«A mi abuelo le pegaron dos tiros y estuvo dos días tirado en una cuneta»

Carmen Liedo REDACCIÓN

ASTURIAS

De izquierda a derecha, Maximino Rodríguez «Chimo», Javier Fernández, Joaquín Fernández, junto con los concejales Pamela Álvarez y Sergio Gutiérrez y otro familiar de Joaquín Fernández en la presentación del homenaje en el Ayuntamiento de Langreo.
De izquierda a derecha, Maximino Rodríguez «Chimo», Javier Fernández, Joaquín Fernández, junto con los concejales Pamela Álvarez y Sergio Gutiérrez y otro familiar de Joaquín Fernández en la presentación del homenaje en el Ayuntamiento de Langreo.

Cuatro víctimas de la represión franquista serán homenajeadas el próximo domingo en el pueblo de Santo Emiliano, entre Langreo y Mieres, con la inauguración de un monolito que se ubicará en el lugar donde permanecen los restos de dos de ellas

25 mar 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Han pasado más de 80 años desde que Vicente Rodríguez, Cecilio González, Amada Zapico y Pilar Terente fueron asesinados en el alto de Santo Emiliano (entre Langreo y Mieres) víctimas de la represión franquista. Pese al paso del tiempo, los familiares de estos cuatro vecinos del cercano pueblo de La Teyera no olvidan sus historias ni «la terrible injusticia» que se cometió con ellos, y por eso y «para que no ocurra más», el próximo domingo les homenajearán con la inauguración de un monolito en el lugar en el que se les dio muerte en los años 1937 y 1938.

Maximino Rodríguez Chimo, nieto de Vicente Rodríguez, tiene muy presente todo lo que le ha contado su padre y otros familiares sobre la muerte de su abuelo y de Cecilio González en 1937: «A ellos los bajaron caminando tres kilómetros desde La Teyera, y en Santo Emiliano les pegaron dos tiros y los dejaron allí tirados. Estuvieron dos días en una cuneta», relata Chimo apesadumbrado porque hayan pasado más de ocho décadas hasta llegar a este reconocimiento, un homenaje «bien merecido» que ya estaba previsto hace dos años y que la pandemia ha retrasado.

Para Chimo, el acto del domingo será también una forma de honrar la memoria de otros integrantes de su familia que sufrieron la represión, ya que si su abuelo fue fusilado, a su abuela «la mataron a palos en casa», sus tíos también fueron perseguidos y sus padres estuvieron encarcelados. «Lo único que hicieron fue luchar por los principios democráticos y negarse a pensar como los represores franquistas», manifiesta Maximino Rodríguez.

«En aquella época cundía el miedo, y por eso mi abuelo estuvo dos días tirado en una cuneta. Sus familias no se atrevían a ir por ellos, hasta que una noche los fueron a recoger y a lomos de caballo los llevaron hasta el cementerio civil de Ciaño», explica Chimo, que recuerda que en el entorno del pueblo de La Teyera «fueron 15 las personas que mataron».

Una de ellas fue Pilar Terente, la abuela de Joaquín Fernández. A ella y a su amiga Amada las asesinaron un día de 1938 y sus cuerpos nunca han podido ser recuperados. Según cuenta Joaquín, a ellas las apresaron por ayudar a los enlaces y a los guerrilleros que estaban escondidos por los montes de la zona.

«A mi tío lo reclamaron para el ejército de Franco y como se negó, se tiró al monte con los guerrilleros. Mi abuela daba de comer a los enlaces en el sótano del bar y controlaba si venía alguien. Entonces ellos escapaban por una salida al monte que tenía el sótano», cuenta el nieto de Pilar Terente, una mujer que sufrió mucha represión, según narra Joaquín, porque «antes de apresarla le quemaron la casa cuando los seis hijos estaban dentro, por lo que se quedaron sin casa».

A Joaquín también le contó su padre cómo fue el momento en que fueron a buscar a su abuela y se la llevaron junto a Amada camino de la mina que había en La Teyera. «Mi padre tenía 7 años y cuando se la llevaban se agarró a su mandil. Le dieron un culatazo con el arma y lo dejaron tirado en el camino. A ellas les dieron golpes e intentaron violarlas… Las mataron a palos», detalla Joaquín Fernández, que añade que ellas quedaron «tiradas» en la falla de la mina de El Fondón y nunca se pudo recuperar sus cuerpos.

«Cuando abrieron la mina a cielo abierto de La Matona excavaron y a 200 metros encontraron huesos, pero dijeron que eran de perro y nunca los analizaron», comenta con pesar Joaquín consciente de que después de la actividad minera que hubo en la zona, encontrar los resto de Pilar y Amada es imposible.

«El homenaje es lo que nos queda, porque la memoria no se puede perder para que algo así no vuelva a suceder», señala el nieto de Joaquín Fernández, a quien le gustaría que un Gobierno de España permitiera juzgar los asesinatos que se cometieron durante la dictadura franquista. Así, coincide con Chimo en que, aunque el monolito que se inaugure el domingo sea en nombre de Vicente, Cecilio, Amada y Pilar, sirva de reconocimiento «a todos los represaliados de los pueblos de alrededor».

Javier Fernández, organizador del homenaje y autor del monolito que se destapará en Santo Emiliano el próximo domingo, explica también que el acto servirá para poner de relieve la figura de Quilino el de Polio, verdadero impulsor del reconocimiento que falleció en mayo de 2020 sin cumplir su deseo de destacar con un monolito los nombres de estas víctimas de la represión franquista. «Quilino también se merece un homenaje por todo lo que hizo», apunta Maximino Rodríguez Chimo, que lamenta que «si no eres familiar, nadie da la importancia que pueden tener estos actos».

Al homenaje e inauguración del monolito que tendrá lugar el próximo domingo en Santo Emiliano a las doce del mediodía está previsto que asistan numerosas personas, familiares de Pilar, Amada, Cecilio y Vicente y también de otros asesinados en el entorno de los pueblos de La Teyera y El Cabu. Para facilitar el acceso, el Consistorio de Mieres ha fletado un autobús que saldrá a las 11.00 horas de la Plaza del Ayuntamiento.