La reparación de la vitro que terminó en acoso sexual

F. Sotomonte

ASTURIAS

Un hilo viral en Twitter denuncia el envío de una foto de sus genitales de un técnico a una clienta

14 ago 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Una incidencia doméstica, en un área rural de Asturias, que tendría que haberse resuelto como un pequeño episodio de incordio en casa, terminó en un episodio de acoso sexual, con el envío de fotos de los genitales del técnico a la dueña del hogar en un caso que se ha hecho viral en redes sociales tras el relato de la protagonista.

La víctima relató que la historia comenzó al estropeársele la vitrocerámica por lo que llamó al servicio de atención técnica. Al no residir en un área urbana sino en «una zona rural complicada» donde el acceso no es sencillo «me pidió que le enviase la ubicación de mi domicilio a través de WhatsApp para poder llegar». En aquel momento, y siempre según el relato de la autora del hilo en Twitter, ella se encontraba sola en casa y a la hora de efectuar la reparación tampoco sucedió nada fuera de lugar.

El problema comenzó al anochecer de la siguiente jornada cuando, «sobre las 21:00 me envía una fotografía de sus genitales erectos desde el mismo número de teléfono que usó para recibir la ubicación de mi casa»; si bien no se dio cuenta del mensaje hasta la medianoche. Tras este suceso comenzó un torbellino de denuncias que le llevaron a plantear una queja no sólo ante la Policía sino también ante la Agencia de Protección de datos «ya que ese sujeto ha utilizado mi número personal, proporcionado exclusivamente con motivo de una relación laboral puntual para pasarme una fotografía de requerimiento sexual» y también ante las empresas implicadas en la reparación ya que la foto fue enviada desde un dispositivo usado en el trabajo.

Pero el resultado de la queja ante la empresa fue decepcionante, según su relato, ya que el responsable «además de pretender que me reuniese en persona con el ofensor, alegó, quitándole hierro al asunto, que el titánico rinoceronte es medio tonto y que la foto seguramente iba destinada al grupo de WhatsApp de la empresa».

La autora del hilo señaló además que había sufrido el suceso con enorme disgusto: «Llevo días con dolor de cabeza de la rabia e impotencia que estoy sintiendo. Harta de que gente de mi entorno me obligue a justificar si le di pie o no para actuar así, qué les doy, por qué me pasan cosas así a mi, escandalizarse porque he denunciado», toda vez que, además, «ese hijo de puta sabe donde vivo, tiene mi número de teléfono y lo peor, es que estoy segura de que no es la primera vez que hace esto».

El pasado mes de febrero, la fiscal superior del Principado de Asturias, María Esther Fernández, ha advertido en una comparecencia ante el Parlamento asturiano del «alarmante» incremento de los delitos contra la intimidad en los que se hace un «uso inadecuado» de las nuevas tecnologías. En su presentación de la memoria de la Fiscalía correspondiente al año 2019, aludió a la parte «oscura» que conlleva el uso de las tecnologías, que han dado lugar a nuevos tipos delictivos o a una nueva forma de comisión de los delitos comunes. «Este tipo de conductas se multiplican año tras año».