El Scapino Ballet Rotterdam planta en la primera de abono del Festival de Danza de Oviedo una producción de escasa credibilidad escénica, basada en la mítica película Casablanca
11 mar 2022 . Actualizado a las 18:09 h.Querer llevar a escena, con las bases de un ballet contemporáneo salpicado de danza urbana y etnia, el argumento de la película de Michael Curtiz Casablanca (1942) es, cuando menos, un gran reto. Y este reto (no conseguido) fue el que este pasado martes albergó el Teatro Campoamor como entrante primero del festival de Danza de Oviedo, ahora publicitado como Danza Oviedo (¿?). Esta primera de abono cubrió con simpleza la apertura de una de las citas importantes de la programación de danza en el Principado (pero no lo única, Danza Xixón es referente en contemporáneo). No obstante, y esto debe decirse, hubo cosas más que salvables: paréntesis bailados demasiado escasos en una dramaturgia coreográfica muy poco trabajada.
En principio, uno espera que con un título como Casablanca el ballet, al menos en lo coreográfico, se convierta en un diálogo con el cine; eso por marcar un mínimo punto de partida. Nada de eso hay. Al contrario. La presentación es un aluvión inconexo de trozos de metraje cinematográfico, ensamblados para la danza, en el que los bailarines ni saben, ni pueden (no hay hecho coreográfico ni dramático que lo sustente) con la perfección y la leyenda de la película. Abordan esas incursiones con cierta parafernalia y con un poco de estilismo de gafa de sol al estilo de un país de costa cálida. Pero eso no basta. Artísticamente no basta. Es más bien un spot, siendo antiguos, o una promo siendo modernos.
Dialogar con un clásico y, por lo tanto, un referente mental del espectador requiere de un análisis dramático (muy pensado) para hacer un algo creíble y total del hecho escénico al que se pretende dar desarrollo; análisis que, aquí, y a juzgar por lo expuesto, no está ni ideado ni compuesto. Una concepción de este tipo debe calar y aportar algo, un extra, a lo que se sabe, a lo que es Casablanca; desde el ángulo y punto de vista que se quiera, pero aportar, no quedarse detrás o en un intento. Y esto, cuando se trata de incorporar un imaginario como del de Casablanca, se aprecia en algo muy básico: tarda demasiado en comparecer la danza; y no hace falta decir que lo que estamos viendo es un ballet, y no otra cosa. Y es que la película de Curtiz tiene un guion de hierro, algo que no se puede reordenar sin pauta literaria, porque la resultante no arroja credibilidad. Que es, ante todo, el problema de la coreografía: que no tiene fondo narrativo.
Lo salvable
Pero en una producción escénica de cierta entidad, como es el caso, hay que saber ver bien el vaso, medio lleno y medio vacío. Si es cierto que lo más importante falta, no menos cierto es que lo que no corresponde a la película, es decir, lo que se injerta bailado ?como dice el programa, la idea de huir de la guerra y llegar a una zona segura? sí comparece en la forma de mestizaje bailado elegida, aunque no para hablar de la historia de amor, sino de otras latitudes. Y es ahí cuando de verdad vemos danza, cuando hay buen trabajo coreográfico.
Y esto ocurre encima de un tartán giratorio, situado en medio del escenario, sobre el que se baila la mayoría de la pieza, y que también hace las veces de intercambiador de personas y escenas. Con música bereber, sin firma en el programa (figura «Músicas del mundo»), se alza glorioso un tramo de la obra que está más que bien. Es el momento en que todo el elenco, agrupado en dos filas, aborda a modo de sincronicity, y en sentido alterno, la reiteración de un único paso franco de free-jazz que encaja a la perfección con la música en el momento expuesto.
Las filas evolucionan a ritmo, se desligan o se fajan para formar masa, elipse o diagonal; y mecen la escena de algo en apariencia simple que, sin embargo, llegado a ese punto en la evolución de la obra, lleva la representación a momentos de franca pureza por su sencillez y contemporaneidad, parecidas esencias coreográficas a lo Sharon Eyal. Es un momento que se expande, pero que engarza muy bien con ese sentido de latitud, de unión en la frontera. Y no hay que olvidarse de lo mejor de todo: la edición técnica del montaje de audio y música.
Ficha técnica
Casablanca (2021)
Scapino Ballet Rotterdam
Coreografía: Ed Wubbe
Música: Banda sonora original de la película Casablanca, música del mundo (Marruecos), música bereber.
Sonido: Ed Wubbe, Joep van der Velden
Luces: Xavier Spruit Bleeker, Ed Wubbe
Elenco: Anna Casasola Fontseca, Bonnie Doets, Daphne van Dooren, Ellen Landa, Jozefien Debaillie, Sana Sasaki, Efthimis Tsimageorgis, Filip Wagrodzki, Lennart Cimarelli, Martijn van Mierlo, Nico Amenduni, Ruoche Wang.
Teatro Campoamor, 9 de marzo. Oviedo, 2022