El nuevo éxodo neorrural se afinca en Cudillero: «Vivir en la ciudad ya no tiene sentido»

Nel Oliveira
Nel Oliveira REDACCIÓN

ASTURIAS

Laura Freyro, Juan Carlos García, Lidia Jaldo, Enzo Elia, Isabella Argentieri y Edel Rzepka
Laura Freyro, Juan Carlos García, Lidia Jaldo, Enzo Elia, Isabella Argentieri y Edel Rzepka

Quiromasajistas, hosteleros sobre ruedas, escultores, ilustradores... A pesar de dedicarse a profesiones diferentes, todos ellos se han trasladado hasta Asturias para empezar de cero

07 may 2021 . Actualizado a las 10:48 h.

«Vivir en la ciudad ya no tiene sentido». Es la frase que une a Lidia Jaldo, Edel Rzepka, Juan Carlos García, Laura Freyro, Isabella Argentieri y Enzo Elia. Aunque todos ellos ejercen profesiones diferentes en su momento compartieron una misma vivencia, la de un éxodo urbano en busca de tranquilidad y nuevas experiencias. Modernamente llamados neorrurales, cada uno ha encontrado en Asturias un lugar donde empezar de cero y ahuyentarse del ritmo frenético de la gran ciudad. Ahora desarrollan sus respectivas profesiones, algunos otras distintas a la que ejercían, en contacto con la naturaleza y el medio rural al mismo tiempo que rehabilitan sus casas centenarias dando vida a lugares en riesgo de despoblación.

Lidia Jaldo, 44 años. De las agencias de márketing a quiromasajista en Soto de Luiña

Lidia Jaldo posa en su local de masajes
Lidia Jaldo posa en su local de masajes

Hace 11 años que el chip de la madrileña Lidia Jaldo cambió por completo. De trabajar «en una buena agencia de márketing en Madrid» a mudarse a Soto de Luiña, en Cudillero. «Decidí emprender un nuevo camino, de fuera  hacia adentro, apartando lo material y lo superficial para conectar con lo más  profundo del autoconocimiento y crecer personalmente», explica Jaldo. A sus 44 años hace uno que reside en el Principado, dedicándose en cuerpo y alma a su negocio de masajes y terapias holísticas.

Su caída en tierras astures no fue por casualidad, ya que su abuela era asturiana. Durante once años, diez antes de mudarse definitivamente, visitaba asiduamente la región hasta que tomó la decisión para «huir del mundanal ruido y oír de nuevo». Jaldo explica que en su etapa de ejecutiva «me planteé incluso llevarme una cama a la oficina». Ahora, lejos de esa estresante vida, compagina su negocio de masajes con el de la casa rural centenaria que restauró con sus propias manos, donde también organiza talleres de masaje y «retiros de esencia». Además es socia activa de la Asociación Oviñana Turismo y Ocio, donde desea ayudar a dinamizar con experiencias la promoción turística y ocio  de la zona.