Amaya, de nuevo en el Camino por su perra Kyla: «El duelo por un animal es natural; yo no la perdí, la integré»

María Guntín
María Guntín LUGO / LA VOZ

ASTURIAS

Amaya, a su paso por la ciudad amurallada, camino de la Praza do Obradoiro
Amaya, a su paso por la ciudad amurallada, camino de la Praza do Obradoiro ALBERTO LÓPEZ

La asturiana, que ya hizo el recorrido el año pasado con las cenizas de su amiga a cuestas, empezará en septiembre la carrera de Psicología y Tanatología para ayudar a personas que atraviesan situaciones similares

07 jun 2022 . Actualizado a las 22:05 h.

La historia de la asturiana Amaya Ferrer González y de su perra Kyla dio la vuelta al mundo hace nueve meses. Entonces, esta mujer hizo el Camino de Santiago con las cenizas a cuestas de su compañera, para naturalizar así el duelo tras su muerte. ‘Caminar para sanar’ era su enseña. Pero la experiencia del año pasado la marcó tan profundamente que Amaya está ahora decidida a cambiar de profesión: «Me voy a matricular en Psicología y Tanatología, empiezo en septiembre el curso», explica la asturiana, que acaba de completar la etapa del Camino que desemboca en la ciudad amurallada.

Kyla y Amaya fueron felices juntas 15 años. Entre ellas se entendían y es que, como bien decía la asturiana, «ella me enseñó a amar». Como agradecimiento y sanación, decidió empezar el Camino de Invierno el pasado 30 de mayo, justo el día del «cumpleluz» de Kyla, al cumplirse un año de su marcha. Con sus camisetas personalizadas y cargada de pegatinas con lemas como «no te pierdo, te integro», que va repartiendo a su paso, Amaya decidió cambiarse al Camino Primitivo, y en los próximos días llegará a la Praza do Obradoiro para seguir luego hasta Muxía, y es que esparció las cenizas de su amiga en la Costa da morte. Y es que el homenaje del año pasado se transformó en una reivindicación. «Me estoy encontrando una gente increíble, que me cuenta que sigue llorando por sus animales muchos años después de que se hayan ido», explica la mujer.

«Me voy a matricular en Psicología y Tanatología, empiezo en septiembre el curso»

«Ahora solo pienso en ayudar. El duelo por un animal es un proceso natural, ya que si no fuese así no habría millones de personas llevándolo en silencio. No somos personas que sintamos apego por nuestros compañeros; sentimos es amor, y por eso en estos casos los psicólogos también deben estar formados para tratarlo desde esta perspectiva. Esta realidad necesita luz y ser visible. Por eso estoy caminando, porque el duelo es complejo y está estigmatizado por la sociedad, que piensa que exageramos. Eso hace más difícil canalizar el dolor y, por tanto, sanarlo», confiesa Amaya.