El infierno de Leceñes: una búsqueda habitación por habitación entre el humo

ASTURIAS

incendio registrado esta madrugada en una residencia de ancianos ubicada en la localidad de Valdesoto
incendio registrado esta madrugada en una residencia de ancianos ubicada en la localidad de Valdesoto Paco Paredes | EFE

Eloy García Prado, uno de los vecinos que acudieron a ayudar a los ancianos de la residencia geriátrica de Valdesoto describe la dura evacuación del edificio invadido por el humo

14 sep 2023 . Actualizado a las 05:00 h.

Eloy García Prado vive justo enfrente de la residencia geriátrica de Leceñes, en Valdesoto, y fue testigo de primera mano del trágico incendio ocurrido la noche del pasado lunes. No solo testigo sino también también partícipe de las labores de evacuación de las cerca de 40 personas que se hallaban en el ala del edificio afectada por el humo. El incendio se saldó con una mujer fallecida y cerca de treinta heridos por inhalación de humo. Pero, según asegura, «pudo haber sido mucho peor; cuando llegamos estaban casi todos dormidos, y casi ninguno sabía lo que estaba pasando».

Él estaba en casa cuando oyó que una mujer gritaba en uno de los balcones de la casona antigua, donde se había producido el incendio, pidiendo socorro. En seguida, se acercó allí y vio que se habían desplazado ya agentes de la Guardia Civil y de los bomberos, que fueron incorporando unidades a medida que pasaba el tiempo. Trataron de calmar a la mujer diciéndole que no corría peligro. Y era cierto. El problema principal del incendio no fue el fuego sino el humo. Ella estaba en el balcón, con lo que no podía verse afectada.

El fuego se había iniciado, por razones que aún se desconocen, en una habitación, cuya ocupante resultó fallecida. La intervención de los bomberos evitó que las llamas se extendieran más allá de esa estancia. Pero el humo ya se había adueñado de buena parte del edificio.

Entonces, Eloy García se dispuso a ayudar. A la habitación en la que se había producido el fuego no podían acceder, pero sí a otras muchas donde había residentes. «Lo peor era el humo, que ocupó todas las escaleras; entramos agachados por debajo», relata. Era un humo extremadamente tóxico, y exponerse a él podía resultar muy peligroso. Entraron habitación por habitación para sacar de ellas a los residentes. Les daban una toalla húmeda para protegerlos del humo y, posteriormente, los sacaban bien en brazos bien en silla de ruedas. La mayoría, cuando fueron a llamarlos, se encontraban perdidos. No eran conscientes de lo que estaba pasando. Algunos quedaban en la parte libre de humo y otros en el jardín. Los cerca de treinta que sufrieron daños por la inhalación del humo fueron trasladados al hospital. El resto, unas quince personas que habían resultado ilesas, se quedaron en la cafetería.

Hasta que llegaron los vecinos para ayudar, había dos auxiliares intentando hacer frente al siniestro, y las dos sufrieron intoxicación por inhalación de humo. Una de ellas tuvo que ser hospitalizada. Eloy y el resto de vecinos estuvieron hasta las cuatro de la madrugada prestando ayuda, pendientes de los mayores, hasta que llegó más personal de la residencia y ya pudieron retirarse a sus casas.

Echando la vista atrás Eloy García cree que, dentro de la tragedia, el siniestro fue mucho menos dañino de lo que pudo haber sido si se hubiesen dado otras condiciones. Sin la intervención de los servicios de emergencias y sin la buena disposición y la rapidez en las labores de evacuación de vecinos como él el número de víctimas podría haber sido mayor. La rapidez en la evacuación resultó crucial. Si hubiera pasado más tiempo, el humo habría invadido todas las habitaciones de arriba abajo y la ayuda seguramente hubiera sido mucho más difícil de emprender.

El humo invadió solo una parte de la residencia. Hubo un ala entera que se libró de los daños, y los residentes solo fueron retirados a zonas seguras para garantizar su integridad. Ahora, solo queda esperar que se recuperen las personas heridas —tres de ellas se encuentran en estado grave— y que regrese cuanto antes la normalidad.