Ania, una niña de Chernóbil, puede dormir otra vez con su hermano Misha

Raúl Molina / Efe

ASTURIAS

Liudmyla Starovoit (i), que hoy a llegado al pueblo de Coya acompañada de su hijo Misha (c) de 4 años, se reencuentra con su su otra hija, Ania Romanenko (d), cuyo padre adoptivo, Rubén Estuñiga, fue a buscarla a Ucrania al inicio del conflicto
Liudmyla Starovoit (i), que hoy a llegado al pueblo de Coya acompañada de su hijo Misha (c) de 4 años, se reencuentra con su su otra hija, Ania Romanenko (d), cuyo padre adoptivo, Rubén Estuñiga, fue a buscarla a Ucrania al inicio del conflicto ELOY ALONSO

La familia asturiana de acogida ha logrado reunir a los pequeños tras la invasión de Ucrania

05 mar 2022 . Actualizado a las 10:40 h.

A sus 14 años, Ania Romanenko, uno de los niños de Chernobil que pasa sus vacaciones acogidos por familias españolas, puede volver a dormir hoy de nuevo junto a su hermano Misha, de 4, al que dejó en Kiev junto al resto de su familia poco antes de la invasión rusa, cuando fue trasladada a Asturias por Rubén, su padre durante los últimos ocho veranos.

Rubén Estuñiga, un policía nacional casado con otra agente del cuerpo, Lorena Escobio, decidió viajar a Kiev, la capital ucraniana donde residían Ania y su familia, desplazados de Chernobil después del accidente nuclear de 1986, para traer a España a la pequeña con visado de turista y con la intención inicial de que, al menos, pudieran permanecer con ellos durante noventa días.

Tras los farragosos trámites burocráticos Rubén y Ania pudieron llegar a Asturias antes de que los tanques rusos entraran en Ucrania. Pero atrás quedaba su madre, Liudmyla Starovoit, su hermano Misha y el padre de este, movilizado para defender el país de la invasión.

Lorena Escobio (d), madre adoptiva española de la ucraniana Ania Romanenko, se abraza emocionada a Liudmyla Starovoit, la madre biológica de Ania, que hoy a llegado al pueblo de Coya acompañada de su hijo Misha de 4 años
Lorena Escobio (d), madre adoptiva española de la ucraniana Ania Romanenko, se abraza emocionada a Liudmyla Starovoit, la madre biológica de Ania, que hoy a llegado al pueblo de Coya acompañada de su hijo Misha de 4 años ELOY ALONSO

Con la colaboración de la ONG Expoacción, que trabaja para facilitar la estancia de 'niños de Chernóbil' en España durante los veranos, Rubén y Lorena contactaron con la madre de Ania para pedirle que intentara abandonar el país lo antes posible.

Junto a una parte de la familia paterna de Misha, la madre de Ania emprendió un viaje en tren y autobús hasta Yaremeche, una ciudad situada al este de Ucrania y próxima a Rumanía, Eslovaquia, Polonia y Hungría, por cuya frontera salieron de su país a pie tras conocer que en los accesos a territorio polaco se formaban ya colas de refugiados de hasta trece kilómetros.

Una parte de la familia optó por dirigirse a Alemania, donde contaban con familiares, mientras Liudmyla y Misha, con la ayuda de Rubén y Lorena desde España, lograban embarcar en un vuelo que anoche les llevó hasta Madrid para acabar su periplo desplazándose a Asturias.

El reencuentro

Los tres miembros de la familia, que anoche se abrazaban y lloraban al reencontrarse en el Aeropuerto de Barajas, han llegado así hoy, «agotados», a la pequeña localidad de Coya, una parroquia del municipio asturiano de Piloña de apenas 350 habitantes, donde los padres adoptivos de Ania pasaban los veranos junto a la joven ucraniana y a su hijo, Mateo.

Liudmyla Starovoit (d), que hoy a llegado al pueblo de Coya acompañada por su hijo Misha de 4 años, se reencuentra con su otra hija Ania Romanenko (c) y con el padre adoptivo de Ania, Rubén Estuñiga (i), Policía Nacional que fue a buscarla a Ucrania al inicio del conflicto
Liudmyla Starovoit (d), que hoy a llegado al pueblo de Coya acompañada por su hijo Misha de 4 años, se reencuentra con su otra hija Ania Romanenko (c) y con el padre adoptivo de Ania, Rubén Estuñiga (i), Policía Nacional que fue a buscarla a Ucrania al inicio del conflicto ELOY ALONSO

Ania ha relatado así a los periodistas el viaje de su madre y su hermano -que, nervioso, jugaba a su lado con una pequeña linterna- tras ser recibidos en la sede de la asociación de vecinos de un pueblo que se ha volcado con ellos y ha puesto a su disposición una de las casas facilitadas por uno de los cuarenta residentes en Coya que ofrecieron recursos para acoger a refugiados.

«Me siento mejor, a salvo y tranquila al estar con gente que conozco. Pero muy preocupada por mi país y por mis padres que siguen viviendo en Chernóbil, una zona ya ocupada por los rusos», ha asegurado Liudmyla en ucraniano, traducida a un perfecto castellano con acento asturiano por Ania.

Junta a ellas, Lorena Escobio pedía la colaboración de la sociedad y de las empresas de transportes para organizar, junto a Expoacción, una pequeña caravana de dos autobuses para trasladar a España a 120 madres con niños que la ONG tiene localizadas en la frontera polaca «en medio del frío» a la espera de ser evacuadas.

Expoacción, con sede en Gijón y que organiza desde hace 16 años el programa de vacaciones de verano para niños de familias procedentes de Chernóbil que tras el accidente fueron trasladadas a una barriada de Kiev, espera además a otras treinta personas de varias familias que se encuentran ya viajando hacia Asturias, ha explicado a Efe el presidente de la organización, Jorge González.

De este programa, que en 2014 se amplió a la zona de Donetsk, han disfrutado desde entonces cada año unos 35 niños de 7 a 18 años acogidos por distintas familias asturianas, las mismas que ahora están dispuestas a ayudar e incluso a acoger en sus casas a sus madres, padres o hermanos.

La ONG, que ha recibido el ofrecimiento de casas por otras personas ajenas al programa vacacional, también se dispone a alquilar varios pisos y mantiene contacto con las administraciones para encontrar más lugares de alojamiento.

Sin embargo, ha pedido González, lo que más necesario ahora es obtener medios de transporte para hacer llegar a las familias, puesto que, en las actuales circunstancias, el coste de movilizar un autobús desde Polonia puede ascender a 10.000 euros.