcado por la pandemia de coronavirus. ¿Qué ocurrirá con los próximos exámenes? ¿Serán presenciales?

-Esa es otra de esas primeras cuestiones que tenemos que abordar y por ello tenemos que tener el equipo ya entrenado y en forma. Nos tenemos que reunir, por un lado, con la Consejería de Salud del Principado para establecer un mecanismo de comunicación y de colaboración y, por otro, internamente con lo que hemos dicho y está en nuestro programa. Vamos a crear un comité de crisis para la emergencia sanitaria en el que participarán el servicio de prevención, los agentes sociales, los centros y los departamentos. Además vamos a revisar los planes de contingencia que tenemos en este momento activos para ver cómo los adaptamos a los posibles escenarios que nos podamos encontrar en los próximos meses, para abordar las inversiones y el trabajo necesarios para que cuando llegue el momento estemos preparados. Tengo esperanza en que, con la vacunación y las medidas de carácter general que se están adoptando en el marco del estado de alarma, el escenario vaya cada vez a mejor y podamos recuperar cuanto antes la presencialidad que tanto necesitamos y que tanto queremos.

-¿Se imaginaba en su juventud que llegaría a ser rector de su universidad?

-No, en mi juventud no pensaba ni siquiera que iba a poder ser profesor de universidad. A veces pienso que mi vida ha sido un entretejimiento de azares y de casualidades… El azar me llevó a estudiar Derecho porque parecía que no había otra cosa que asegurase una salida profesional a un chaval de barrio y de familia muy humilde. Nunca hubiera pasado por mi cabeza entonces que iba a ser profesor de universidad e incluso llegar a ser catedrático, que también fue por azar, porque tuve la fortuna de que se cruzó en mi vida un hombre que añoramos mucho, Ignacio de Otto, que me invitó a hacer la tesis, y luego Paco Bastida. Por eso creo que la vida se teje de casualidades y de encuentros casuales que te la cambian. Y, a golpe de esos encuentros y de mucho afán, uno llega a lo que llega aunque nunca pensé que iba a ser rector de mi universidad. Pero aquí estamos. Ahora se trata de hacer honor a una casa que me lo ha dado todo.

La figura del rector Alas resume la tragedia que ha vivido este país y que parece que no somos capaces de superar

-¿Cuál fue el rector que más ha admirado? ¿A quiénes tiene como referentes?

-Hay dos figuras. Una histórica, el rector Alas, por lo trágico de su circunstancia. Gracias al impulso de Leopoldo Tolívar, que siempre tuvo ese enorme empeño de recuperar la memoria del rector Alas, tuve ocasión de colaborar muy modestamente cuando me lo pidió estando yo de secretario general de la universidad en 2005. Avanzamos en esa dirección y, de hecho creamos el aula Rector Alas en el edificio histórico, recordando a ese gran rector que además es una figura que me impacta porque resume una tragedia. La tragedia que ha vivido este país y que parece que no somos capaces de superar. Cómo un buen hombre puede acabar ante el paredón de fusilamiento sencillamente por lo que piensa. Ahora hay muchas formas de fusilar a las personas por lo que piensan y me preocupan ese tipo de linchamientos. Y, aunque admiro a todos los rectores que han pasado por esta casa, le tengo un enorme cariño a Juan Vázquez, porque somos amigos y he aprendido muchísimo de él. Es una persona importante en mi carrera; confió en mí, me dio la oportunidad de estar en su equipo y siempre ha estado ahí. Lo admiro por su brillantez, por su inteligencia y por su sentido de la universidad, pero no siento menor admiración por otros rectores como Alberto Marcos, Juan López-Arranz, Santiago Gascón -que no está ya con nosotros-, Julio Rodríguez -que tampoco está-, Vicente Gotor -que vivió ocho años tremendos y que fue capaz con su equipo de sacar adelante la universidad- y también Santiago Garcia Granda, porque un rectorado es un sitio muy difícil y muy duro. No es un lugar agradable. De hecho, así se lo decía a mi equipo, ‘el día que lleguemos tenemos que tener claro que el mejor día es un mal día’.

-«Suerte, Nacho, que la vas a necesitar«, le deseaba Bastida en un artículo publicado en La Voz con motivo de las elecciones…

-Siempre se necesita suerte. Hay que combinar un 80% de trabajo duro pero siempre vas a necesitar un 20% de suerte. Puedes trabajar muy duro y no tener suerte. No digo que el trabajo no tenga fruto, pero a lo mejor no todo el fruto que se merece el trabajo que has desplegado. Pero el 80%, casi el 90%, del éxito está en el tesón, en ideas claras, en la firmeza, en la determinación y en trabajo, trabajo, trabajo y trabajo.

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