Cruel disparo a bocajarro a un perro en un pueblo de Grado: «El que lo hizo sabía lo que hacía»
ASTURIAS
Otto se recupera con sus dueños, que han denunciado los hechos y explican que, al no hallarse la bala, tan solo cazadores pudieron reconocer que la herida era de escopeta
08 may 2021 . Actualizado a las 20:32 h.Llena de rabia, dolor e impotencia relata Elisa López, de 32 años, el incidente que vivió este pasado lunes. Ella y su marido, Manuel Menéndez, viven en Rañeces, un pueblo de muy pocos habitantes en la localidad de Grado. Mientras la pareja metía a su bebé de meses en casa, sobre las nueve de la noche, el perro de la familia, Otto -un labrador de diez años- se escapó tan solo unos instantes. Nada preocupante en un pueblo donde todos se conocen. «Está a dieta y se va a menudo porque sabe que los vecinos le dan de comer», relata la mujer. Tan solo 30 minutos después comenzó la tragedia.
Tras escuchar un tiro -al parecer algo habitual en la zona según denuncia- Otto regresó a casa «tiritando y muerto de miedo». Aunque el labrador cojeaba pudo llegar a su domicilio sin problemas ante el sobresalto de sus dueños. «Cuando lo analizamos vimos que tenía un boquete en la ingle», cuenta aún con rabia su dueña. «De inmediato lo llevamos a la clínica veterinaria y lo operaron de urgencia», apena. Los veterinarios desconocieron el origen de la herida, pero sí le explicaron a los dueños que no era una habitual. Le tuvieron que extirpar un taco de plástico que tenía dentro. «Me crie en el pueblo y sigo viviendo allí. No tengo problemas con nadie aunque piense diferente a algunos», explica López.
Una vez que Otto regresó a su casa para recuperarse del inicdente, tanto López como su marido siguieron indagando para llegar hasta el final de la historia. «Colgamos las fotos en redes sociales y varios cazadores se pusieron en contacto con nosotros. Nos dijeron que esa herida era de escopeta». Además, tal y como explica la dueña del labrador, «entre la bala y la pólvora suele ir un taco. Pues bien, quitaron la bala y dejaron el taco con la pólvora. Dispararon a quemarropa con el aire comprimido para herirlo y no matarlo. El que lo hizo sabía lo que hacía».
Ahora, después de haber denunciado los hechos ante la Guardia Civil, un operativo se encarga de encontrar al responsable de los hechos. «Tengo sospechas de quién pudo ser, pero no puedo ir a juicio contra medio pueblo», señala Elisa López. Según las sospechas de la familia, se piensa que pudo haber sido algún vecino de la zona, pero se tapan entre ellos. «Cuando preguntas por ahí nadie sabe nada. Y seguro que lo saben».
Mientras se mantienen a la espera de que aparezca el autor del disparo a bocajarro, los dueños tienen la esperanza de que cuando Otto se recupere sea él el que incrimine de alguna forma al responsable. «Es un perro súper bueno. Estamos convencidos de que se acercó a esa persona porque la conocía y fue cuando le dispararon», sentencia López.