Así salvó el buque insignia de la sanidad asturiana sus quirofanos en la pandemia

El servicio de cirugía general del HUCA sólo redujo su actividad un 15% en el balance de 2020

El jefe de Servicio de Cirugía General del HUCA, José Granero
El jefe de Servicio de Cirugía General del HUCA, José Granero

Se suele llamar al HUCA la joya de la corona o el buque insignia de la sanidad asturiana, ya antes de la pandemia y con más galones después de su estallido. No es una metáfora que suene extraña a quienes allí trabajan, que en algunos momentos llegaron a vivir los duros golpes de cada una de las oleadas del coronavirus como una cruda tormenta que hacía zozobrar el barco. Pero nunca llegó a hundirlo. Cuenta de ello es el balance final de la actividad de los quirófanos del hospital en 2020, con una caída de actividad que apenas llega al 15% en el caso del servicio de cirugia general y digestiva, o lo que es lo mismo: en uno de los años más difíciles para cualquier sistema de salud del mundo, los cirujanos de este servicio hicieron el 85% de las operaciones de un tiempo sin coronavirus.

«La sensación que teníamos es que se había trabajado mucho, cuando se cerró el ejercicio y se incorporaron todos los datos de 2020, eso se confirmó, y de hecho, las cifras son razonablemente mejores de las que nosotros sospechábamos; hemos disminuidos la actividad en torno a un 15% nada más», explica el jefe de Servicio de Cirugía General del HUCA, José Granero, quien recalcó que los números revelan un esfuerzo imporntante. En el HUCA hay 47 cirujanos que «hemos visto casi 20.000 consultas en este 2020, y hemos operado 2.500 pacientes, estamos hablando de cifras muy altas».

El cirujano recalcó que el ritmo se había mantenido a toda máquina incluso en los momentos más duros de la pandemia «no se ha dejado de operar ni un solo día en todo el año. Habitualmente en el servicio de cirugía tenemos cinco quirófanos diarios y durante las peores fases de la pandemia, en la primera y en la segunda ola, hemos pasado a tener dos quirófanos diarios pero nunca menos de eso».

¿Cómo consiguieron hacerlo en un año en el que los ingresos han llevado a muchos hospitales al límite, también en Asturias y donde el virus golpeó con dureza también y mucho a los sanitarios? Granero recurre de nuevo a las metáforas marineras, porque los quirófanos del HUCA se salvaron como se salva un barco de un naufragio, con compartimentos estancos, como los mamparos que evitan que una nave se inunde por completo si hay una fuga.

«Desde que se comunicó oficialmente el 16 de marzo, cerramos el  servicio, lo compartimentalizamos. Fuimos de los primeros que empezamos a separarnos, dejamos de vernos en persona. Por la mañana, junto a los estudiantes nos podíamos juntar aquí cincuenta y tantas personas a las ocho de la mañana para iniciar la sesión; pero dejamos de hacer todo eso y empezamos a abrir ordenadores, ya no tuvimos reuniones de más de seis, cambió por completo nuestra forma de relacionarnos, elaboramos un plan de contingencia y fuimos haciendo compartimentos estancos para intentar, que si nos veíamos afectados, pudiéramos soportar mejor la embestida». No fue sencillo, Granero añade que «casi la mitad de la plantilla o se ha contagiado o ha tenido que estar aislada por contactos directos, pero aún así hemos resistido. A día de hoy ya estamos prácticamente todos vacunados esperando a ver qué es lo que nos viene por delante todavía».

Hay muchos hospitales en Asturias y cada uno ha pasado momentos extremos en la pandemia, pero el HUCA es especialmente significativo porque es el centro de referencia y donde se acude cuando ya no se puede acudir a ningún otro lugar. «Todo lo que en otros sitios no se puede o no se debe hacer, todo esto se remite al HUCA y aquí no tenemos dónde mandarlo, hay que resolverlo todo. Durante la pandemia han aumentado muchísimo las derivaciones que nos han hecho desde otros hospitales, pero tenemos que dar respuesta a eso. Nosotros somos la estación Termini, ya no hay más. Estamos muy orgullosos de lo que hemos hecho», destaca Granero. Otro dato que pone de relieve la importancia de que no decayeran los quirófanos es que la cirugía de urgencia supone el 40% de la actividad del hospital. 

Como en buena medida parte de la lucha contra el covid se ha vivido como ua guerra, las comparaciones bélicas abundan en los discursos cuando se recuerdan los peores días. El cirujano recurre a las batallas de infantería del siglo XVIII, con filas de soldados disparando mosquetes, frente a frente, y avanzando a pasos lentos aunque cayeran sus compañeros. «Lo veía en las películas y me parecía ridículo pero es un poco lo que hemos tenido que ir haciendo porque ha habido servicios muy castigados. Al principio tienes un miedo abstracto pero un día te dicen que un compañero tuyo, que tiene su nombre y apellido y que le pones cara, está en la UVI boca abajo y ese día le pones cara al miedo».

En ese relato se habla de pérdidas y de mañanas y noche muy complejas: «los contagios han sido siempre muy complicados, somos cuarenta y pico personas pero todos hacemos una actividad, en el momento que uno cae tiene que ser sustituido por otro, no se puede deja sin hacer. Tuvimos una respuesta sensacional de colaboración a todos los niveles aunque haya habido problemas, hemos perdido a compañeros que han fallecido».

Aún manteniendo un ritmo de actividad frenético, hay momentos en los que priorizar, no se dejaron de hacer las operaciones más urgentes, ni los tumores, pero hubo muchas ocasioenes en que se dejó en casa esperando a un momento más propicio a pacientes con una hernia inguinal o piedras en la vesícula. Ellos tuvieron que esperar aunque eso afecte a su calidad de vida. Pero «la respuesta que hemos tenido por parte de la población ha sido impresionante en general, la gente es muy comprensiva y muy agradecida. Hay gente a la que llamamos y luego le tuvimos que decir que no podíamos, que le suspendimos las intervenciones varias veces, hasta tres o cuatro veces, pero el comportamiento de la población de Asturias ha sido absolutamente ejemplar».

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