¿Bisontes en Asturias?: «El animal que está pintado en Altamira se extinguió y no puede volver»

G. GUITER

ASTURIAS

Un bisonte europeo en parque de Bialowieza (Polonia). Ganaderos andaluces han traído ejemplares para reintroducirlo en España
Un bisonte europeo en parque de Bialowieza (Polonia). Ganaderos andaluces han traído ejemplares para reintroducirlo en España Neil McIntosh

El profesor asturiano Carlos Nores adelanta las tesis del artículo de un grupo de 25 investigadores contra una posible reintroducción de la especie

22 jun 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

¿Bisontes de nuevo, sí o no? Hace varios miles de años, ese enorme hervíboro habitaba en la Península Ibérica. En muchos puntos de la cornisa cantábrica se han documentado registros fósiles y también documentos gráficos: las magníficas pinturas rupestres de Altamira o Tito Bustillo. Pero lo cierto es que ni el paisaje, ni el clima, ni la especie que cazaron y representaron nuestros antepasados eran los mismos que hoy podríamos ver en España.  

«El bisonte que está pintado en Altamira se extinguió y no puede volver, mientras que la especie europea que se le parece nunca llegó a la Península Ibérica. Si tuvo 9.000 años para llegar y no lo hizo, es que no se adaptaría bien». Así lo cree al menos Carlos Nores, investigador del Instituto de Recursos Naturales y Ordenación del Territorio (Indurot) de la Universidad de Oviedo, de acuerdo con otros 25 expertos de diversas ramas y comunidades. Ellos están preparando un escrito colectivo al respecto (en el que Nores actúa como punto de encuentro, más que como coordinador formal) que publicarán «dentro de unos meses», pues es un trabajo coral complejo, en una revista científica internacional.

En ese grupo hay profesores no solo de la Universidad de Oviedo, sino también de las universidades de Málaga, Jaén, Granada, Zaragoza, Extremadura o Girona, así como expertos del Coto de Doñana y de la Sociedad de Ciencias Aranzadi del País Vasco, donde están «los mayores expertos en bisonte estepario, como Pedro Castaño».

La polémica es de largo alcance y surge por la iniciativa de algunos ganaderos de traer a España un bisonte cuyo hábitat natural actual es la zona boscosa entre Polonia y Bielorrusia, con idea de que acabe siendo una especie silvestre. De hecho, ya están pastando con esa intención en una finca particular de Andalucía, alimentados y controlados por el hombre. De momento, la Junta de Andalucía no se opone.

«Pero estamos hablando de una especie muy diferente», explica Nores, que es también profesor de Zoología jubilado de la universidad asturiana. El bisonte importado (bison bonasus) es un animal más pequeño que el de Altamira (bison priscus, también llamado estepario), que se alimenta de forma diferente.

Y ¿cómo lo sabemos? Por la morfología de sus mandíbulas, los zoólogos afirman que el bison priscus que cazaron los habitantes de la cornisa, el que fue autóctono, se alimentaba de grandes cantidades de hierba, gracias a que el paisaje era muy diferente: más parecido a una estepa. «El nivel del mar hace 12.000 años estaba 100 metros más bajo que actualmente, por lo que la franja costera era mucho más amplia», un hábitat más llano ideal para el bisonte estepario. «No les gustaban las montañas», puntualiza.

Este enorme animal ya extinto habría llegado del norte de Europa bordeando el extremo occidental de los Pirineos; se adaptó y vivió confortablemente hasta que el clima no le fue propicio. Su tiempo, simplemente, pasó. Nores explica que «al contrario de lo que ocurrió con el bisonte americano, que llegó casi a extinguirse debido a la caza intensiva, creemos más probable que aquí desapareciera a causa del cambio climático». Menos praderas y por lo tanto menos alimento, más zonas boscosas, más calor…, hacía falta comer muchos kilos al día de esa poco calórica hierba para mantener caliente ese enorme cuerpo.

«Sin embargo, donde vive actualmente el europeo, las condiciones no cambiaron tanto. Y se trata de una especie más pequeña que se alimenta de brotes y hojas, mientras que, para él, el pastoreo es secundario», afirma Carlos Nores. El hábitat al que se quiere introducir en España es, por tanto, muy diferente: si no es en cautividad, le costaría sobrevivir. Y el impacto sobre otras especies estaría también por determinar, aunque ya hay expertos que auguran un mal resultado. «No sabemos qué tipo de consecuencias ambientales podría tener la liberación o asilvestramiento», señala Nores, que añade: «Sin mucha intervención humana, no tiene sentido introducirlos. Es como querer recuperar el urogallo en Canarias».