Crónica de la generación engañada: «Les dijeron que hay que estudiar y sólo encontraron precariedad»
ASTURIAS
Lo que se conoce como generación Z y Millenial son los jóvenes con más títulos universitarios y estudios, sin embargo, no encuentran estabilidad en el mercado laboral
24 ene 2022 . Actualizado a las 12:40 h.Esta generación de jóvenes es conocida por muchos términos. A caballo entre la Generación Z y los Millennials, nacidos entre los 90 y los 2000, han crecido bajo el discurso de la meritocracia y se les ha dicho desde pequeños aquello de «estudia para ser alguien en la vida» con las expectativas que esto conlleva. No hace mucho, la Formación Profesional era mirada con desprecio, había quien consideraba que la universidad era el único camino para conseguir ascender socialmente. Pero en los últimos quince años ese discurso ha cambiado drásticamente. Los jóvenes saben que su generación es la primera que vivirá peor que sus padres. Tener un título, un máster y saber idiomas no es garantía de encontrar trabajo estable. Los contratos en prácticas y becas son comunes para los recién graduados los primeros años de encontrar trabajo. Es por eso que España y más concretamente Asturias tiene una de las edades de emancipación más altas de toda Europa. Según el Observatorio de la Emancipación del Conseyu de la Mocedá del Principado de Asturias, el 83% de los asturianos menores de 29 años seguían sin poder emanciparse. Detrás de esta realidad y las consecuencias transversales que provoca, toda una serie de problemas estructurales que afecta a la inserción en el mercado laboral de estos jóvenes titulados que, ante la falta de un empleo estable, no pueden llevar a cabo sus proyectos de vida.
Héctor Lasheras, doctor e investigador de la Universidad de Oviedo, determinó en su tesis doctoral «Estrategias de búsqueda de empleo e incertidumbre laboral en los/as jóvenes universitarios/as: un análisis comparativo estudio la percepción de los jóvenes sobre el futuro» que los jóvenes universitarios tienen una mayor incertidumbre sobre el futuro respecto a el resto de jóvenes. El estudio se llevó a cabo durante cuatro años con una muestra de 580 estudiantes asturianos, y los resultados demostraron que así era. Para Lasheras «el problema del desempleo y empleo precario es algo transversal. En los últimos años se ha integrado como una parte más del sistema, algo normativo y aceptado, generando un discurso en el que es aceptable ser precario por ser joven. Los jóvenes no piden nada que no sea normal ni razonable, una estabilidad que permita elaborar trayectorias vitales».
Para Lasheras, «estamos más bien ante una generación perdida y «des-engañada», que dependerá más de sus padres que de ellos mismos, una generación que dejará de progresar al conjunto de la sociedad, para estabilizarse y tratar de mantenerse. Esto a su vez repercutirá en el «ascensor social» que es la parte más importante que tienen las universidades».
Begoña Cueto, profesora de Economía Aplicada en la Universidad Oviedo, considera que la universidad y los estudios en general siguen dando herramientas y ventajas. «Los procesos de integración al mercado laboral después de la universidad se han alargado, pero esos procesos son más complicados para quien no lo tienen. Aunque es cierto que se han alargado».
Cueto explica que las generaciones que se han incorporado al mercado de trabajo a partir de 2017 han vivido «doce años terribles. Son un segmento mucho más vulnerable de la población». La crisis del 2008 nunca se terminó de superar, se arrastró; y cuando parecía llegar la recuperación apareció la crisis sanitaria, una situación de incertidumbre que complica aún más la adhesión de estos jóvenes al mercado de trabajo. Cueto señala que el mercado laboral está sufriendo una etapa de transformación y que, al igual que no es como hace 20 años, tampoco lo será dentro de 20 como ahora. La capacidad de adaptación ante esta realidad es vital.
Esta es una generación que, en caso de tener trabajo, no le da para realizar un plan de vida. LA VOZ DE ASTURIAS ha preguntado a los representantes de asociaciones y sindicatos sobre la posible soluciones a este realidad y cómo afecta a los jóvenes a sus expectativas de futuro.
Alvaro Granda, presidente del Conseyu de la Mocedá en el Principado de Asturias: «Esta generación somos los grandes olvidados»
El presidente del Conseyu de la Mocedá en el Principado de Asturias, Alvaro Granda, considera que los jóvenes han recibido «un golpe de realidad por todo lo que han estudiado, no acaba teniendo ese reconocimiento en el mercado laboral. Muchos han cumplido con su parte: han cursado carreras, máster y saben idiomas. Al final, aún habiendo cumplido, sigues viviendo en la precariedad. Una generación entera viviendo en la precariedad no es sostenible».
Granda manifiesta que «Se nos vendió un cuento que no se correspondía con la realidad del país y que seguimos comprando». Granda es licenciado en historia, pero nunca ha trabajado en algo relacionado con su titulación. «He trabajado en limpieza, auxiliar de administración… Muchos de mi entorno están en la misma situación». Granda explica que, de su grupo cercano, varios han tenido que emigrar a Madrid para encontrar trabajo en su sector. Para Granda, el dato clarificador de la situación de los jóvenes asturianos titulados en la región es la emigración. «Es una sangría demográfica que es triste pero es verdad que aquí es complicado encontrar empleo estable en el tiempo con condiciones salariales».
El futuro no es esperanzador y para Granda, la solución pasa por tratar los problemas estructurales que afectan a la juventud. «Es necesario un plan transversal que dicte estrategias para la inserción laboral de los jóvenes y así hemos vivido una crisis económica y ahora sufrimos las consecuencias de una crisis sanitaria. Esta generación somos los grandes olvidados».
Esteban Álvarez, Secretario de Juventud de UGT Asturias: «Los universitarios españoles son recibidos con brazos abiertos en el extranjero».
El Secretario de Juventud de UGT Asturias, Esteban Álvarez, considera que hay cierto grado de engaño, «de pequeños, se nos decía que había que ir a la Universidad para tener un buen trabajo y, a la hora de la verdad, muchos jóvenes universitarios no han encontrado más que precariedad en el mercado laboral. Sin mala intención, claro está, pero se tendría que haber orientado a los jóvenes estudiantes de otra manera».
La generación más preparada de la historia no encuentra estabilidad en el mercado laboral, debido a la precariedad a la que se enfrentan nada más salir de los centros educativos. En muchos casos, se ven obligados a emigrar. «En el extranjero no tardan en encontrar trabajo y progresan con cierta facilidad hacia puestos de mayor responsabilidad. La modernización del mercado laboral también tiene que ir por ahí, no sólo hacia el recorte de derechos».
«No puede ser, como comentamos antes, que los jóvenes españoles sean recibidos con los brazos abiertos en el extranjero y aquí no encuentren la manera de obtener un empleo digno. El principal perdedor de esta situación, además de los jóvenes, es el país, que invirtió miles de millones en formación y no se ve recompensado».
Para Álvarez, uno de los principales problemas a los que se enfrentan los jóvenes universitarios es que, más allá de los títulos, «falta de correlación entre el mercado laboral y la Universidad. Sólo hay que ver la cantidad de jóvenes universitarios en paro, con un contrato precario, que terminan incorporándose a la FP en busca de un trabajo de calidad. Universidad y empresas deben trabajar juntos en busca de un punto de encuentro.», afirma Álvarez.
Helena Plaza, de Espacio Joven de Comisiones Obreras: «El problema no es la sobrecualificación, es la precariedad »
Helena Plaza es la representante del área de Espacio Joven de Comisiones Obreras en Asturias. Para Plaza, sí que podríamos definir a esta generación de jóvenes como generación engañada, sin embargo para ella la clave del problema reside en la precariedad del trabajo. «Es la característica fundamental de los empleos y esa es una realidad que no escapa de los más preparados. El problema no es la sobrecualificación, es la precariedad».
La situación que atraviesan los jóvenes preparados en el mercado laboral es «consecuencia política de las reformas laborales» y como resultado de estas políticas son «las condiciones de trabajo y la facilidad en el despido las cuales imposibilitan atrozmente la consecución de un proyecto de vida».
Desde la CCOO Asturias manifiestan que la solución de los problemas estructurales de los jóvenes con el empleo pasan por el reforzamiento de «las organizaciones de defensa colectiva que impulsen la negociación colectiva como palanca para constituir reformas legislativas. Es la manera de equiparar fuerzas en la balanza de poder entre empresas y trabajadores y mejorar las condiciones de los jóvenes».
-Anahí López, Sindicato de Estudiantes de la Universidad de Oviedo: «Los jóvenes confiamos cada vez menos en instituciones y partidos»
Anahí López cursa Pedagogía en la Universidad de Oviedo y es representante del Sindicato de Estudiantes. Considera que su generación es la que está «sufriendo las consecuencias del sistema. Según las estadísticas, un amplio porcentaje de los jóvenes universitarios terminan encontrando trabajo los 5 años posteriores. Sin embargo, los últimos datos del Observatorio de la Emancipación Conseyu de la Mocedá, los jóvenes asturianos son los que más tardan en emanciparse de la casa de sus padres. Los expertos señalan que el problema reside en la tipología del contrato laboral y en las condiciones del mismo, que impide a los jóvenes. La falta de oportunidades en su sector obliga a muchos a terminar en puestos de trabajo para los que están sobrecualificados. Esta es la realidad a la que se enfrenta los jóvenes universitarios son conscientes de ello. «Frustra las expectactivas de tener una vida digna y como consecuencia de esa incertidumbre aparecen los efectos en la salud mental que padecen los jóvenes», López recuerda que el suicidio es la principal causa de muerte entre los menores de 30 años, lo cual esta estrechamente relacionado con la falta de perspectivas de futuro.
«Parece que tenemos que invertir miles y miles de euros en nuestra educación, lo que para nuestras familias supone un doblo esfuerzo, que tenemos que buscar trabajos precarios para cursarla. Después nos encontramos con un mercado laboral y una realidad diferente», López resalta que hasta las carreras en universidades públicas cuestan miles de euros y en muchas de ellas se ha vuelto impescindible realizar un máster posterior, que también supone un esfuerzo económico.
López lamenta que a su generación «se nos está intentando negar todo y por eso los jóvenes confiamos cada vez menos en instituciones y partidos».