Un año del comienzo del confinamiento: así lo recuerdan los que no pararon

Carmen Liedo
Carmen Liedo REDACCIÓN

ASTURIAS

Por la izquierda, arriba, Raquel Prieto e Ildefonso Rodríguez. Abajo, por la izquierda, Laura González y Sandra Fernández
Por la izquierda, arriba, Raquel Prieto e Ildefonso Rodríguez. Abajo, por la izquierda, Laura González y Sandra Fernández

Una enfermera, una farmacéutica, un policía local y una empleada de supermercado rememoran cómo fue tener que salir a trabajar al comienzo del estado de alarma y enfrentarse a las incertidumbres y miedos que generaba el todavía desconocido virus de la Covid-19

14 mar 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Aquel sábado 14 de marzo de 2020 ya amaneció enralecido por lo que apuntaban las noticias: que la crisis sanitaria empezaba a hacer mella en España con más de 5.000 personas contagiadas, más de un centenar de fallecidos y se preveían semanas complicadas. En Asturias hubo negocios que ese día ya no levantaron la persiana mientras en los supermercados se aglomeraba la gente en busca de provisiones ante la incertidumbre de los estragos que podía causar la pandemia de la Covid-19. Del estado de emergencia se pasó al estado de alarma cuando por la tarde el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, compareció y decretó el confinamiento de la población: «España se enfrenta a una emergencia de salud pública que requiere decisiones extraordinarias», dijo al comienzo de su intervención estableciendo que la movilidad de las personas quedaría restringida a las actividades permitidas desde las 23.59 horas de la madrugada del domingo al lunes.

Ese lunes miles de asturianos se quedaron en casa expectantes ante la nueva situación, tratando de adaptarse a un estado que en principio se anunció para 15 días, reorganizándose laboralmente e intentando conciliar la vida familiar dada la suspensión de todas las clases en todos los niveles educativos. Pero, mientras, para mucha gente la sensación era que el mundo se había parado, hubo quien ese lunes 16 de marzo tuvo que abrir la puerta de su casa y salir por ser trabajador de los sectores que el Gobierno declaró como esenciales. Hablamos de personal sanitario, de farmacias, de trabajadores de supermercados o de agentes de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado. Con cuatro personas de esos ámbitos que no pararon echamos la vista atrás para recordar cómo vivieron y cómo se sintieron en aquellos primeros días de confinamiento en los que ellos tuvieron que seguir pese a la incertidumbre y al miedo a contagiarse.

Raquel Prieto, enfermera: «Era una situación dura, pero quería ayudar»

A Raquel Prieto, enfermera en la unidad de geriatría del hospital Monte Naranco, le viene a la cabeza aquella «sensación extraña» de salir a la calle «y estaba todo vacío». Sin embargo, esa misma sensación era que la ponía en la cuenta «de que algo estaba pasando. Era una situación dura, pero quería ir a ayudar y no me costaba salir», recuerda. No obstante, reconoce que en los primeros momentos del estado de alarma «el temor al contagio era enorme, porque no se sabía ni cómo ni cuando ni de qué manera». «Me planteé que si lo cogía no volvería a casa para no contagiar a la familia», explica esta profesional de la sanidad, que hasta ahora ha logrado esquivar a la Covid-19.

«Me planteé que si lo cogía no volvería a casa para no contagiar a la familia»

Es consciente de que tiene un trabajo de mucho riesgo y siempre ha tratado de protegerse mucho pese a que admite que con el paso de los meses «te acostumbras a la situación y la normalizas», aunque sin bajar la guardia porque sabe que esta pandemia es impredecible. «Me acuerdo al comienzo de un fin de semana que estuve de descanso sábado y domingo y cuando volví había 13 pacientes que habían dado positivo. Había estado con ellos llevando sólo una mascarilla FPP2 y no lo cogimos y hay que tener en cuenta que a los pacientes que son gente mayor te acercas mucho para darles de comer o, incluso, les das la mano porque necesitan mucho cariño», explica Raquel Prieto, que se siente satisfecha con el trabajo realizado y el apoyo que ha dado a los pacientes. «Veías a los pacientes solos y yo nunca dudé de utilizar mi móvil porque muchos no sabían de la familia. No entendían que el mundo estaba parado por un bicho, así que me siento en paz conmigo misma», añade. «Ha sido muy duro en todos los sentidos, en al ámbito laboral y en el humano, pero esto ha cambiado a la gente en la capacidad de empatizar y de seguir trabajando cuando se necesitaban más manos», comenta Raquel Prieto.

Laura González, farmacéutica: «La sensación fue de estar viviendo una guerra»

Las calles vacías en las primeras horas de la mañana en el comienzo del confinamiento le daban a Laura González Canga, farmacéutica de Sama, «la sensación de estar viviendo una guerra», a lo que sumaba «el miedo de no saber a qué nos enfrentábamos». Recuerda el nerviosismo de la gente que acudía a comprar y como eso se traducía en un trato más tenso con el cliente, que acudía «con mucha exigencia». También apunta que durante el confinamiento se hizo «mucho acopio de medicamentos.

En lo profesional y en lo personal también cambió mucho la vida de Laura. «Esta farmacia está abierta once horas, por lo que tuvimos que hacer dos turnos estancos en los que no teníamos contacto entre las que estábamos en uno y en otro. Además, cuando llegábamos nos poníamos a desinfectar de nuevo todo en la farmacia y eso generaba mucho estrés», comenta la farmacéutica, que también tuvo que adaptar su ámbito personal: «Tengo un niño pequeño que dejé con los abuelos y estuve un mes y medio sin contacto con él». A esto añade «la tensión inicial insostenible» que le suponía llegar a casa «y quitarme prácticamente toda la ropa en el descansillo» por miedo a contagiar a la familia.

«Tengo un niño pequeño que dejé con los abuelos y estuve un mes y medio sin contacto con él»

La información contradictoria que llegaba de las autoridades sanitarias entiende que también contribuyó a acrecentar el miedo, «cuando decían que no era necesaria la mascarilla pero por otro lado apuntaban a que se transmitía por las gotas que emitimos al hablar. También el tema de los guantes, hasta que vimos que eran contraproducentes porque daban falsa seguridad», traslada la farmacéutica, que reconoce que «fue una situación nueva para todos» y que «es humano» que la gente estuviera nerviosa y desconcertada.

Ildefonso Rodríguez, Policía Local: «El silencio de las calles por la noche era brutal»

Para los cuerpos y fuerzas de seguridad, el estado de alarma y el confinamiento tampoco fue un momento fácil. Para ellos la situación también era «de incertidumbre y de total desconocimiento». Ildefonso Rodríguez, Policía Local de Gijón y secretario del sindicato SIPLA, traslada que pese a ser semanas en las que no había tanta gente en la calle, fueron «momentos complicados en lo profesional», sobre todo cuando «nos encontrábamos gente que no cumplía» o por la propia tensión que tenía la ciudadanía y que se traducía en peleas domésticas en las que había que intervenir o, incluso, en la agresión a un compañero.

Y eso, además, de las decenas de situaciones estrambóticas que tuvo que vivir con personas que se saltaban el confinamiento y con las que, en ocasiones, «sentía que se estaban riendo de mí». Cuenta el caso del joven que se encontró de madrugada por el centro de Gijón y alegó «que había salido a echar un cigarro. Y no se puso ni colorado». En otra ocasión pararon a un taxi en el que viajaba una persona que aseguraba que iba a buscar unas hojas determinadas para sus gusanos de seda; o «a la señora que iba con un carro de la compra por todo Gijón y la paramos en el otro extremo de donde estaba su domicilio». «Todos con excusas para quebrantar las normas», señala.

«Todos con excusas para quebrantar las normas»

Pero recuerda que cuando no había gente en la calle la sensación era tremenda: «recuerdo al comienzo que en un turno de noche pasé con el coche patrulla por la zona de Fomento a eso de las dos de la madrugada. No había nadie y aquel silencio me impactó. El silencio de las calles por la noche era brutal», comenta.

Otro momento de tensión para Ildefonso en aquellos meses de confinamiento y desconocimiento de la Covid-19 era el de volver a su casa: «recuerdo que dejaba las botas fuera, me quitaba la ropa a la puerta de casa y entraba directo a ducharme porque no quería contagiar a la familia. Fue una locura a lo que nos vimos abocados».

Sandra Fernández, trabajadora de supermercado: «Todo el mundo dio el 200 por cien»

Salir de casa para ir a trabajar a un supermercado tampoco fue fácil en aquellos meses de confinamiento para Sandra Fernández, encargada de El Economato de Oviedo, que no oculta que hubo momentos en los que sintió «miedo» por el desconocimiento de la enfermedad y el temor al contagio. «Salir de casa y no saber que traerías a la vuelta fue muy duro», indica.

Recuerda como desde primera hora de la mañana se formaban colas a la puerta de la tienda, lo difícil que era controlar que no se formaran aglomeraciones dentro «porque la gente no entendía que se limitara el aforo» y la rabia que sentía cuando veía que había personas que acudían a comprar cuatro o cinco veces al día. «Llegaba la mercancía y casi no daba tiempo a colocarla, la gente ya la llevaba y eso generaba mucha presión», comenta Sandra, que añade que cuando fueron pasando los días y les empezaron a llegar las mamparas, las mascarillas, los guantes o el gel hidroalcohólico, el nerviosismo se fue calmando un poco».

«Salir de casa y no saber que traerías a la vuelta fue muy duro»

Apunta que sabe que la empresa les fue dotando de elementos de protección en cuanto pudo conseguirlos y también que sus compañeros estuvieron «al pie del cañón desde el primer día». «Yo me decía, no me puedo quedar en casa porque esto tiene que salir adelante, pero también tengo que decir que en mi tienda todo el mundo dio el 200 por cien y si había que quedarse a reponer para no dejar a los compañeros de la tarde colgados y que hubiera mercancía disponible para los clientes, no protestaba nadie».

Porque  el sector de la distribución de alimentos fue un sector esencial durante el confinamiento y porque aún hoy por hoy siguen estando muy expuestos al trabajar en establecimientos por los que pasan cientos de personas a diario, Sandra Fernández no entiende que los trabajadores de los supermercados no hayan sido considerados prioritarios para la vacunación: «creo que nos tendrían que estar vacunando ya, porque hay sectores que ahora mismo ya tienen puesta al menos una dosis y que no tienen tanto riesgo como el que nosotros llevamos corriendo desde hace una año, pasando todos los días cientos de personas por los supermercados». Pese a que su empresa no fue de las más afectadas por la Covid-19, el deseo con el que concluye su relato lo tiene claro: «que no volvamos a pasar por una cosa así».