Cómo avistar osos en libertad en Asturias

Genaro Morán

ASTURIAS

¿Qué sabemos del oso pardo cantábrico? ¿Es posible verlo en su hábitat? ¿Se está convirtiendo en actividad peligrosa salir a hacer senderismo por determinadas zonas?

21 jun 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

La noticia protagonizada por un oso que atacó a una mujer en Cangas del Narcea ha vuelto a poner de actualidad a una especie única que le está perdiendo el miedo al hombre, acercándose cada vez más a zonas pobladas. ¿Qué sabemos del oso pardo? ¿Es posible verlo en libertad? ¿Se está convirtiendo en actividad peligrosa salir a hacer senderismo por determinadas zonas?  

El oso pardo cantábrico quedó dividido en la primera mitad del siglo XX en dos poblaciones genéticamente incomunicadas. La brecha fue el puerto de Pajares.. La población oriental vive entre los picos de Europa, la zona leonesa de Riaño y el Alto Campoo. Mientras que la población occidental vive entre los Ancares de Lugo, los valles de Babia, Laciana y Luna, el santuario osero de Somiedo y la denominada Montaña Central. Y si bien en el suroccidente asturiano, entre Cangas del Narcea, Muniellos, Villablino y el nacimiento del Sil en Somiedo, es donde existe una mayor concentración de hembras con crías y machos solitarios, el lugar idóneo para verlos es esa Montaña Central asturleonesa. Peña Ubiña, con Peña Prieta y los Picos de Europa, la santísima trinidad de los colosos cantábricos. Y en concreto Proaza, donde Jesús López, gerente de Fayas Forestal, ha catalogado en su último censo más de 60 ejemplares. «Este es el mejor sitio para verlos, porque estamos a 20 minutos de Oviedo y porque, en una zona geográfica muy acotada, tenemos controladas varias decenas de animales, que podemos ver con absoluto respeto por su hábitat».  

¿Cómo funciona el avistamiento?

Hay que madrugar mucho o llegar a Proaza para comer. Jesús cita en el centro del pueblo a las 06.45 de la mañana o a las 18h. Las primeras y las últimas horas del día son el momento idóneo para ver a las madres salir de las oseras con sus crías, en busca de alimento. Y también el momento en el que los machos merodean tanto a las osas solas como incluso a las recién paridas, en busca de un celo. El principal enemigo del oso pardo es él mismo. En la Península Ibérica no existe ningún depredador con el que ni siquiera tenga que compartir el trono de la cadena trófica. Pero el índice de reproducción es muy bajo porque las osas, en un claro ejemplo de dimorfismo sexual, son mucho más pequeñas, paren cada dos años y no siempre son capaces de defender a sus crías de los ataques de los machos, que quieren eliminarlas para que las madres recuperen el celo. El infanticidio, como así se denomina a esta práctica, es una estrategia evolutiva de los machos para mejorar su éxito reproductivo. El principal escudo que tienen las madres es la promiscuidad. «Copulan con todos los machos que pueden para hacerles creer que ellos son los padres. Incluso hay algún estudio reciente que dice que ellas no solo son capaces de saber quién es el padre real. Sino incluso de elegirlo entre varios machos con los que hayan copulado», nos explica Jesús.   

¿Con quién hay que contactar?

Nosotros fuimos con Fayas Forestal. Hay otra empresa en Proaza, de un guía francés, que trabaja prácticamente en exclusiva con tourperadores de su país. También hay otras posibilidades en los valles de Aller, Nava o en Somiedo. Pero no con una densidad de osos tan grande como la que existe en Proaza. 

¿Es una excursión de riesgo?

No, siempre que se vaya con un guía. Las posibilidades de ver osos en libertad yendo por cuenta propia son prácticamente nulas. «Imposible no hay nada -nos explica Jesús-. Yo los he tenido delante del coche a dos metros. Hay osos que se acostumbran a bajar a algún contenedor de basura de algún pueblo. Pero aunque vayas por el monte y los tengamos a cuatro metros, lo más probable es que nosotros no los veamos y ellos en cuanto nos huelan asusten y se vayan». No obstante, con el oso ocurre como con el jabalí u otras especies. Como prueba el incidente de Cangas del Narcea, en el que una septuagenaria que se había quedado unos pasos atrás de un grupo de personas que habían salido a pasear por una pista se encontró con un macho que seguía el rastro de un celo, nada es imposible. Y los incidentes cada vez son más probables. El calentamiento climático está provocando que algunas especies vegetales, como el arándano, tenga cosechas cada vez más irregulares. Y de otras, como la castaña, cada vez hay más. Esto provoca que los osos cada vez hibernen menos y estén más tiempos activos. «Cada vez hay más y cada vez son más descarados», nos explica Jesús. Pero lo cierto es que en los últimos veinte años la Fundación Oso Pardo solo tiene catalogados ocho ataques a humanos, y solo en cinco con el resultado de heridas leves. 

¿Está garantizado verlos?

No. De hecho, nosotros no los vimos tras intentarlo un sábado por la tarde y un domingo por la mañana. La mejor época es la primavera, cuando las osas sacan a las crías, nacidas en plena hibernación en enero, a descubrir el mundo. Y en otoño, cuando los madroños están cargados de fruto y los adultos se afanan por alimentarse y alimentar a las crías para preparar la hibernación.

El plan suele ser apostarse en dos o tres zonas que los guías tienen controladas y mirar siempre a una ladera de enfrente, a una distancia de entre 80 y 500 metros, respetando en todo momento el hábitat de los animales. El área a la que dirigir los prismáticos suele ser una pequeña cueva o alguna pequeña grieta en la cresta de la montaña, siempre en lugares de muy difícil acceso, que es donde las osas construyen las oseras para hibernar y parir. O en cualquier lugar en el que un adulto sin cría pueda haber construido un pequeño encame.   

Pero aunque no se lleguen a ver osos, la excursión merece muchísimo la pena. En nuestro caso vimos gran variedad de buitres, águilas, ciervos y corzos. Y oímos a muy poca distancia un celo, quizás una pelea entre dos machos, por desgracia oculta por un poco de neblina.