Insalubridad, hacinamiento y poca agua: así era la dura travesía de los indianos asturianos

G. GUITER

ASTURIAS

Emigrantes desembarcando en el puerto de Montevideo. Uruguay y Argentina fueron, junto a Cuba y México, destino de muchos asturianos desde el siglo XIX
Emigrantes desembarcando en el puerto de Montevideo. Uruguay y Argentina fueron, junto a Cuba y México, destino de muchos asturianos desde el siglo XIX

Un billete que suponía una fortuna para los viajeros y, en algunos casos, solo les daba derecho a un agotador viaje de un mes

27 mar 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Emigrar en el momento de mayor auge indiano no era una aventura fácil. Algunos de los miles de asturianos que se fueron lo lograron, medraron y volvieron ricos; otros simplemente sobrevivieron al otro lado del océano. Pero está claro es que el precio que pagaban era muy alto en todos los sentidos: no solo abandonaban su familia y su entorno, también invertían una cantidad de dinero muy importante y afrontaban un viaje largo y dificultoso.

En el año 1921 se anunciaba en la publicación El Carbayón el barco Reina María Cristina, que salía del puerto del Musel el 30 de enero para «viajes rápidos desde Gijón a Habana y Veracruz». El precio que se anunciaba, en 3ª ordinaria, era de 478,25 pesetas para Habana y 490,25 para Veracruz. Una cifra muy considerable para la época. Para hacernos una idea, un buen par de zapatos artesanos costaba en esos años en torno a 25 pesetas; un litro de leche, 70 céntimos, un kilo de patatas, 25 céntimos o un litro de aceite, 1,5 pesetas.

Grabado del vapor transatlántico Reina María Cristina en el año 1893, que transportaba emigrantes a Cuba y México desde Gijón
Grabado del vapor transatlántico Reina María Cristina en el año 1893, que transportaba emigrantes a Cuba y México desde Gijón

De modo que un pasaje modesto para Cuba podía suponer el coste de alimentar a una familia durante mucho tiempo. Incluso en la clase «emigrante», por debajo de 3ª ordinaria, con una travesía en condiciones a menudo muy penosas, el precio era alto. Hay numerosos testimonios de migrantes que tenían que vender sus propiedades para poder cruzar el Atlántico y empezar una nueva vida.