Con una altísima cobertura de la vacuna en la población, Asturias necesitaría rebajar drásticamente los contagios
12 feb 2022 . Actualizado a las 05:00 h.Con pequeños altibajos en los balances diarios, la tendencia semanal de los contagios registrados apunta a la consolidación del final de la sexta ola. Por ella se recuperaron medidas como la mascarilla en la calle que ha dejado ahora de ser obligatoria, en Asturias se implantó el pasaporte covid en Navidades, y ahora dejará de ser preceptiva también para los escolares en el recreo, pero ¿cuándo dejará de ser obligatoria la mascarilla en interiores? Francia ya le ha puesto fecha: el 28 de febrero ¿es cercano el momento del final definitivo de todas las restricciones en Asturias?
Para llegar a ese objetivo son necesarios dos grandes requisitos y, por el momento, Asturias ya cumple uno de forma sobrada; una alta tasa de vacunación (que pasa del 80% en el Principado) y un descenso de la incidencia acumulada que a medio plazo podría alcanzarse, pero que hoy, a 14 días, está por encima de 1.700. «Que se tengan una incidencia del orden de entre 30 y 50 contagios por 100.000 personas en unas dos semanas, eso lo que se considera controlado»; destacó el profesor de Epidemiología en la Universidad de Oviedo y director de la Unidad de Investigación en Emergencia y Desastre (UIED); Pedro Arcos que advirtió que, por el momento, la mascarilla en interiores es necesaria porque el contagio es mucho más elevado en espacios cerrados.
Aún así, Arcos apuntó que, si todo evoluciona como hasta ahora, «nos quedan unas cuatro semanas para que la incidencia baje de 100» y si rebajara de forma drástica los contagios «se podrían quitar las restricciones, todas completamente».
Un período similar de mejora de la situación pandémica para Asturias es el que apunta la catedrática de Medicina Preventiva y de Salud Pública, Adonina Tardón quien explicó que «nos quedan dos o tres semanas para que nos encontremos en una situación de valle de contagios y una bajada de las hospitalizaciones». Tardón destacó que con alto grado de vacunación «el nivel de defensa de la población es muy elevado y quizá en marzo podamos prescindir de restricciones pero nos quedará la mascarilla en interiores».
La catedrática insistió en que debe de tenerse en cuenta que la evidencia de mayor contagio en lugares cerrado es muy clara y que, en todo caso, los meses del próximo verano serán mejores que los del año pasado. «Hubo una ola al final del curso pero es que entonces la mayoría de la gente joven estaba sin vacunar, ahora tenemos cubiertos a todos los grupos de población».
A largo plazo
¿Y qué pasará en el futuro con la pandemia? y también ¿hasta qué momento habrá una aceptación social mayoritaria de las restricciones?
Arcos pintó tres escenarios posible en el largo plazo. Uno es terrorífico aunque altamente improbable: «que apareciera una variante nueva que afectara a la eficacia de las vacunas, porque casi volveríamos a la casilla de salida y habría que recuperar muchas restricciones».
El segundo escenario es que el virus se volviera estacional «y en determinados períodos del año crecieran los contagios, la mortalidad y las hospitalizaciones, de manera similar a la gripe». Pero hay una tercera opción que sería que «que el virus se volviera endémico, eso quiere decir que la transmisión es constante pero no aumenta ni disminuye; está ahí circulando con algunas infecciones, no muchas, y sin carga hospitalaria. Creo que es probable que el covid-19 se transforme en un virus como el del resfriado común, un coronavirus es más probable que evolucione hacia un cuadro catarral que a un cuadro gripal».
En parte, según explicó Tardón, el coronavirus se ha 'humanizado' con la variante ómicron ya que «el covid-19 fue muy virulento porque nunca había afectado a humanos, la variante ómicron se combinó con un virus respiratorio para ser más contagiosa». La frecuencia con la que patógenos animales han saltado al ser humano se ha multiplicado por tres en las últimas décadas, según recalcó Arcos, quien indicó que a largo plazo las posibilidades de enfrentarse a retos semejantes se producirán con más frecuencia y, por ello, insistió en que el sistema de vacunación debería ser más abierto para facilitar la cobertura de la mayor población mundial posible cuando aparezca un virus así.
Pero las pandemia tienen muchos más efectos que sólo la enfermedad en sí. Tardón señaló que la Sanidad debería orientar su atención a los pacientes con covid persistente, que empiezan a encontrarse con problemas cardíacos, a la crecida de la incidencia de enfermedades mentales entre los más jóvenes en España.
Arcos llamó la atención sobre el impacto de la denominada fatiga pandémica y el crecimiento del malestar por las restricciones y puso como ejemplo que está sucediendo en Canadá «que tiene el mejor sistema de salud público de América y es país desarrollado con gobiernos que cumplen las más altas tasas de transparencia, pero hay una gran protesta social y aquí deberían mirarlo».