El nuevo éxodo neorrural se afinca en Cudillero: «Vivir en la ciudad ya no tiene sentido»

Quiromasajistas, hosteleros sobre ruedas, escultores, ilustradores... A pesar de dedicarse a profesiones diferentes, todos ellos se han trasladado hasta Asturias para empezar de cero

Laura Freyro, Juan Carlos García, Lidia Jaldo, Enzo Elia, Isabella Argentieri y Edel Rzepka
Laura Freyro, Juan Carlos García, Lidia Jaldo, Enzo Elia, Isabella Argentieri y Edel Rzepka

Redacción

«Vivir en la ciudad ya no tiene sentido». Es la frase que une a Lidia Jaldo, Edel Rzepka, Juan Carlos García, Laura Freyro, Isabella Argentieri y Enzo Elia. Aunque todos ellos ejercen profesiones diferentes en su momento compartieron una misma vivencia, la de un éxodo urbano en busca de tranquilidad y nuevas experiencias. Modernamente llamados neorrurales, cada uno ha encontrado en Asturias un lugar donde empezar de cero y ahuyentarse del ritmo frenético de la gran ciudad. Ahora desarrollan sus respectivas profesiones, algunos otras distintas a la que ejercían, en contacto con la naturaleza y el medio rural al mismo tiempo que rehabilitan sus casas centenarias dando vida a lugares en riesgo de despoblación.

Lidia Jaldo, 44 años. De las agencias de márketing a quiromasajista en Soto de Luiña

Lidia Jaldo posa en su local de masajes
Lidia Jaldo posa en su local de masajes

Hace 11 años que el chip de la madrileña Lidia Jaldo cambió por completo. De trabajar «en una buena agencia de márketing en Madrid» a mudarse a Soto de Luiña, en Cudillero. «Decidí emprender un nuevo camino, de fuera  hacia adentro, apartando lo material y lo superficial para conectar con lo más  profundo del autoconocimiento y crecer personalmente», explica Jaldo. A sus 44 años hace uno que reside en el Principado, dedicándose en cuerpo y alma a su negocio de masajes y terapias holísticas.

Su caída en tierras astures no fue por casualidad, ya que su abuela era asturiana. Durante once años, diez antes de mudarse definitivamente, visitaba asiduamente la región hasta que tomó la decisión para «huir del mundanal ruido y oír de nuevo». Jaldo explica que en su etapa de ejecutiva «me planteé incluso llevarme una cama a la oficina». Ahora, lejos de esa estresante vida, compagina su negocio de masajes con el de la casa rural centenaria que restauró con sus propias manos, donde también organiza talleres de masaje y «retiros de esencia». Además es socia activa de la Asociación Oviñana Turismo y Ocio, donde desea ayudar a dinamizar con experiencias la promoción turística y ocio  de la zona.

Juan Carlos García, 54 años. Hostelero madrileño sobre ruedas

Juan Carlos García en su establecimiento sobre ruedas
Juan Carlos García en su establecimiento sobre ruedas

También afincado en Soto de Luiña, este hostelero madrileño decidió hace apenas un año traer su «foodtruck» hasta el Principado. Después de toda una vida dedicada a la hostelería y al reparto decidió «iniciar un camino de desarrollo personal» y salir del barrio madrileño de Arganzuela. «La inestabilidad que había hace un año por la pandemia», así como motivos afectivos le hicieron tomar la decisión de mudarse hasta tierras astures. García usó todo el paro generado de su vida para emprender un nuevo rumbo, disfrutando de su experiencia en hostelería  y al mismo tiempo le diera «la libertad de viajar buscando un nuevo hogar en el  mundo».

Así que ya el verano 2020 se estableció en  el parque de castaños centenarios El Castañeu en Soto de Luiña, donde fue  muy bien recibido por vecinos y turistas. Fuera de la estación de verano trabaja haciendo labores del  campo. «Ha sido un cambio fantástico y me siento realmente cómodo», afirma, ya que prefiere no recordar más la M-30 y se reafirma en su decisión de «apostar por una mejor calidad de vida».

Laura Freyro, 38 años. De producciones millonarias a la ilustración en una aldea de Cudillero

Laura Freyro junto a su perro
Laura Freyro junto a su perro

La historia de la madrileña Laura Freyro es dinámica y apasionante. En su vida pasada era escenógrafa en grandes producciones cinematográficas y proyectos internacionales, llegando a trabajar para El Circo del Sol. Tras una estancia de siete años en México y enamorarse de la cultura celta decidió dar un vuelco a su frenético ritmo de vida. El vínculo con familiares lejanos y su afición por surfear hicieron que elegir el Principado fuera una sencilla decisión. Ahora se dedica a la ilustración en una pequeña aldea de Cudillero llamada El Bufón.

«Me siento muy feliz con el cambio. Lo noto mucho en la cercanía que hay que con las personas que tienes al lado», celebra Freyro. En la actualidad sigue rehabilitando su casa centenaria en compañía de sus cuatro perros, que son una de sus pasiones. En esta nueva etapa de su vida, que empezó hace un par de años, ha decidido decrecer tanto en  tecnología como en actividad frenética buscando la manera más natural de trabajar, vivir y compartir.

Isabella Argentieri y Enzo Elia, 40 y 44 años. Italianos intrépidos viviendo una aventura asturiana

Isabella Argentieri y Enzo Elia junto a su perro
Isabella Argentieri y Enzo Elia junto a su perro

Todo comienza con la búsqueda de un puesto de trabajo. Enzo Elia, informático, contactó vía LinkedIn con una compañía de Avilés para una entrevista. Sin haber pisado antes España, tanto Elia como Isabella Argentieri emprendieron una nueva aventura desembocando en el Principado, en 2016. Tras tres años de trabajo, en 2019 decide poner punto y final para hacerse con un bar en el pueblo de Loro, en Pravia. «Estamos muy felices y muy tranquilos con el cambio», aseguran.

Actualmente residen en la localidad de Sangreña, Pravia, en la parroquia de Villavaler. Integrados por completo en el entorno, esta pareja italiana es un ejemplo movimiento migratorio para repoblar zonas rurales. Ambos desarrollan su filosofía de vida a través de su negocio y cultivos, con diversas propuestas ara la evolución de la propia  comunidad.

Edel Rzepka y Roberto, 44 y 67 años. Escultores argentinos en Villademar

Edel Rzepka sujeta uno de sus jarrones
Edel Rzepka sujeta uno de sus jarrones

A los 19 años Edel Rzepka emigró de Argentina a España junto a Roberto. La abuela de Rzepka, que también era escultura, fue la causa por la que decidieron seguir sus pasos. Tras vivir en Talavera de la Reina, Toledo, tomaron la decisión de mudarse a Asturias hace cuatro años, lugar que solían frecuentar. «Nos cansamos de venir de vacaciones, así que decidimos mudarnos», bromean.  

El lugar escogido para su nueva aventura fue Villademar, un pequeño pueblo de Cudillero. «La gente de la zona es cariñosa y  sociables, y se respira verde por todos los rincones», comentan. Edel, en cerámica y pintura, y Roberto en metal y madera, unen fuerzas en la recuperación de materiales o en la realización de nuevos objetos a  partir de algunos de segunda mano que necesitan una reparación y darle otra oportunidad. «El cambio fue total y para mejor. La naturaleza, la gente, todo», rematan.

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