Pruebas sin acompañante y partos con mascarilla, formas de violencia obstetricia durante la pandemia
ASTURIAS
El grupo local de la asociación El Parto es Nuestro denuncia que la crisis sanitaria del Covid-19 ha supuesto «un retroceso de los derechos de la mujer en el parto»
28 jun 2021 . Actualizado a las 05:00 h.Uno de los momentos más importantes en la vida de una mujer, si no el que más, es el momento del nacimiento de un hijo. El caso es que esa circunstancia tan singular, particular y especial no siempre transcurre como la mujer desearía e, incluso, en ocasiones siente que sus derechos en esa situación no han sido respetados y eso le causa malestar o depresión durante la recuperación. «En muy pocos casos se denuncia y se pone nombre a lo que ha pasado», señala Jael Arias, coordinadora del grupo local de Asturias de la asociación El Parto es Nuestro, colectivo que supone un punto de encuentro y apoyo para mujeres embarazadas o que ya han dado a luz cuenten su experiencia y se puedan sentir acompañadas en sus decisiones relacionadas con la maternidad.
«La sociedad niega que nos pasen cosas que no queríamos en paritorio», señala Jael Arias, que dice que en la mayoría de los casos «ni la familia entiende o valoran» la queja que traslada la mujer cuando «la violencia obstetricia se presenta en muchos formatos y, en ocasiones, de forma muy sutil». «Desde que te obliguen a poner una vía cuando tú te encuentras bien y no la consideras necesaria, hasta que te hagan una episiotomía o una cesárea sin consentimiento», señala la coordinadora del grupo local, que asegura que «la pandemia ha supuesto un retroceso de los derechos de la mujer en el parto» que también pueden ser otra forma de violencia obstetricia.
Jael Arias destaca una situación que se ha repetido en los hospitales asturianos desde que empezara la crisis sanitaria del Covid-19: el hecho de que las mujeres no pudieran acceder acompañadas a las pruebas pertinentes que se les realizan durante el periodo de gestación. «El caso es que después a la consulta privada del mismo ginecólogo que te atiende en el hospital si puede acceder el acompañante», comenta la coordinadora en Asturias de El Parto es Nuestro, que apostilla que «esa restricción de derechos no se ha basado en nada coherente».
Y si esa situación no es entendible para ella, menos lo es que se haya obligado a mujeres a parir con mascarillas. «La ley dice que, si hay un motivo justificado, como puede ser un esfuerzo físico o actividad que impida una correcta oxigenación, se podía quitar. En el caso del parto, es un hecho comprobado que la mujer debe respirar correctamente para que el nivel de oxigenación sea óptimo y no comprometer la oxigenación que a través de la placenta llega al bebé», explica Jael Arias, a lo que suma que «en muchos casos, los hospitales han privado a las mujeres de tener acompañante en el momento del parto».
El retroceso de los derechos de las mujeres que han vivido el embarazo en estos meses de pandemia lo percibe la coordinadora del grupo local de la asociación El Parto es Nuestro en el número de correos que recibe ahora: «si antes recibía un correo cada dos meses, ha habido momentos en los que he recibido uno o dos correos pero a la semana» de mujeres que planteaban preguntas, dudas o que relataban situaciones que les habían sucedido en las consultas ginecológicas o durante el parto con las que no se sentían bien.
Casos graves que no se denuncian
«Hay muchas mujeres a las que les pasan cosas graves que no denuncian», apostilla Jael Arias, que, aunque no tiene datos actualizados de los casos de violencia obstetricia que pueden estar actualmente en el juzgado, sabe que algunos ha habido en estos últimos años. «No es un número elevado, pero hay denuncias por violencia obstetricia», sostiene.
El grupo local de Asturias de la asociación El Parto es Nuestro organiza una vez al mes una reunión que anuncian a través de las redes sociales y la página web. Reunión que ahora organizan de forma virtual pero que sigue siendo un momento de encuentro para que las mujeres embarazadas o que ya han pasado por el parto cuenten su experiencia y trasladen sus impresiones o preocupaciones. «No se juzga a nadie. En la asociación tratamos de acompañar y sostener a esas mujeres que no se sienten comprendidas por la sociedad o por la familia», traslada Arias, que matiza que, aunque la mayoría de las participantes «son usuarias del sistema sanitario, también hay profesionales que sufren su propia violencia por tener que ejercer su profesión de una manera que no comparten». También indica que, aunque mayoritariamente las que se ponen en contacto con el grupo local de El Parto es Nuestro son mujeres, también hay un pequeño porcentaje de hombres que se interesan o realizan consultas.